MONTANARO Y LA MEMORIA COLECTIVA


José María Costa
"Periodista, abogado y catedrático universitario"

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Jose Maria Costa

Reatar los hilos de la historia para no repetirla
"El régimen stronista elevó el terrorismo de Estado a una forma de gobierno totalitario como una política de Estado permanente... sus agentes tenían entrenamiento y experiencia en la perpetración de violaciones de los Derechos Humanos" (Informe final de la Comisión de Verdad y Justicia, CVJ, www.verdadyjusticia.gov.py)

El regreso del otrora mano derecha del dictador Stroessner, Sabino Augusto Montanaro, es una ocasión propicia para rescatar la memoria colectiva sobre un periodo de nuestra historia que no por oprobioso y doloroso debe quedar sepultado. El silencio sobre el pasado solo conviene a quienes tienen deudas que pagar o a quienes, al amparo hoy de las garantías y libertades democráticas, pudieran mantener afanes autoritarios o buscaran imponer hegemonías en base a la violación de derechos ciudadanos.


En base a 2.059 testimonios y la investigación de diversas fuentes, la CVJ concluyó con un registro de 20.090 víctimas totales directas de violaciones de derechos humanos durante la dictadura de Stroessner. Evaluando las violaciones sufridas a sus derechos, 19.862 personas fueron detenidas en forma arbitraria o ilegal, 18.772 fueron torturadas, 59 personas fueron ejecutadas extrajudicialmente (asesinados por el régimen), 336 fueron desaparecidas y 3.470 fueron sometidas al exilio forzoso. La CVJ estimó que en total, entre víctimas directas y las indirectas (familiares y allegados), el número de personas a quienes les fueron violados sus derechos humanos ascendería a 128.076 personas; es decir, 1 de cada 124 personas que componían la población del país en ese periodo. Nosotros agregaríamos que dado el carácter totalitario y autocrático del régimen, también se violó derechos ciudadanos básicos como el del voto libre y secreto, y la participación política del total de la población paraguaya en ese tiempo. El 93% de las personas que testificaron ante la CVJ fue objeto de diversas torturas, tales como colgamiento, pileteada (asfixia por inmersión), asfixia con bolsas, paso de electricidad por el cuerpo, picana eléctrica, violencia sexual, cortes, quemaduras, además de torturas de tipo psicológico.


"La calificación de las violaciones de Derechos Humanos como crimen de lesa humanidad significa que son delitos imprescriptibles, no son delitos políticos, por lo cual el responsable no goza de privilegios ni puede beneficiarse con amnistías o indultos y no admiten la eximente de responsabilidad penal de la obediencia debida", dice la Comisión que produjo este informe oficial el año pasado.


Montanaro ha vuelto. Su asilo político fue un despropósito durante décadas. Su retorno no se logró merced a una voluntad política de los gobernantes o de la Justicia. Pero ya que está aquí, más vale que la Justicia haga lo suyo, que la dirigencia política -de todos los sectores- perciban en su caso la necesidad de respetar siempre los cánones democráticos, que la sociedad toda recupere su memoria y las nuevas generaciones aprendan por qué el stronismo ha sido el peor y más letal e ignominioso régimen de nuestra historia política reciente.


Si la presencia de Montanaro sirve no solo para que se haga justicia, sino para que se haga memoria, nuestra sociedad habrá salido fortalecida de este reencuentro con el pasado más infame y cruento. El dolor de ayer debe ser el fundamento y la razón para la justicia de hoy y la memoria de siempre.


JOSÉ MARÍA COSTA


Asunción,  5 de mayo de 2009

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