VIENTOS DE CAMBIO


Mónica M.C. Cáceres
Abogada
Docente Universitaria

                                       

 

Quien recuerde la canción, del fantástico grupo musical Scorpions, podrá coincidir que en Paraguay soplan vientos de cambio.  Se achica el mundo mas/ quien iba a creer /que fuéramos tu y yo hermanos/ el futuro ya se ve /se puede hasta tocar/ soplando con los vientos nuevos. /Llévame a la magia del momento de la gloria /donde los niños del mañana soñarán / los cambios que vendrán.”

 

Cambios que según el Apocalipsis ocurren a causa de los grandes males del mundo: injusticias, pobreza, inequidad, destrucción de la naturaleza, el hambre, el odio fraterno, las crisis económicas, sociales, morales e ideológicas, las dictaduras prepotentes y abusivas que revelan y sublevan a los hombres y a los pueblos.

 

Los paraguay@s decimos que vivimos en democracia, porque ya no gobierna Strossner. Sin embargo, al decir de mi Tío Nené, esta democracia es una democracia símil, que parece que es “de verdad”, pero al sentirla podemos percibir que no es auténtica, que es solamente imitación de la real. Una democracia de caramelo con picante adentro, con muchas y grandes bocas deformadas dispuestas a tragar. Una democracia con una amarga libertad. Definitivamente esto no es democracia. Es un remedo de democracia.

 

La democracia, dice el preámbulo de la Constitución Nacional, es una democracia representativa, participativa y pluralista, que reconoce la dignidad humana con el fin de asegurar la libertad, la igualdad y la justicia e integrada a la comunidad internacional. Esta democracia es la que debemos conquistar aprovechando la oportunidad del momento que se presenta el próximo 20 de abril.

 

Pero como se debe producir el cambio de democracia símil a la verdadera democracia de la que habla la Constitución Nacional y que el Paraguay necesita? Las Naciones Unidas dice que la visión del país que se tiene actualmente es el de un país con un modelo de crecimiento económico agotado, con un ambiente deteriorado, inequidad y exclusión social y un Estado de Derecho limitado en su alcance y su vigencia. Es evidente entonces que necesitamos la democracia original para cambiar esta visión de país, y dar inicio a un proceso de desarrollo humano con mayor cohesión y justicia social.

 

No debemos buscar cambios bruscos, violentos que solo traerán peores estados de vida para los ciudadanos y ciudadanas. No debemos pensar que los cambios se darán en función a las ideologías de los candidat@s porque los pueblos del mundo ya no creen en los modelos filosóficos y porque los problemas del mundo no se deben a las ideologías sino a las actitudes y conductas de los hombres, de los seres humanos.

 

Entonces debemos definir y decidir cual es la conducta más adecuada para que se produzcan los cambios. Según los psicólogos existen diferentes modelos de conductas de los seres humanos, pudiéndose englobar en tres conductas típicas.

 

La conducta o actitud conservadora, que es la de aquellos que a la vista inminente de su caída, a la pérdida de sus privilegios, exaltan el pasado aún en base a engaños y mentiras, aunque ese pasado fuese de ignominias, sin darse cuenta, tal vez auto-drogados, de que ya a nadie engañan, ni de que con solo exaltar el pasado no podrán, jamás, neutralizar, ni mucho menos, frenar rebeldías o inquietudes que genera el presente. No se dan cuenta de que el cambio que pide a gritos la gente de este país, no solo es necesario para los más necesitados, sino, también, para los mismos privilegiados que hoy pelean con todos sus bagajes, de los lícitos y de los ilícitos, para conservar sus privilegios económicos y políticos. No se dan cuenta de que si no transigen voluntariamente, la fuerza inexorable de la perentoria necesidad humana arrasará con todos sus privilegios, con toda su riqueza, con todo su poder y con toda su tranquilidad de satisfechos.

 

Los conservadores los hay en todas partes, en todas las clases sociales, en todos los partidos políticos. Son como las logias que se ayudan para conservarse. Son los indiferentes o los cobardes, que no se animan a luchar por sus derechos ni por su pan. “Conozco bien tus obras, que ni eres frío ni caliente: ¡ojalá fueras frío o caliente!  Mas por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, estoy para vomitarte de mi boca." - Apocalipsis 3:15-16)

 

La conducta o actitud destructora, es la de aquellos desesperados, que solo quieren destruir, para liberarse de sus angustias, de las opresiones del cuerpo, del hambre o de las injusticias causando su propia muerte, pero matando y destruyendo todo sin contemplación alguna. A veces creen que el sacrificio personal beneficiará a las generaciones del futuro. Son los terroristas fanatizados y cegados por la desesperación, que destruyen y se autodestruyen sin importarle las víctimas de su acto irreflexivo e irresponsable. Más se preocupan por destruir que por construir el orden público, y también se encuentran abajo y arriba. 

Unos aterrorizan con sus agresiones y otros con sus represiones.

 

Y por último se encuentra la actitud o conducta innovadora, que son aquellos que se presentan como un ser bien centrado, que aunque goce de privilegios o sufriendo necesidades o postergaciones, confían en que la razón, la cordura y el patriotismo impondrán el cambio necesario a la época, seres humanos intelectivos y sensitivos; los Innovadores, partidarios de la revolución pacífica, como lo fue Mahatma Ghandi, por ejemplo. Confían en que el hombre siempre tiene un fondo bueno que vale la pena explotar...somos los que creemos que el mayor problema de los pueblos es de conducta humana y cívica. Los que creemos que LA LIBERTAD, LA IGUALDAD Y LA FRATERNIDAD de los hombres y de los pueblos es la única forma de vida que puede hacer feliz a la especie humana, aún en medio de su pobreza. Los que seguimos creyendo que una ciudad, un país, sin justicia, no es posible la vida digna. Los que creemos que se puede, recíprocamente, TRANSIGIR SIN CLAUDICAR de nuestros principios y de nuestras convicciones, frente a una meta común y una acción común: el respeto al derecho individual y al derecho social, porque ya es intolerable la descomposición del sistema en vigencia.

 

La conducta innovadora es la que debemos observar en los candidat@s para lograr conquistar el cambio que trae el viento de los miles de paraguay@s que sueñan con un país distinto, sin personas rebuscándose en la basura, sin niños mendigando en las calles, sin campesinos migrando a la periferia de la ciudad, sin ciudadan@s suplicando salud, empleo, educación, porque como dijo un pensador: La pobreza es un fenómeno reducible a su mínima expresión en la medida que los gobernantes de los pueblos sean estadistas capaces, los pueblos son pobres cuando sus gobernantes son ladrones.”

 

 

n“EL PESCADO EMPIEZA A PUDRIRSE POR LA CABEZA” (Lao Tze)

  

Mónica M. C. Cáceres

Asunción, 8 de abril del 2.007

 

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