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De nuevo estamos en
otro aniversario d e la tragedia del Ycua Bolaños con sus 400 muertos y
su gran cantidad de heridos. Otro aniversario más y nada pasa en
definitivo. Para la Historia esta desgracia pasará como algo que no
supimos solucionar y en la que todos tenemos nuestra parte de
culpa: los que se inhibieron sin motivos, los que escaparon
del juicio por medio d e influencias, los que dividieron a
las víctimas, los que no nos manifestamos para urgir la
pronta solución, los dueños que priorizaron sus ganancias y
la Municipalidad a la que nadie condenó y que cobraba, sin
hacer, las inspecciones convenientes.
Quedan los fallecidos y la lacerante memoria de ellos en sus familias y
los niños que quedaron huérfanos y los heridos sin medios para
continuar su curación.
Y, sobre todo, queda una pregunta que me preocupa: ¿ habremos aprendido
algo de esta desgracia para que nunca jamàs se repita?.
En este día no puedo sino estar en silencio delante de todos los que
están sufriendo por esta causa y decirles que los acompaño y
que deseo que ya se solucionen todos los problemas,
para que ellos puedan acompañar su dolor con la Paz de la
Justicia cumplida.
La tragedia del Ycua Bolaños nunca debió de suceder y nunca jamás
deberá de repetirse en nuestra Patria. Esta es hoy nuestra oración a
Dios y nuestro compromiso como ciudadanos.
Asunción, 30
de julio de 2008
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