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 LANACION.com | Opinión | Jueves 6 de diciembre de 2007
El Ejército Argentino, cuyas
unidades recuerdan con sus nombres a soldados eminentes que lucharon por
la libertad argentina y americana o efectuaron sustanciales aportes al
país, ha denominado Mariscal Francisco Solano López al Grupo de
Artillería Blindada 2, de Rosario Tala, Entre Ríos. Es decir, ha
reconocido de ese modo, el 14 de septiembre último, presuntos méritos
extraordinarios a quien, como mandatario de Paraguay, dispuso, en 1865,
la invasión del territorio argentino, provocó enormes daños, muertes de
inocentes y el cautiverio de mujeres correntinas que soportaron crueles
sufrimientos por su orden, obligando a una reacción militar que costó
ingentes sacrificios al país.
La Argentina, posteriormente aliada con Brasil y Uruguay -ya en lucha
contra López-, libró una sangrienta contienda de cinco años y se vio
obligada a enfrentarse con un ejército heroico como el paraguayo, que
soportó, como el resto de aquel pueblo, las increíbles vejaciones del
dictador, que, con vesania, llegó a ordenar la muerte de sus propios
hermanos.
No es de extrañar que se haya adoptado tan absurda determinación que
pone una vez más en evidencia hasta qué punto se ignora maliciosamente
la historia cuando la propia presidenta electa, Cristina Fernández de
Kirchner, ha señalado hace unos días a López como "ese gran patriota,
humillado por lo que yo llamo la alianza de la triple traición a
Latinoamérica, a sus hombres y a sus mujeres". Lo grave es que, al
expresarse de ese modo, con tono de arenga, afirmó que hablaba en nombre
de todo el pueblo argentino.
La denominación de Mariscal Francisco Solano López a una unidad militar
de un país cuya bandera el dictador pisoteó es tan absurda como
inadmisible sería que Francia o Polonia llamasen Adolf Hitler a uno de
sus regimientos.
Discursos como los de la señora Kirchner o decisiones como la del
Ejército no contribuyen a sedimentar las buenas relaciones entre pueblos
hermanos, pues al traer al presente dramáticos desencuentros del pasado
no hacen sino exacerbar las pasiones y perturbar los sepulcros de los
protagonistas de remotos conflictos.
Finalmente, habría que recordar, cuando la presidenta electa exalta
apagados enconos, que los ministerios de Educación de Paraguay y de las
provincias limítrofes argentinas y brasileñas, con el apoyo de
organismos del área de las relaciones exteriores, han procurado
morigerar expresiones ríspidas en los textos y planes de estudio de los
respectivos países. También cabría señalar que las academias de historia
de la Argentina y Paraguay y los institutos históricos de Brasil y
Uruguay realizaron reuniones, una de ellas en Asunción, con parecido y
fraterno objetivo.
Buenos Aires, 06 de Diciembre de
2007.
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