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EMAIL RECIBIDO DE CARLOS ARDISSONE |
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De:Carlos J. Ardissone Fecha:Mon, 18 May 2009 09:50:43 -0400 Asunto: Montanaro
La pequeña polémica sobre cómo tratar al anciano asesino y torturador Montanaro no ha alcanzado profundidad conceptual. Un bando sostiene que se lo debe tratar como a cualquier ciudadano, con las mismas garantías y consideraciones jurídicas ordinarias. El otro bando quiere que se lo lleve al presidio y allí se lo mantenga hasta que se lo juzgue y en él cumpla la condena que merezca. El principal argumento de los primeros es que, si se lo tratase “mal” nos estaríamos (el Paraguay) poniendo en el mismo nivel de ellos, los colorados stronistas, a quienes algunos combatimos. Este argumento, sin embargo, no contempla una diferencia fundamental: los stronistas tiranizaron, robaron y se ensañaron con gente inocente, en tanto que Montanaro y compañía no son inocentes. Una cosa es la furia popular y otra fue la crueldad de la dictadura. Ninguno de los defensores de Montanaro percibe que él no es un criminal más, ni siquiera uno de los más peligrosos, crueles, repugnantes o reincidentes. Montanaro es de la categoría de los criminales de guerra, de los genocidas, de los monstruos humanos que se han apartado de lo previsto por los legisladores que redactaron constituciones, códigos y leyes. Esos instrumentos legales no debieran ser aplicables a casos tan fuera de lo común como el de Montanaro y otros de su ralea, como Ramón Duarte Vera, tranquilo en el confinamiento de su casa.
Nuestro Derecho per se es ya muy formalista, deja poco espacio para que el juez pueda aplicar criterios más circunstanciales y, mucho menos, sentenciar con cierta libertad para adecuar la sentencia a la culpa. Nuestros jueces en lo criminal están constreñidos a un código de procedimientos y a un código penal, pero siempre quedan intersticios que permiten un mínimo de libertad de acción. Por ejemplo, qué hacer con Montanaro mientras no se le haga la evaluación médica y, cuando se le haga, dónde recluirlo mientras se lo juzga. ¿Qué impide clara y terminantemente que se ordene sus reclusión en el penal de Tacumbú y que allí se lo interne en la enfermería con los recursos disponibles y aun con algunos extraordinarios que la familia del reo consiga y solvente?
Parece que hasta grandes luchadores de ayer, víctimas de este degenerado ser humano, han perdido las pulsiones vindicatorias. Su actitud de una desteñida nobleza, magnanimidad o caridad se parece más a una debilidad espiritual que a esas virtudes excelsas. Tanto se repite que ha de hacerse mucho para que nunca más nos martiricen dictadores, y en este momento oportuno se quiere renunciar a imponer un escarmiento a esta raza infrahumana.-
Carlos J. Ardissone |
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