El
Contrato Social
Libro Primero
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"Quiero
averiguar si puede haber en el orden civil alguna regla de
administración legitima y segura tomando a los hombres tal como son
y las leyes tales como pueden ser. Procuraré unir siempre, en esta
indagación, lo que la ley permite con lo que el interés prescribe,
a fin de que la justicia y la utilidad no se encuentren separadas."
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Tomado
de “monografías.com”, Texto traducido y atribuido a Juan J.
Rousseau.
Pocos
gobiernos de algunos países del mundo moderno han cumplido
satisfactoriamente con las obligaciones contractuales derivadas de
la connotada relación rusoniana: Estado-Ciudadanía.
Esa
hipotética y sugerida relación contractual ya lleva “cumplida e
incumplida” casi ¼ de siglo. Ha ocurrido que gobernantes
irresponsables, corruptos y hasta impunes asesinos pueblan las
plantillas presidenciales de la mayoría de los países
contemporáneos. Y lo siguen haciendo, ¡por favor!
Unos,
exiliados, otros, muertos sin ser sentenciados, algunos en franco
estado de decrepitud enfermiza. Todos impunemente ricos, endeudados
con la justicia y con una utilidad prestada muy separada de
aquella. Han violado el Contrato Social, lo violan y lo seguirán
haciendo mientras no reformulemos sus términos.
Masoquistamente,
unos ciudadanos, y otros sádicamente, la ciudadanía siempre está
presta a seguir reciclando malos gobernantes en la persona de
nuevos demagogos cada vez con un grado de corruptividad mayor que el de
sus predecesores.
Ante
ese indeleble cuadro de fracasos populares, proponemos que las
funciones del Estado dejen de reducirse a la prestación de Servicios
Públicos, aparentemente gratis, financiados con unos Ingresos
Fiscales convencional y contractualmente provenientes de Impuestos al
consumidor, al trabajador directamente, e indirectamente a través de
empresarios de todo tipo.
Proponemos
que el Estado se dedique a prestar los mismos Servicios Públicos
que hasta ahora viene prestando. El Estado fungiría de auténtico
productor mercantil de los mismos. Esto significaría que debe
gerenciar como productor y como mercader. Produciría y vendería sus
diferentes servicios a título de mercancías. Servicios viarios
de utilidad pública, sanitarios públicos, educación pública,
custodia pública, etc., todas esas mercancías que por su alto
volumen y exigencia de capital suele correr a cargo del Estado, serían
vendidas a la ciudadanía. El precio satisfecho por ella,
en plena correspondencia cuantitativa y cualitativa el bien adquirido
sería la fuente principal de los Nuevos Ingresos Fiscales.
De
los excedentes “precio de venta-costo” dependerán las necesarias
Reservas Públicas con fines de ampliación, sostenimiento y
eventualidades o emergencias e imprevistos imponderables.
Queremos
decir que los impuestos de ahorita podrían convertirse en precios de
los servicios públicos, y estos así convertidos en mercancías hasta
ahora costeadas con aquellos.
Los
llamados marginados, los desempleados, los ciudadanos de baja
productividad, los subcapacitados e insolventes para comprar los
servicios públicos los recibirían a crédito, contraerían deudas
con el Estado y las honrarían en los términos y oportunidades que
el correspondiente ente burocrático determine. El Estado podría
cobrarle en “especie” mediante trabajos adecuadamente
encomendados, cosas así.
Se
los emplearía y acreditaría con cargo a sus remuneraciones, el
ciudadano pagaría cuando empiece a trabajar, o pasaría a recibir
indemnizaciones de un seguro colectivo al que habría cotizado
primas cuando pudiera haberlo hecho como trabajador activo.
Desde
luego, los Ingresos Fiscales provenientes de recursos naturales varios
son una forma especial de impuestos cargados directamente a
los trabajadores que están también directamente involucrados en la
extracción, manufactura y mercadeo de dichos recursos. El Estado
recibiría esos IF a título de empréstitos de toda la ciudadanía
constitucionalmente copropietaria de esos mismos recursos.
Digamos
que el Nuevo Contrato Social se pactaría entre ciudadanos dispuestos
a comprar aquellas mercancías cuya producción y venta por su
naturaleza propia no resultan rentables al capitalista. Este seguiría
dedicado a la producción y mercadeo de las demás
mercancías. Los Impuestos se habrían metamorfoseado en precios, y
los Servicios Públicos en Mercancías.
16
de
abril
de 2009
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