UN ELECTORADO ESQUIVO Y SINUOSO DESDIBUJA LA CERTEZA DEL PAISAJE POLÍTICO


Víctor-Jacinto Flecha
 

 

                                                              

 

 

Las tres principales candidaturas se enfrentan a un mundo electoral ancho y ajeno, en donde la percepción de resultados de las elecciones presidenciales del 20 de abril próximo es, en esencia, neblinosa y de escasa percepción certera. Ni la más pintada pitonisa o el más certero encuestador (tan parecido últimamente a las prueberas de barrio, que cuenta cuentos de acuerdo a la cara del cliente), pueden asegurar nada. Sola la noche estrellada describe la soledad del dato.

 

En la perspectiva electoral paraguaya esta es la primera vez que la misma trae consigo novedad nunca vista anteriormente dentro de la tradición política paraguaya. Nunca hasta ahora una mujer se presentó como candidata a la presidencia de la República, cargo coptado en forma permanente por los varones. Tampoco, nunca hasta ahora, en este país católico, un obispo se animó a presentarse en política, auque existió en el pasado candidatos laicos apoyados por la iglesia, con grandes derrotas. El pueblo paraguayo había diferenciado muy bien siempre el reino religioso de lo laico. Pero en fin, las cosas cambian y ahora tenemos a un obispo aspirando a un cargo que siempre fue de un seglar. Se le añade a estas novedades,  un militar pero de  militares estamos llenos en la historia política paraguaya y no existen recuerdos gratos de ellos.

 

Al pesar de lo neblinoso del paisaje político, pareciera que uno pudiera apuntar a determinados sectores a fin a cada candidatura. La del militar  Lino Oviedo pareciera, por una observación práctica que su base electoral estaría ubicada en el grupo social  de los marginales, sector más pobre en todo sentido y sobretodo sin ninguna estructura productiva que lo aglutine, se caracteriza por la gran primitividad cultural, que sobrevive dentro de un sistema de “acopio” de lo que sea y en política viven de la prebenda momentánea. En este sector, algunos avivados operadores políticos “para sí mismos”  organizan a miembros del grupo, para escalar acopios mayores en el mundo político para lo cual, el operador comando una afiliación masiva a todos los partidos políticos existentes, para luego comerciar con los distintos sectores de cada uno de ellos, cuando arrecia sus internas. Claro que esto tiene su precio y nos es poco, sobretodo en las horas finales del día de los comicios internos de cada partido. Quien paga más tendrán esos votos. Este sector, por ser el más atrasado, se fanatizan de manera sobremanera, como en el caso de Oviedo actualmente, pero pudiera cambiar absolutamente de opinión si de pronto apareciera otro candidato que le diera más beneficio. Es cierto que Oviedo dispone de una enorme fortuna personal proveniente de negocios obtenidos bajo los faldones del Estado, cuando éste ejercía la Comandancia del Ejército, pero ello no le garantiza que pudiera dar más dividendos a sus adherentes.

 

El obispo Fernando Lugo, candidato de un conglomerado de partidos y movimientos sociales, y la candidata del histórico partido colorado, Blanca Ovelar, disputan el mismo escenario,  una gama de sectores sociales  estructurados bajo la óptica del estado o por lo menos no marginales. Aún cuando algunas organizaciones sociales que apoyan a Lugo tienen sus base en poblaciones de ocupaciones de predios urbanos y rurales. Este territorio social disputado entre Blanca y Lugo presentan problemas de las anteriores internas partidarias en la mayoría de los partidos y organizaciones sociales. En todos los partidos y movimientos se han presentado denuncias de fraude electoral y cada uno de los perdedores ha asumido que han sido violentados y saqueados en sus votos. El fanatismo impreso en cada uno de los movimientos internos esta gestando el resto, que conlleva a brazos caídos, en el mejor de los casos, o a enfrentamientos muy duros que peligran la participación de ese sector en las elecciones generales.

 

En el caso de Blanca Ovelar del Partido Colorado llama la atención la actitud  de la corriente interna liderada por Luis Castiglioni, derrotado por pocos votos en las internas coloradas, quien sigue sosteniendo que no votará por Blanca, instando de esa forma a que sus partidarios no voten por la candidata oficial del Partido Colorado. Peligroso juego de estos colorados. Las internas, en el partido colorado, históricamente fueron muy duras las contiendas, pero a la hora de las nacionales todas las partes se unían a su mismidad que era el partido, por lo que ha asegurado su permanencia en el gobierno durante todo el proceso democrático. Ahora, el sector castiglionista alimenta demandas muy pretenciosas para la unidad casi en una perspectiva de humillar al ganador. Ningún ganador cede tanto y la soga puede romperse. Es posible que falle la unidad, pero en ese caso, si perdiera el partido colorado, el sector castiglionista caerá junto con él. Y después…recuperar el poder va ser casi imposible. Y si a pesar de esta obstrucción triunfa Blanca Ovelar, a Luis Castiglioni le llegará la hora de la soledad y tendrá que escribir versos para consolarse, pues esa es la historia del Partido Colorado, para muestras bastan las figuras de dos grandes líderes históricos del mismo, que cuando fueron derrotados ya nunca volvieron a ser nada dentro de la organización partidaria como  Natalicio González, muerto y olvidado en México, o Epifanio Méndez Fleitas, exiliado y muerto sin que en el pueblo colorado tuviera efecto.  

 

El partido mayoritario que apoya a Lugo es el Partido Liberal Radical Auténtico, quien también, al igual que el partido colorado, tuvo unas internas muy bravas y denunciadas, con pruebas, que fueron fraudulentas, donde votaron hasta los muertos y los ausentes del país. Las diferencias de votos fueron mínimas y los perdedores aseguran que la victoria obedeció a esos votos fraudulentos. Aquí no se da grandes declaraciones y que no votaran por el candidato del Partido sino una lánguida y casi inexistente movilización por los votos del sector perdedor. Sin los votos del partido liberal, Lugo pierde las elecciones a no ser que realmente movilice a los sin partidos y los sectores sociales como para salir airosos en los comicios.     

 

 Arenas movedizas sobre cinc caliente caracterizó mi buena amiga Line Bareiro a este tiempo. Más lucidez que eso no se pudiera pedir. Los esquivos votantes atrapados en esa lógica emergen y sumergen sin que se pueda definir en que camino están. La certeza está ausente.

 

               

Asunción, 28 de febrero de 2008.

 

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