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Un análisis sucinto de la amenaza que se cierne sobre las
universidades.
Bueno sería que a quienes les parezca bien su contenido lo hagan
circular al máximo posible con el fin de fortalecer la resistencia a
la mal llamada 'reforma constitucional', ese engendro continuista el
socialismo salvaje que pretenden imponerle al país en nombre dizque de
la 'revolución'.
Uno de los fines, inobjetablemente totalitario, que persigue
Yo-El-Supremo es liquidar la autonomía universitaria. Varias veces se ha
referido al tema. Según él, la autonomía universitaria es incompatible
con "el socialismo del siglo XXI". Eso de elección directa de
autoridades rectorales y de libertad de cátedra no va con su idea de
sociedad, donde el Estado, es decir, el propio Supremo, designaría las
autoridades de las universidades públicas autónomas y establecería el
contenido de las materias que deben enseñar los profesores y aprender
los alumnos. El mismísimo modelo soviético, tropicalizado en el Caribe
por el régimen cubano. Los movimientos estudiantiles, así como los
gremios profesorales, independientes del Estado, del gobierno y del
partido, son impensables en el "socialismo del siglo XXI".
El Estado totalitario aspira al control total de la sociedad. La
diferencia entre una dictadura pura y simple, a la latinoamericana, y
una dictadura totalitaria reside precisamente en que esta última copa
todos los espacios sociales, pretendiendo ejercer, incluso, no sólo el
control material de éstos sino también el control sobre el
pensamiento.
Nada más importante para alcanzar ese propósito que tomar el control
ideológico de la escuela, del liceo y de la universidad.
Todos los regímenes totalitarios que han existido y existen aún, de
derecha y de izquierda, fascistas y comunistas, han colocado el control
del ámbito educativo como un objetivo prioritario.
Para Yo-El-Supremo también lo es. Sólo que hasta ahora, frente a las
universidades, se ha manejado con la cautela que le aconseja la
prudencia de no tocarle la cola a perro que no conoce. Pero ya cree
llegado el momento del zarpazo. La vía que ha encontrado es la de la
reforma constitucional, a través del articulado que dejó deliberadamente
en el tintero para que cargaran con aquél la señora Flores y sus
conmilitones del ala talibánica. Es una vía relancina. El aplique para
las universidades públicas autónomas es el de la elección de sus
autoridades por los profesores, estudiantes, empleados y obreros de
ellas, todos con un mismo peso en su voto.
No se trata, como señalaba alguien, de que de todos modos el chavismo
perdería las elecciones en las universidades.
Ese no es el punto. Tal vez sea así, pero la cuestión de fondo es la
destrucción del concepto de universidad que el planteamiento entraña.
El profesorado constituye la columna vertebral de la universidad, el
cuerpo que le da permanencia y sustentabilidad en el tiempo; los
estudiantes son el otro polo de esa comunidad de pensamiento, pero su
estadía es temporal; su voto, que es necesario, no puede tener sin
embargo, el mismo peso que el de los profesores.
Debe ser una proporción determinada del de éstos.
Hasta ahí. Incluir a empleados y obreros en la elección de
autoridades no es democratización, como arguyen algunos, sino la más
burda, la más grotesca demagogia, que desnaturaliza el concepto de
comunidad de saber, de investigación y humanismo que es la universidad.
La autonomía es una parte del problema. Pero, lo que realmente está en
juego ahora es la idea misma de universidad.
Venezuela,
18 de Octubre de 2007
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