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EL DELIRIO DE LOS DISCURSOS DESTIÑE LAS ESPERANZAS |
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En el mare mágnum electoral las promesas electorales cada vez son más delirantes en todas las candidaturas. Se repite que después del veinte de abril, día de las elecciones generales, se produciría por ósmosis celestial cambios esenciales. Entre las promesas repetidas por todas las candidaturas es el corte abrupto de la migración paraguaya al exterior, sobretodo a España e inclusive regresarían, como un milagro bíblico, todas las gentes migradas, en un país que tradicionalmente, desde la colonia, expulsa población. Que ningún compatriota más moriría de fiebre amarilla, lo sostiene a tambor batiente, Federico Franco, candidato a vice-presidente, y lo citamos a él, porque es médico de profesión, y debe saber que lo que dice es una mentira electoral. Que la eliminación de la fiebre amarilla no es acto mágico sino un proceso en donde la vacunación masiva, (la existencia de vacuna en el país depende de la existencia de vacunas a nivel mundial) es solamente una pequeña parte y que la participación ciudadana depende del grado de concienciación de la población y del grado de educación de la misma, es decir es un problema complejo sin soluciones mágicas. En una campaña electoral se pudiera cuestionar la política del Ministerio de Salud, se puede criticar y calificar la pérdida de un millón de vacunas, se puede atacar la falta de una política general y específica ante el problema pero de ahí asegurar que por solo hecho de un cambio presidencial va a cambiar todo, es mentir, cuando los ejes esenciales del país no están expuestas en los discursos de los candidatos.
El primer problema acuciante del Paraguay es su propia ubicación geográfica y de eso nadie habla. Atrapado en el medio del continente, atenazado por dos poderosos vecinos que tienen costas marítimas. ¿Cuál sería la política de estado para contrarrestar la mediterraneidad? Y conste que es un problema de siempre y sin embargo nadie menciona este hecho y menos aún hablan de una política coherente, concatenada y eficaz para paliar y transformar el obstáculo en oportunidad. Algunas candidaturas hablan de crear rutas otras hablan de crear aeropuertos o la crear un sistema ferrocarrilero pero ninguna de las candidaturas se refieren a esas propuestas dentro de una globalidad. Ni siquiera percibieron los candidatos que el Paraguay de cara al siglo XXI y a al bicentenario de su existencia es un país de encrucijadas, que todos los caminos convergen hacia él y se entrecruzan en él, en un momento donde el paradigma dominante es la globalización y la integración en grandes bloques de países. La mediterraneidad que fue, en el pasado, su mayor debilidad se convierte hoy en una gran fortaleza para lograr el desarrollo. El Paraguay en las actuales circunstancias en un país bisagra y ello le posibilitaría tener ventajas comparativas excelentes, metido en el medio de dos grandes océanos, sin grandes desventajas geográficas que dificulten instalación de ferrocarriles, aeropuertos, etc.
El gran desafío paraguayo está justamente de cómo constituirse en bisagra real. Se debe encarar necesariamente como política estructural de Estado la construcción o fortalecimiento de aeropuertos, en momentos que el aeropuerto de San Pablo esta en crisis. Hay que aprovechar ahora o será nunca. Construir las rutas necesarias que nos comuniquen fácilmente en los cuatro puntos cardinales y definidos hacia los dos océanos. Instalación de trenes eléctricos, de gran velocidad, convertir al Río Paraguay en un río navegable todo el tiempo, inclusive en tiempo de sequía. Es decir debe ser un plan maestro articulados con otros planes como para que tenga el impacto necesario, por ejemplo, construir una diplomacia activa y capaz, utilizando para ello lo mejor intelectualidad, capaz de ofrecer una imagen diferente del país, todo debe enfocarse en la perspectiva de romper el cerco de la mediterraneidad y hacer eficaz nuestro contacto con el mundo.
Nadie habla de una política del agua, en tiempos en que el agua se va convirtiendo en un elemento fundamental para el desarrollo. Lo que fue el petróleo en el siglo XX, es ahora el agua y el Paraguay es un país rico en ese elemento. Pero no nadie habla de su protección ni una política de explotación. Todo se deja al azar y se quiere realizar el sueño de Herminio Cáceres, el país de maravillas sin pensar en las herramientas para construir el paraíso, que nos pintan.
Nadie habla de una política energética. Todos mencionan la injusta relación con nuestros vecinos en el uso y el pago de la energía proveniente de nuestras hidroeléctricas pero nadie presenta un plan del uso nacional de esas producciones energéticas. Seguimos importando petróleo y gas sin hacer uso de la energía nuestra. Nadie piensa en los transportadores de esa energía hacia todo el territorio paraguayo y de como el Paraguay puede convertirse en un sitio de ventajas comparativas para atraer capitales en producción de punta. Es decir se necesita discutir un plan global de energía que englobe todo desde el biodiesel hasta la energía solar o la energía atómica pasando por la hidroeléctrica, todos articulados a la idea del desarrollo y el mejoramiento de vida de la población.
Nadie piensa en estos temas básicos y se emborrachan con su propio discurso de soluciones alucinadas y mágicas. Las desmedidas promesas electorales sin que exista una explicación de como remediar los problemas de corrupción y de mafia, garantizar el desarrollo local como forma de salirse de la profunda crisis económica y social en la que está envuelta y el de aprovechar las ventajas comparativas que le brinda la coyuntura histórica actual solo hace alimentar la esperanza con fines electorales para desvanecerla después, pasadas las elecciones.
Asunción, 5 de marzo de 2008.
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