ESTALLIDOS DEL GAL-AVERNO

José Luís Simón G. 

                                                              

 

 

 

   

Agresión en el “TSJE”: otro anticipo de ingobernabilidad total

 

 

ESTALLIDOS DE GAL-AVERNO:

VIOLENCIA  GENERALIZADA AMENAZA AL PARAGUAY

 

 

· EN EL “TSJE” SE DESNUDO CRISIS OFICIALISTA Y DE LA ALIANZA ANTIDEMOCRÁTICA DEL “MARZO PARAGUAYO”

· PREPOTENCIA DE “CALE”: DESCONTROL EMOCIONAL Y AMBICIONES DE ASPIRANTE A “TENDOTA” Nº 1

· OFICIALISMO FRAGMENTADO Y DUARTE F. EXTRAVIADO EN  LABERINTO DEL “RECUTÚ” (REELECCIONISMO)

· VACIO DE PODER IMPERA EN PARAGUAY DESDE 1989 Y TODAVÍA NO SE VISLUMBRA ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

· HISTÓRICAMENTE SITUACIONES SIMILARES TERMINARON EN INESTABILIDAD Y VIOLENCIA GENERALIZADAS

· PERO EXISTE AHORA UN NUEVO ACTOR: EL VERDADERO PODER FACTICO DE LA “CLEPTONARCOCRACIA”

 

 

 

   Para muchos fue otra de sus consabidas manifestaciones de poder sin límites, con rasgos histriónicos-totalitarios, el episodio mbareté en la “justicia electoral”.

Algunos consideran que el poder y la riqueza súbitos, y a cualquier precio, hace tiempo se le subieron a la cabeza a Juan Carlos “Calé” Galaverna, y que debido a ello se enfrenta incluso públicamente con el tendotá-í, y a la vez rencoroso y explosivo extremo, Nicanor Duarte Frutos (NDF), todavía presidente de la República.

¿Cuántas impertinencias más le seguirá aguantando Nicanor a Galaverna, su principal proveedor de “sapos”, los cuales día a día indigestan políticamente al “primer mandatario”? ¿Qué poderes ocultos tiene “Calé” sobre su aparente líder para que lo haya aguantado tanto?

Nada de lo anterior debe despreciarse. Y necesita ser completado con otros datos y mejores análisis.

Por el lado de Galaverna, al sobreactuar cada vez con más frecuencia el papel de “único” hombre fuerte en el desgobierno de desunión nacional, corrupto, raquítico y fragmentado del colorado Duarte Frutos, herencia del “marzo paraguayo”, solo pone en evidencia que “Calé” también ya empezó a despeñar. Aunque todavía insiste en trepar más, para seguir acumulando riqueza y poder…

Gal-Averno, como le denomina el autor de esta nota, inició tiempo atrás lo que podría convertirse en un abrupto descenso, desde las privilegiadas alturas hasta las que escaló, agachando siempre la cerviz a cuanto amo colorado de turno se lo requiriese, en el vacío de poder que subsiste desde 1989.

Nadie que se haya drogado con las emanaciones fétidas del poder absoluto es capaz de regresar pacíficamente al rancho y harapos de sus orígenes.

 

“¡Hijo de puta!”

   El vicepresidente primero de la Junta de Gobierno del oficialista Partido Colorado, Juan Carlos Galaverna, en una de sus últimas y cada vez más frecuentes explosiones de prepotencia política e incontinencia verbal, acusó de “…enemigo del Partido Colorado, vivo, jodido, pillo, inmoral, sinvergüenza e inescrupuloso”, y hasta de “hijo de puta…”, al presidente de turno del “Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE)”, Alberto Ramírez Zambonini, representante allí por la “cuota” del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), que muchas veces en su más que centenaria historia supo ser de verdadera “oposición”, sin las comillas actuales.

   El todavía mbareté Galaverna también es conocido como “Calé”, señal de popularidad para él, pero en realidad una ironía de la malicia popular, para recordarle al súbito y soberbio nuevo rico pos 1989 sus en extremo miserables orígenes materiales. “Calé” es diminutivo de “calesitero”, el más habitual oficio del marginal Galaverna de décadas atrás, que mataba el hambre cuidando el viejo entretenimiento infantil de la modesta “calesita”, la cual todavía hoy sobrevive en barrios de ciudades, y en fiestas patronales del campo.

   “Calé”, que también es líder en el Senado de la resquebrajada coalición colorado-nicanorista, aprovechando la sesión del 20 de diciembre de la Junta, la última del 2006, recurrió a violentos exabruptos para burlarse cruel y groseramente de Ramírez Zambonini, el habitual mascarón de proa (y “titular” rotativo)  del “TSJE”. Desde su nacimiento la institución siempre se sometió a los poderes fácticos de la politiquería local, con la complicidad desde 1989 de miles de “observadores electorales” extranjeros, turistas de lujo, en realidad.

Para deleite del “educado y democrático” auditorio que le escuchaba con fruición autoritaria, sus correligionarios de la Junta, Galaverna habló despectivamente del “chismorreo de (una) señora gorda”, refiriéndose a las denuncias de Ramírez Zambonini, según el cual fueron las presiones del polémico y lenguaraz, e influyente politiquero colorado hasta ahora, las que determinaron la destitución del jefe de la sección informática del “TSJE”, Ricardo Lesme.

Por supuesto: los colegas de Ramírez Z. en la mal llamada justicia electoral, Juan M. Morales (colorado) y Rafael Dendia (del casi desaparecido Partido Encuentro Nacional, PEN), le dejaron solo a su “presidente” cuando se escuchó el primer bramido de “Calé”.

Un senador fantoche, y fanático colorado nicanorista, Silvio Ovelar, intervino en apoyo de “Calé” y trató de “vieja plagueona” a Ramírez Z. Ovelar pareciera no haber aprendido nada en sus estudios de ciencia política en la UCA. ¿O es la Universidad la que falló en educarlo, académica y cívicamente?

Algunos de los muchos sobrevivientes dinosaurios stroessnerista-oficialistas, por ejemplo el “senador” Martín Chiola, y el miembro igualmente stroessnerista ortodoxo de la Junta de Gobierno, Ángel Barchini, manifestaron que el comportamiento de Galaverna fue “partidario” y no personal. La misma Junta de Gobierno respaldó en esa sesión al polémico Galaverna, aduciendo que Lesme se había convertido en instrumento de la oposición para montar un gran fraude en perjuicio del Partido Colorado, para las elecciones municipales del 19 de noviembre.

Como los colorados, en Asunción y gran parte del país, volvieron a “ganar” a una oposición más que fragmentada, incapaz de forjar una política de concertación democrática para llegar al gobierno, cabe presumir que el tal “fraude” pro-opositor nunca existió.

Las “trampas” electorales primitivas, elaboradas bajo la dictadura del recientemente fallecido general Alfredo Stroessner (1954-1989), fueron perfeccionadas y sistematizadas con profusión de dinero desde su derrocamiento, y con otros medios prebendarios, aunque el “TSJE” nunca lo percibió. En elecciones nacionales o municipales el fraude electoral tiene siempre predominante color colorado, del “ismo” que sea.

Lesme, desde luego, desmintió las denuncias en contra suya y manifestó que siempre había trabajado profesionalmente en la “justicia electoral”, sin aceptar presiones politiqueras. Conociendo a los “chicos malos” que son sus ministros jefes, lo de la independencia técnica de Lesme parece un mal chiste.

¿Por qué entonces la cívicamente peligrosa e inconstitucional agresión de Gal-Averno? En esa oportunidad actuó disfrazado de “compadrito” de tangos de salón.

Conociendo los genuflexos reflejos de los gerifaltes a quienes enfrentaba, para intimidarlos “Calé” no necesitó más que un facón de hojalata bajo el poncho fashion que suele lucir, y apenas un revólver de utilería. Recurrió a chicle mentolado para disfrazar el varonil “naco” (tabaco que se masca) del arriero que no le teme ni al diablo, sobre todo después de haber ingerido la “grapa” (la caña del gaucho) que pulveriza los estómagos refinados de quienes dejaron atrás la marginalidad de siempre, y para ahogarla solo beben escocés “etiqueta negra” y por lo menos de 12 años.

 

Miseria popular y lujos tribunalicios

Esta elefantiasica institución constitucional extra-poderes, la “justicia electoral”, desde hace tiempo se está convirtiendo en uno de los blancos del descontento y la ira ciudadanas.

Ocurre que el “TSJE” administra multimillonarios fondos del fisco, en concepto de subsidio electoral y de aporte del Estado para los partidos políticos. Además, la “justicia electoral” cuenta con miles de planilleros o personas que allí cobran sin trabajar ni asistir, gracias a sus padrinos politiqueros.

“En los hospitales públicos la gente muere por falta de atención y de medicamentos, y ya llega muy enferma y desnutrida. Tampoco mejoran la educación ni las inversión pública. Pero el `TSJE´ mal administró al menos USD 50 millones en los tres últimos años: entre su burocracia dorada, los planilleros y los partidos politiqueros. Es algo muy injusto”, dijo Julio M. Aquino, nombre ficticio del director de uno de los nosocomios del Estado, en los cuales además del dolor, hasta las aspirinas debe aportar el paciente.

La “justicia electoral” es coto de caza exclusivo de quienes tienen la sartén por el mango en la politiquería criolla. Desde su fundación, a partir de la Constitución de 1992, el entonces desconocido y fanático lainista Ramírez Zambonini representó allí al Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), al que se había afiliado algún tiempo atrás, solo por conveniencia.

Después de la matanza nunca investigada de jóvenes indefensos en el “marzo paraguayo” (1999), que precipitó la caída del presidente oviedista (e indeciso crónico como cualquier Fernando de la Rua del vecindario) Raúl Cubas, las relaciones de Ramírez Zambonini y el PLRA fueron de abierta obsecuencia y complicidad con Gal-Averno y los sucesivos oficialismos colorados, y el hoy en vías de extinción PEN. Por eso llama la atención esta ruptura con el más importante de los aliados politiqueros de “oposición”, el PLRA, que tenía en el “TSJE” cuanto colorado oficialista sentaba sus reales en el Palacio de López.

 

La “presa” de Galaverna

El defenestramiento del director informático Lesme fue ejecutado de manera disciplinada el 19 de diciembre, por los otros dos ministros del “TSJE”, el siempre oficialista colorado, y ex colaborador del ex dictador Alfredo Stroessner, Juan Manuel Morales, y el representante del ahora cuasi Partido Encuentro Nacional, Rafael Dendia, el cual habría aumentado su docilidad a los líderes nicanoristas en el gobierno por la ayuda económica que le prestan para tratarse de una grave dolencia, que no se descarta sea del bolsillo.

Según Ramírez Zambonini, en un principio Morales y Dendia habían hecho causa común con él, para oponerse a la autoritaria intromisión de Galaverna en la justicia electoral, la que se habría manifestado desde antes de las elecciones municipales del 19 de noviembre, y que incluso llegó a ponerlas en peligro. “Calé” aseguró que Lesme era su “presa”, dijo Ramírez Z. a los medios prensa, después del desenlace.

Pagando viejos favores, o creyendo que se harán merecedores de otros mejores, Morales y Dendia negaron cualquier presión originada en Galaverna o en su sector político, y sostuvieron que la destitución de Lesme se debió única y exclusivamente a su manifiesta incapacidad técnica. En ningún momento explicaron cómo es que el funcionario del área informática fue capaz de manejar su sector sin mayores problemas en una media docenas de elecciones previas, de diversa naturaleza.

 

El circo de la Junta

Para alguien, de la legión de sus detractores partidarios, o de las de cualquier tienda politiquera, Galaverna es un “cruel y consumado actor de telenovelas y culebrones politiqueros, y también capaz de cualquier cosa por mantenerse en el poder”. Sindicado además como uno de los impresentables e incombustibles mega-millonarios del pos 1989, el senador ahora nicanorista aseguró en una de tantas circenses sesiones de la Junta que el verdadero responsable de la destitución de Lesme no era él, sino Ramírez Zambonini.

Con tal motivo, explicó Galaverna a la Junta colora, y a la prensa después, ya antes de las elecciones municipales últimas, el titular del “TSJE”, el liberal colaboracionista, le había estado insistentemente solicitando una entrevista para que el citado senador colorado diera su visto bueno (¿?) a la destitución del funcionario técnico.

Pero el mismo Galaverna desmintió estas declaraciones públicas. En la sesión de la Junta “Calé” sostuvo que la cabeza del director de informática del “TSJE” fue exigida por los colorados a la “justicia electoral” a raíz de las manifiestas “deshonestidad y corruptibilidad” del director de informática. Era un funcionario “mediocre e incapaz”, agregó el senador Ovelar, un parlamentario (¿?) “peso pluma” del régimen actual, excepto cuando se trata de facturar.

Enamorado de su propia incontinencia verbal, típica de grotescos personajes feudales, y no de un senador democrático, Galaverna se explayó groseramente acerca de los pormenores del problema, y lo hizo denigrando siempre a Ramírez Zambonini, sobre cuya virilidad también manifestó dudas, causando esta habitual alusión machista gran hilaridad entre los mandones del coloradismo nicanorista.

El violador parlamentario de la “justicia electoral”, recurrió en todo momento a expresiones procaces:

“(El, Ramírez Z., quería hablar conmigo, pero yo no), porque lo conozco, además de sinvergüenza, ladino…, y mucho menos quería tener con él una conversación mano a mano por cierta fama que él tiene y a la que yo le tengo mucho miedo. Un muchacho joven (y) lindo pendejo (como yo), no puede exponerse a una situación así…”, narró sin pudor alguno Galaverna, desatando las carcajadas, y no la reprobación, de su auditorio.

Con esa actitud, el senador y cofrades del coloradismo nicanorista manifestaron no conocer cierto sabio refrán aplicable al caso: “Dime de lo que te jactas y te diré de qué adoleces”.

 

De la masacre al “fallo en llamas”

El conglomerado de conspiradores wasmosystas-argañistas-galavernistas y la seudo oposición, que integraron el PLRA y el PEN, siempre tuvieron en el “TSJE” a una entidad subordinada a sus planes.

Cuando el “marzo paraguayo” volvió a ensangrentar con sangre inocente a la historia patria, fue el entonces presidente de la “justicia electoral”, Ramírez Zambonini, representando al PLRA, una pieza fundamental para que inconstitucionalmente, pero con el impulso inicial del “TSJE”, y la bendición final de la Corte Suprema, el inimputable Luis A. González Macchi asumiera la presidencia de la República. Era lo que necesitaban los conspiradores antidemocráticos que derrocaron a la caótica y corta administración de Raúl Cubas, el títere-presidente de Lino Oviedo.

Todo hace pensar que ahora, la alianza neo-autoritaria y dedicada a la corrupción sistémica, la de wasmosystas, argaño-galavernistas y seudo-opositores, empezó a deshacerse. Por ejemplo,  González Macchi ya purga una condena (todavía de primera instancia) por delitos económicos. González Macchi, no debe olvidarse, integraba la “patota” de Gal-Averno en su condición de presidente “constitucional” de la República.

Esto ocurre cuando el mismo futuro senatorial de “Calé”, desde el 2008, encuentra resistencia en los entornos palaciegos del presidente Nicanor Duarte Frutos.  

En tal contexto, los áulicos del debilitado mandatario actual decidieron convertir a González Macchi en chivo expiatorio, un día antes de que se conocieran las sentencias “individuales” del tribunal público y colegiado en el conflictivo proceso iniciado a raíz de la tragedia del Supermercado “Ycuá Bolaños” (el “Cromagnon” asunceno), que estalló en llamas y explosiones en agosto de 2004, con un saldo de 365 muertos, centenares de sobrevivientes discapacitados y miles de deudos que también son víctimas de por vida.

Dos de las tres sentencias apenas encontraron benévolamente “homicidio culposo” en el proceder de los principales acusados, lo que dio origen a un estallido popular. Esa manifestación de ira ciudadana, al día siguiente, tuvo la mejor primera plana, entre los medios de la prensa escrita, en el diario sensacionalista Crónica, que tituló de manera acertada: “El fallo en llamas”, con reminiscencias literarias de una gran obra del mexicano Juan Rulfo.  

 

Envejecimientos y tensiones

Después de ser maltratado por Galaverna pareciera que Ramírez Zambonini envejeció decenas de años en estas últimas semanas. Como muchos otros altos funcionarios oportunistas y al servicio de los poderes fácticos, ya sabe que su tiempo de privilegiado burócrata muy bien pago, con lujosísimos vehículos, almibaradas recepciones diplomáticas, siliconadas secretarias, infinidad de invitaciones a viajes gratuitos pero con viáticos jugosos, etc., está llegando a su fin.

En su mismo partido, el PLRA, se desató de inmediato un internismo feroz,  para que otro “correligionario” ocupe el lugar que le corresponde a esa organización partidaria en el controvertido “TSJE”. No importa que los líderes liberales estén hablando de apoyar a Ramírez Z., e incluso de llevar su caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Abandonarán al correligionario caído antes que enfrentar a “Calé” y su patota colorada, y de yapa perder el privilegio de una curul en la “justicia electoral”.

Pero Galaverna tampoco es el mismo. Está envejecido, hinchado y con sobrepeso, y además ostentando señales de mala vida sobre todo en el rostro y partes visibles del cuerpo. Es que pareciera estarle tocando el turno de descender al infierno de sus orígenes de pobre solemne e intrascendente calesitero (empleado de la “calesita” de barrios humildes y del campo hambriento), de jugador enviciado por los naipes (de ahí otro sobrenombre suyo: tapete verde) y drogas legales (alcohol, cigarrillo, etc.), de locutor en fiestas pueblerinas o festivales folclóricos, y de eterno pechador de invitaciones para cafés interminables, cigarrillos, pasajes de ómnibus, etc.

De esa cotidianeidad salió Galaverna, algo más de un par de décadas atrás, después de haber sido un servidor de décima categoría del dictador Stroessner. Su voracidad y velocidad para acumular riqueza y poder se iniciaron en 1989. El es una manifestación viva del vertiginoso ascenso económico desde la politiquería, que lo convirtió en uno de la camada de los nuevos ricos de la “transición”.

Otros parlamentarios, Chiola, por ejemplo, y miembros de la Junta colorada, con parecidas pero no tan refinadas “virtudes” a las de Gal-Averno, igualmente tienen dudas acerca de cuán cerca y visibles los quiere Duarte Frutos en su camino al 2008. Todo hace pensar que el presidente abandonará la locura politiquera de su intento de reelección, por un plan “b”, menos explosivo y algo más seguro de alcanzar, la primera senaduría colorada, en el mejor de los casos.

Entonces, cuando la Junta apoyó a “Calé”, en realidad le endosó el costo político de lo del “TSJE” al Palacio de López, que no podía rechazar ese presente griego sin enfrentarse a la dirigencia colorada. También la Junta le remitió un claro mensaje a Duarte Frutos: “¡Cuidado con prescindir de nosotros que podemos darte muchos dolores de cabeza!”.

 

Ostracismo, conspiración, violencia generalizada

Una pregunta es si Galaverna aceptará de brazos cruzados el regreso a sus orígenes de don nadie, algo que inexorablemente le conducirá a la cárcel, una vez concluidos los innumerables procesos y querellas que le esperan para el segundo después de haber dejado obligatoriamente cualquier átomo de poder.

Un biógrafo no autorizado de Gal-Averno, a la espera de su defenestramiento para publicar el libro y convertirlo en “best seller”, cree conocerle muy bien, y de hecho es “muy amigo” suyo.

El sostiene, el escritor, que los descontroles del senador colorado, ahora nicanorista, son reales y no fingidos: se encontraría exasperado, en el límite de su capacidad de aguantar la ansiedad que le consume por dentro. En ciertos sectores más de base, los estallidos de Gal-Averno le sirven para demostrar que sigue teniendo poder, como en el caso “TSJE /Ramírez Z. / Lesme”.

Un gran conocedor de los mentideros politiqueros de Asunción, reconoce que su ataque al “TSJE” fue una victoria, pero pírrica, como otras últimas “conquistas” de Galaverna. Eso mismo le volvería más peligroso, capaz de llegar a cotas muy elevadas de irresponsabilidad política, de nuevo.

Y sentencia el biógrafo en espera del momento apropiado para lanzar su libro sin peligro: “El senador maleducado, antes de regresar a su lodazal de origen, recurrirá a una de sus muchas vanidades, la de creerse un Curzio Malaparte paraguayo, capaz de vivir una versión moderna de la tradicional obra del escritor italiano, hoy una antigualla: Técnica del golpe de Estado”.

No al estilo de antes, sino con legítimos estallidos populares, y con grupos de piqueteros-politiqueros bien organizados para sembrar el caos, agravar el vacío de poder y crear las condiciones para un recambio inconstitucional, como ocurriera en Argentina, con Fernando de la Rúa, y en Bolivia, con el también inefable Gonzalo Sánchez de Losada.

En tales países, Néstor Kirchner y Evo Morales después de serios estallidos e inestabilidad tomaron el gobierno. Aquí: ¿pretenderá hacerlo un marginal de la politiquería como Gal-Averno, el “calesitero”? No debe olvidarse que en la más que centenaria historia de nuestros dos partidos tradicionales, el colorado y el liberal, la inestabilidad de sus liderazgos siempre terminó en violencia generalizada.

Esta ya parece haberse iniciado larvadamente y discriminada, con los últimos y sucesivos homicidios de varios conocidos dirigentes colorados del interior y de nivel “mando medio”. Ninguno de los asesinatos ha sido resuelto, y en varios de ellos existen indicios fuertes de la presencia del crimen organizado.

En el Paraguay nicanorista de la falsa transición pos 1989 en modo alguno es descartable una verdadera guerra politiquera entre distintos sectores del verdadero poder actual, el fáctico cleptonarcocrático.

Esta violencia que acaba de manifestarse públicamente con el homicidio de personajes escogidos del oficialismo intermedio, puede conducir al país a un nuevo tipo de guerra civil: entre grupos de “mafiosos” que tienen subordinado al oficialismo colorado y pretenden hacer lo mismo con los demás partidos, en los cuales ya tienen infiltrados, al igual que en variados sectores de la sociedad.

El segundo centenario de la Independencia Nacional debe cumplirse en 2011. ¿Lo alcanzará el Paraguay como país soberano? La pregunta es pertinente, porque nunca antes en su historia, ni siquiera en la del doble genocidio (el interno y el externo) de la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870), el Paraguay corrió tanto peligro de desaparecer.

Hoy predominan la ingobernabilidad de un Estado que no existe y una sociedad que tiene más habitantes que ciudadanos, y que además ahora carece de identidad nacional. Esto último es grave, en un país que primero fue nación y por ello después se convirtió en Estado independiente, en una convulsionada Cuenca del Plata pos colonial.

 

 

 

 

          

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