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EL MILAGRO DE TAIWÁN |
| Ing. Porfirio Cristaldo Ayala Q.E.P.D. |
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La China comunista es
considerada un milagro económico, la prueba palpable de lo que pueden
hacer las reformas de mercado como las que introdujo Deng Xiaoping hace
25 años. Pero sus problemas son tan grandes como sus triunfos. La
mayoría vive en la pobreza con menos de dos dólares por día. El partido
comunista continúa restringiendo las libertades políticas, la prensa y
los sindicatos, y tarde o temprano el frágil equilibrio entre la
economía libre y el autoritarismo político habrá de romperse.
El verdadero milagro es el de Taiwán. El capitalismo convirtió a esta pequeña isla es un emporio de riqueza, libertad y democracia. Taiwán comenzó de cero. Fue una mísera colonia japonesa desde 1895 a 1954. En 1952, cuando llegaron a la isla los dos millones de nacionalistas que escapaban del "paraíso comunista" de Mao, más del 40% de los seis millones de habitantes de la isla eran analfabetos. El ingreso anual por habitante estaba en 50 dólares, igual que en China continental. Durante los cuarenta años siguientes, el crecimiento promedio de Taiwán fue de 8,7% anual y su producción se multiplicó ¡más de 35 veces! En 1992, su ingreso por habitante superó 10.000 dólares, en tanto que China estaba en 500 dólares. A diferencia de lo que se cree, el país progresó sin ayuda externa. EE.UU. suspendió su ayuda a Taiwán desde 1968. Peor aún, cuando reconoció a China comunista en 1979, Taiwán fue expulsada de la comunidad de naciones. La China considera a Taiwán una provincia rebelde. La constante amenaza de invasión comunista le ha obligado a asignar entre el 10 y el 20% de su producción a gastos de defensa. Esta ha sido una pesada carga para su economía. Taiwán es un buen ejemplo para los países latinoamericanos, porque como muchos de ellos es un país pequeño, sin recursos naturales y con escasa tierra agrícola (62% de la isla es montañosa). Al igual que muchos países del continente, Taiwán también debió realizar una profunda reforma agraria a comienzos de los años de 1950, pero a diferencia de nuestros países, la tierra no fue expropiada o confiscada, sino comprada de sus propietarios, respetando estrictamente los derechos de propiedad. No hubo violencias, inseguridad, o invasiones de tierras. El gobierno no repartió la tierra a los campesinos sobre bases populistas, sino que les vendió las parcelas de cultivo. Y no les obligó a trabajar la tierra en granjas colectivas o les prohibió venderlas o hipotecarlas, sino que les entregó los títulos de propiedad correspondientes. Se creó así los cimientos de una sociedad de propietarios, respetuosa de los derechos de propiedad privada, lo que promovió el ahorro, la inversión y creación de negocios y empresas. En lugar de endeudarse, Taiwán ahorró y atrajo inversiones acumulando una reserva superior a toda la reserva de América Latina junta. Para acelerar su crecimiento mantuvo una muy baja carga impositiva durante su desarrollo inicial. En 1960, la carga impositiva era de 14%, con escasa evasión y corrupción. Treinta años después, cuando el país ya era una potencia industrial, la carga impositiva aún no alcanzaba el 20%. Hoy, los impuestos siguen siendo bajos en comparación a otros países de igual desarrollo. Taiwán ha aprendido la lección de que cuanto menos son los impuestos y más disponen los ciudadanos para gastar, mayor es el crecimiento económico, y cuantos más altos son los impuestos y más gasta el gobierno, menor es el crecimiento. El gasto social es mínimo (menos del 1% del PIB), gracias a que los ciudadanos disfrutan de bajo nivel de desempleo, estabilidad de precios y alto crecimiento del ingreso. Taiwán es uno de los países de mayor libertad económica del mundo. Este es el secreto de su milagro. No protege con aranceles a las industrias nuevas o "estratégicas", no subsidia ni trata de evitar que las firmas quiebren. La producción no está cargada con excesivas regulaciones. La justicia protege las inversiones y hace cumplir los contratos. Las leyes laborales son flexibles, no existen sindicatos fuertes. Si Taiwán pudo convertirse en un emporio, en contra de tantas dificultades, igualmente cualquiera de nuestros países puede alcanzar la prosperidad. Siempre que sigan el mismo camino.
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