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LA EMERGENCIA EN EL DESGOBIERNO ACTUAL |
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José Luis Simón
G.
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OTRA TARTUFADA DE Y
LUGO Y COMPARSAS
El “estado de excepción” muy probablemente está condenado al fracaso gracias a la supina incompetencia en materia de seguridad y defensa del presidente de ya casi ningún paraguayo y sus entornos, y debido a los vínculos de no tan pasiva complicidad que unieron –o unen todavía– al cada vez más precario inquilino a plazo fijo del Palacio de López con los peligrosos aventureros del crimen organizado que son los integrantes del mal autodenominado Ejército Paraguayo del Pueblo (EPP). Este grupo de secuestradores criminales, que ya desarrolló su vocación terrorista –una falsa guerrilla política e ideológica– tiene intereses y áreas coincidentes y convergentes con las poderosas estructuras de los poderes fácticos de las ramas locales de la narcoactividad, que desde el autoritario régimen stroessnerista hunden sus raíces y extienden su tupido follaje en la sociedad, la economía, la cultura y la política de nuestro país. Hasta un par de años atrás el EPP, y al menos durante un lustro, mantuvo vínculos de subordinación y aprendizaje con los narcoterroristas de las hoy bastante disminuidas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), por intermedio del “bolivariano” dictador totalitario Hugo Chávez, el acérrimo defensor del genocida Muamar Gadafi, eliminado inhumanamente por quienes sobrevivieron a sus también inhumanas políticas de “solución final” en Libia. Además, a los criminales del EPP el nexo con las FARC les facilitó contactos con la otrora todopoderosa seguridad del Estado del régimen de los Castro –hoy campeones del neocapitalismo, después de medio siglo de “revolución”– y primeros encuentros con los terroristas de la ETA “asilados” por Caracas. La ETA acaba de ser rendida por la imperfecta democracia española, respaldada en sus democráticas políticas antiterroristas –y como debe ser– por la inmensa mayoría de los españoles, quienes saben que la democracia es perfectible y que el terrorismo es una de las expresiones del infierno en la tierra. Las FARC están extinguiéndose por la voluntad de la mayoría de los colombianos. Y Chávez podrá sobrevivir a su terrible mal, pero su régimen ya empezó la etapa del “fin de fiesta”. En Bolivia, Medio-evo Morales acaba de ser vencido en las urnas, mientras los nativos de la región amazónica boliviana le propinaban una extraordinaria lección de civismo y ambientalismo. Lugo, ¿tiene alguien que le ponga al tanto de estas cosas? Regresando al mal denominado EPP, sus relaciones caraqueñas con la internacional del terror bordearon incluso la conexión iraní, cultivada aquí y en la ONU (Nueva York) no tan secretamente por Lugo y su también estólido canciller –no sabemos hasta cuando– Jorge Lara Castro. Todas estas “amistades” peligrosas del sicariato del EPP quedaron en suspenso una vez conocida la noticia de la enfermedad de Chávez, que igualmente hizo transferir para las calendas griegas sus planes reeleccionistas de Lugo aquí, amén de otros “intervencionismos” de Caracas en nuestros asuntos internos, oficialmente consentidos por este desgobierno.
La traición de Tartufo La decisión política de declarar el “estado de excepción” fue votada por ese vivo retrato del Paraguay actual que es el parlamento y prácticamente a la fuerza debió decretarlo Fernando Lugo, el presidente de ya casi ningún paraguayo –como lo demuestra su fracasado referéndum de multimillonarios costos– y traidor. Lugo el felón fue calificado y condenado como tal por estos secuestradores con vocación terrorista, los epepistas, hasta ahora apenas dos o tres decenas entre periferia y sicarios operativos, pero capaces aún de mantener en vilo al país gracias al desgobierno del cambio. El “estado de excepción” muy a su pesar debió ser aceptado por el actual ministrito del Interior, esa incombustible nulidad que es Carlos Filizzola, dignísimo sucesor del otro engendro politiquero que es su primo Rafael, hoy reciclándose bajo la protección del fracasado politiquero que es Guillermo Caballero Vargas, buscando el rekutú desgubernamental con un sector del fragmentado liberalismo de hoy, dignos sucesores de los participacionistas “levirales” de los inicios de la dictadura stroessnerista. Todo presagia que el comando operacional conjunto, encabezado por el general Félix Pedrozo, no podrá tan siquiera acorralar a los vulgares delincuentes que son los epepistas. Lo anunció incluso el oráculo Miguel Angel López Perito –el oportunista y cínico secretario general de desgobierno, el de hablar suave y de poderosas debilidades, característica de los luguistas y su jefe– cuando dijo que dos meses es poco tiempo para terminar con el EPP. “Lugo no es Rambo”, acaba de acotar para respaldarlo el impresentable politiquerillo que se llama Víctor Ríos, una especie de flor de un día en el gabinete actual, en plena ofensiva palaciega con Mario Ferreiro, quien acaba de descubrir que la politiquería puede ser más emocionante que sus tórridas correrías en las noches asuncenas, experiencias desde las cuales cree que aportará mucho para consolidar y profundizar el “cambio” en el Paraguay. “Cría cuervos, que te comerán los ojos” reza un refrán popular, que se le puede aplicar muy bien a Lugo y sus comparsas, politiqueros improvisados e irresponsables, ahora atrapados entre las amenazas de algunos que eran monaguillos de un hedonista obispo de la “teología de la liberación” y la imperiosa necesidad política que tienen de, al menos, dar la apariencia de neutralizar a los fundamentalistas del EPP. Incluso el neoburguesito y oligarca no asumido que es el gobernador de sus amigos en San Pedro, José (Paková piré) Ledesma, uno de los aprovechados líderes “carperos” y de otras felonías en perjuicio de la patria, ya está pidiendo la “eliminación” del EPP. El tiempo se les acabó a Lugo y los luguitos quienes ya nos disponen de credibilidad alguna. La mayor preocupación para Lugo no es la suerte de sus compatriotas. Lo que le tiene de mal humor es que esta crisis ya no le permite disfrutar de las bacanales a las que se volvió adicto gracias a sus millonarios recursos, para nada reservados destinos, que le prodiga Hacienda. Por eso lo de tartufada, por Tartufo, el hombre hipócrita y falso, según el diccionario de la Real Academia Española. El genial comediante y dramaturgo francés Jean-Baptiste Poquelin, llamado Molière (1622–1673), escribió la comedia en versos “Tartufo o el impostor” (Tartuffe ou l'Imposteur) para reírse de esta clase de personajes. Son listos para perpetrar sus bajezas. No dudan en engañar y aprovecharse de los crédulos inocentes que confían en ellos. En realidad son mediocres y aventureros maliciosos, quienes detrás de sus engaños esconden el odio a los demás que evidencia el ningún respeto que se tienen a sí mismos. “La hipocresía es el colmo de todas las maldades”, habría escrito también Molière, quien sin conocerlo retrató muy bien a Lugo y a sus cortesanos.
El comandantito y su laberinto Lugo y sus obsecuentes allegados no entienden absolutamente nada de lo que ocurre porque son negadores de la realidad que no les conviene. Por eso solo buscan ganar tiempo. Los comandantes militares y los jefes policiales saben que las tenebrosas conexiones entre el EPP y Lugo existieron y dudan que hayan sido totalmente cortadas. La desmoralización es el efecto inmediato de tan anómala situación. El fanatismo de los epepistas crece cuando el aparato de Estado es incapaz de hacer uso legítimo de la fuerza. Es el triunfo de la teoría dual del poder, alimentada con la confusión imperante en el vestusto e ineficiente aparato represivo y político del Estado, que desde sus alturas incluso beneficia al EPP con el calificativo de fuerza beligerante “guerrillera”, que no lo es. Objetiva y subjetivamente, y con las excepciones de rigor, la corrupta y antediluviana Fuerza Pública paraguaya no está preparada para moverse en el terreno que ha escogido el EPP, un primer punto a favor de su estrategia demencial de odio, sangre y muerte. Nunca tuvo Lugo una estrategia y política de seguridad y nada sabe de ella el ministrito Filizzola, como ocurriera con su antecesor, Rafael Filizzola, otro cantinflesco vocero oficial de naderías, siempre favorables al EPP porque significaban ausencia de una política democrática de seguridad. En una tal situación, la Fuerza Pública en sus partes rescatables –la excepción– no puede sino estar desorientada y debilitada. Eso las vuelve funcionales a una estrategia: la de los narcoterroristas locales, beneficiados por la politiquería oficial de inseguridad generalizada. “Después de mí el diluvio”, nos dice con los hechos el presidente Lugo ya de casi ningún paraguayo, el que ha posternado al Paraguay al terror del EPP. Es esta antiestrategia del caos, sin saber para qué, ni qué hacer, ni cuándo ni dónde, las Fuerzas Militares sacaron sus destartaladas tanquetas y sus flamante$ tran$porte$, cuando en nuestro contexto contiguo ya se avanza hacia el modelo del Centro de Comunicaciones y Guerra Electrónica, que incluye un Sistema Integrado de Vigilancia –con radares de imagen y de comunicación, vehículos aéreos no tripulados y transportes aéreos, terrestres y fluviales– y el imprescindible respaldo de móviles unidades de Grupos Tácticos de Tropas Especiales. La “unificación” de Fuerzas Militares y Policía Nacional, siendo imprescindible no funcionará por decreto porque no se estuvo trabajando antes para ello, y porque la desmoralización, la desconfianza y la improvisación son la norma al interior de la constitucionalmente denominada Fuerza Pública. Los jefes militares y policiales luguistas no gozan de la confianza de sus subordinados y estos tampoco tienen fe en su comandantito en Jefe.
Teatro y no de operaciones Lo de “Ko’ê Pyahu” es un monumental teatro y no de operaciones. La única duda tiene que ver con la obra: si se representará la tradicional comedia de antes, o estrenaremos la tragedia en este catastrófico fin de fiesta, en el cual los aprovechados e irresponsables politiqueros de las pésimas administraciones anteriores (las de Luis Angel González M. y Nicanor Duarte Frutos) hoy pretenden erigirse en los críticos de Tartufo, el comandantito en Jefe y sus chiquillos, quienes juegan a soldaditos de plomo desde la intranquilidad de sus lujosos puestos prebendarios, sin los cuales no son nada. El objetivo de una verdadera estrategia y política de seguridad, en la coyuntura actual y en el marco de nuestras anómicas Constitución y leyes, debe consistir en la recuperación del monopolio de la fuerza en las áreas hoy disputadas por el EPP a la tan precaria estabilidad y débil capacidad del aparato de Estado y de su deslegitimado desgobierno. Eso le ha facilitado actividad impune a las todavía no consolidadas líneas dispersas de fuerza de los criminales epepistas. Su capacidad operativa real –en el área centro norte de la región oriental– es inversamente proporcional a la ausencia del aparato de Estado y a la anemia de la sociedad. El desafío no sería grande si se contara con voluntad política y con moral de combate cualidades inexistentes en este vacío de poder de hoy, la peor amenaza. Después de 1989 ningún liderazgo político se ocupó en serio de las cuestiones de seguridad y defensa nacionales. Las FFAA y la Policía Nacional fueron pisoteadas por sucesivos desgobiernos con la complicidad obsecuente de sus mandos. Esto aprovecharon Lugo y sus filizzolas, consanguíneos o no, para empezar a “bolivarianizarlas” como hicieron también con ministerios como Defensa y de RREE. Hasta que la cadena de mando se rompió en Caracas. Así el desgobierno actual se deslizó, llegando al borde mismo del abismo de la crisis actual aprovechada por los criminales del EPP, con todos los pasos adelante que ya ha dado Lugo. Fernando Lugo, violador cotidiano de la Constitución, a la cabeza de una auténtica asociación de irresponsabilidad ilimitada, es el Tartufo presidente de una República que todavía no empieza a serlo de verdad. Es también el comandantito en Jefe de nuestra Fuerza Pública reducida a su medida, la de quien hasta ayer estuvo empeñado en convertirnos en vasallos de una “revolución bolivariana” que, ahora y por suerte, se encuentra en su crisis terminal. Tuvo que llegar el Tartufo paraguayo para que todo empeorase, a un punto tal que el Paraguay tiene como uno de sus escenarios posibles incluso el de una guerra civil que larvadamente se ha desatado en el campo por la irresponsabilidad de Lugo y sus entornos politiqueros. El leal y honestamente patriótico país de los paraguayos debe reaccionar con firmeza, y siempre en el marco de la Constitución y de las leyes, para enfrentar y derrotar esta amenaza. La única y real fortaleza que tiene el EPP es que lo mejor del Paraguay, ese que busca establecer de una vez por todas el Estado de derecho democrático, hasta ahora no ha decidido pasar a la ofensiva. Asunción, 22 de octubre
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2.011 |
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