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Decálogo
vigente pero no tan consciente
La
semana pasada el ambiente político se llenó de tensiones y
exabruptos acusaciones y recusaciones, plantones y berrinches,
renuncias con razones y renuncias con pretextos. Como una
contribución a la sistematización de las patrióticas estrategias y
tácticas abordadas en este momento de cambio, aportamos este
Decálogo que resume algunas de las normas básicas para el ejercicio
del sectarismo y el totalitarismo con absoluto profesionalismo. Esto,
para que dejemos de tener políticos que abordan estos clásicos
estilos de nuestra política de manera improvisada y sin bases
científicas… Alguna vez tenemos que organizarnos y volvernos
serios…
Decálogo
para un mejor ejercicio del sectarismo y totalitarismo.
-
Yo tengo la verdad sobre todo lo
debatido y debatible en nuestra sociedad. Quien opine lo contrario es
un troglodita que se cree dueño de la verdad. Los demás sólo tienen
“opiniones” y “puntos de vista”.
-
El presidente Lugo tiene la
lapicera y todo el derecho de designar a quien quiere y crea capaz para
un cargo, siempre que sea alguien a quien nuestro grupito apoye. Cuando
decimos que vamos a apoyar la decisión del Presidente en la nominación
de cargos en su gabinete, nos referimos a que vamos a apoyarlo mientras
sea gente de nuestra línea ideológica o nuestro grupito.
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La meritocracia es buena mientras
el elegido sea de mi partido o grupo. Si es del otro partido o grupo,
no se llama meritocracia; se llama cuoteo.
-
Nuestro partido “sugiere” nombres
para el gabinete; los demás grupos “presionan indebidamente” y
“extorsionan” al Presidente o “atentan contra su derecho
constitucional” de designar ministros.
-
La banca pertenece al partido,
cuando nuestro partido corre el riesgo de perderla legalmente. Si soy
yo el que debe cambiar de partido, la banca pertenece a la persona
electa.
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Cuando alguien no termina o no
asume el cargo para el cual fue elegido, si es de otro partido, es un
traidor al mandato popular; si es nuestro amigo o correligionario, es
alguien que “encara
con inteligencia y renunciamientos los cambios necesarios para el logro
de los intereses nacionales”.
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La Constitución y las leyes son
claras cuando yo las interpreto, y como yo las interpreto. Se llenan de
ambigüedades y lagunas cuando mi adversario quiere “manipularlas con
intereses mezquinos”.
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Nosotros somos los dueños del
cambio. Los demás que no coinciden con nosotros, sólo quieren el
continuismo. Nuestro grupo o partido es progresista y popular… Todos
los demás son reaccionarios, tradicionales o antipopulares. Cuando mi
grupo o partido quiere o reclama algo, es porque el pueblo “que votó el cambio” así lo quiere. Y nadie puede
discutirlo porque será “un
reaccionario, un antidemocrático”.
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La justicia debe ser independiente
mientras no lo sea de mi partido. Cuando depende de mi grupo o partido,
es siempre y para siempre institucional y ecuánime. Armar una Corte
Suprema “a medida” de los partidos es negativo para la democracia y la
independencia judicial, salvo que sea mi partido o mi grupo el que
tenga su propio ministro en la Corte.
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Si hubiera duda o contradicciones
en una o varias de estas normas, como regla de interpretación se aplica
única y directamente el primer artículo de este Decálogo. Aplicar otro
mecanismo sería perjudicial para la democracia.
Observación
final:
Al que le viene el
sayo, que se lo ponga. Es decir, que se lo ponga otro. Si Ud. se lo
pone, discúlpeme, le falta mucho para ser un verdadero profesional
del sectarismo político. Dedíquese a otra cosa.
Asunción,
15
de julio de 2008
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