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DESAZÓN POLÍTICA PREMATURA |
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Una oligarquía o un sistema verticalista de poder al estilo cubano se basa sobre el culto a la persona y hace que exista una relación de rey - vasallo, o de comandante – recluta, en lugar de estadista - hombre libre. Este sometimiento político, a su vez, puede tener la sutileza del kikuto-kataná - dicho nipón que expresa la hipócrita diplomacia que con la sutileza de una flor te ensarta una espada- o la política del terror lograda con las bayonetas. Las fuerzas que se unieron para regalarnos la tan ansiada alternancia política en Paraguay fueron dos: las elecciones relativamente transparentes, y el hartazgo de la población. El fraude continuo en las internas coloradas y en las generales; la exclusión política que derivó en una exclusión social y económica, así como el agotamiento del modelo clientelista y prebendario del partido colorado, formaron el caldo de cultivo para lograrlo, el renunciamiento del PLRA a un candidato propio fue el broche de oro. Fernando Lugo, los liberales y los verdaderos colorados nos dieron una nueva esperanza. Fue el amanecer luego de una larga noche de seis décadas. El país se había convertido en un mercado donde el negocio político se tornó el más rentable. Desde la caída de la dictadura la actividad electoral fue permanente ayudando a que la mentalidad se vuelva cortoplacista, chata y materialista. El operador político se convirtió en una “profesión”, un oportunista sin formación ni escrúpulos, un verdadero cazador – recolector de votos que, en lugar de convencer a su electorado con programas de gobierno progresistas, arreaba a su clientela con sentimientos partidarios provenientes de una manipulación histórica de personalidades que, de estar vivos, estarían asqueados. Si Blas Garay, Juan León Mallorquín, Ricardo Brugada y otros escuchasen los discursos de los “correligionarios” contemporáneos, hoy serían opositores, como de hecho son más de un millón de colorados. Un nuevo fracaso político solo podría terminar en un golpe de Estado o en una tremenda revolución armada. Escribo estas líneas porque estoy seguro que los políticos liberales sabrán interpretar la voluntad popular y, consecuentemente, custodiar los últimos resultados. Son la mayoría en este conglomerado de ideologías que ganó el poder, donde la izquierda es apenas el 0,5 %. No dejen que una minoría trasnochada nos imponga nombres impresentables en los puestos más delicados del Estado. Si lo permiten, después lamentaremos el fracaso de esta primavera política. En la Itaipu están ocurriendo algunas aberraciones que nos alejan del sueño de los justos y los anhelos patrióticos que propiciaron el nacimiento de la nueva república. El dream teen que se formaría con la ida de Mateo Balmelli a la Cancillería Nacional y de Ricardo Canese en la Dirección General de Itaipu, fue sustituido por un remiendo, un bacheo miserable del sector energético. Con Mateo al frente de la Cancillería tendríamos a una figura prominente, a una excelente persona, bien formada en cuestiones diplomáticas y relaciones exteriores. Su designación forzada en Itaipu lo han degradado a él, al mismo tiempo que excluía a un icono de lucha contra el entreguismo. Mataron dos personalidades brillantes de un solo plumazo. El otro anhelo, la instalación de un Directorio y un Consejo de Administración de primer nivel y sin contaminaciones, salvo honrosas excepciones, está lejos. Tengo que justificar mi desazón: al Ing. Sánchez Tillería la designación lo sorprendió ejerciendo un alto cargo en un equipo entreguista y corrupto. Al Ing. Gustavo Bogarín, que en algún momento se ganó la ojeriza de los trabajadores de Itaipu por defender a Bermal, la designación lo sorprendió, también en un cargo gerencial que administra contratos y construcciones. ¿Cuál fue el mérito de ambos? Del primero no conozco ninguno, del segundo, dicen que llevó cuatro biblioratos a Lugo y administró dinero para la campaña. A Mateo lo conocí cuando tuvo la grandeza de renunciar a su candidatura presidencial; leyendo sus libros ganó mi corazón, y cuando se allanó en las internas de su partido noté que estaba ante un hombre diferente, por ello le digo públicamente: ¡No deje que la “patria contratista” lo atrape, son maestros del disfraz y el acomodo. Todos los directores, salvo el Dr. Federico Zayas, salieron manchados de la entidad. A los honorables miembros del Consejo, que ya ganaron su peso en oro en la política paraguaya, solo me resta recordarles lo que decía un pensador paraguayo: “cuando uno está más cerca del final que del comienzo, puede darse dos lujos: uno es decir la verdad, y el otro, no temer más que a Dios” Luís María Fleitas Vega Asunción, 12 de Agosto de 2008 |
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