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LA MEDIDA DE NUESTRAS PRETENCIONES |
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El país está saliendo de un sistema que fue opresivo y aunque funcionaban con libertad algunos periódicos, estábamos asfixiados por la ausencia de valores. Voy a explicar mi tesis. No había libertad de pensamiento porque la educación primaria cayó en manos de una sucesiva generación de maestros pertenecientes al coloradismo que mas bien orientaban la personalidad del niño hacia la obediencia o el sometimiento. A la universidad dirigía un cuerpo de profesores que era el eco del estilo político predominante. En sesenta años no surgió un solo talento pero sí aparecieron muchos distinguidos médicos, abogados, ingenieros que se hicieron mejores con el contacto de otros ambientes y volvieron aquí para dedicarse a las actividades privadas. La facultad de agronomía produjo centenares de técnicos que no tenían vocación agraria y llenaron las oficinas con burócratas. Los arquitectos no aplican sus técnicas en construcciones o urbanismo porque solo en Asunción se los requiere. En el interior no hay agua corriente, aire acondicionado ni estufas. Los ingenieros forman una legión de los mejores comerciantes del país. Saben hacer negocios de licitaciones, y son maestros en la composición de consorcios donde coexisten grandes y pequeños empresarios, que aportan influencia, vínculos o el portafolios que equilibra a los que poseen máquinas, mecánicos y los inspectores recibidores de obras mal ejecutadas. Hasta los poetas enmudecieron y los músicos siguen con Lucerito Alba. Pretendemos exhibir con estos trazos el ambiente cultural bastante atrasado. Y, bien, en este medio chato, surgen nuestras pretensiones que las medimos con las más ambiciosas de los pueblos evolucionados, sin comprender que lo que podemos hacer es lo que hicieron otros países en la etapa primaria de su evolución. No estoy predicando la resignación a una suerte inexorable sino la necesidad de comprender que en la fuerza de nuestra inteligencia y nuestros brazos están las posibilidades de romper esta especie de insuperable pobreza en que nos revolcamos. Conocemos nuestra miseria y los modos de salir de ella, pero deseamos que otros realicen el esfuerzo sostenido de arribar al bienestar. Los campesinos de Laterza Cue, a mi juicio, representan al paraguayo inmortal que adoramos. Esos campesinos sin tierras entregaron a unos brasileros los lotes adjudicándoles por el Indert y mientras los Brasiguayos trabajaban, los pilas tomaban tereré, repartiéndose el canon de arrendamiento de sus lotes. Si esta es ahora la representación del alma nacional estamos perdidos. Es necesario señalar entonces que nuestras pretensiones deben limitarse a lo que podemos hacer, de acuerdo a nuestra idiosincrasia, con nuestro tereré, nuestras picardías y nuestros campesinos sin tierra que son Maestros en la divulgación de la doctrina Marxista, mejores que los expositores de Derecho Político de la Facultad de Derecho o de los Partidos Políticos. De este medio cultural y social es de donde extraemos la dirigencia política y lógicamente que de ahí también salieron los colorados hoy en la llanura. Y son estos conductores los que deben señalar las fronteras de nuestras posibilidades de progreso para reducir la medida de nuestras pretensiones en lo que podemos hacer y aspirar con el desarrollo mental de nuestra población. La capacidad de nuestros dirigentes, y firmeza de atropellar las barreras que limitan nuestras posibilidades son los determinantes de nuestra expansión futura. Busco señalar que cuando escucho a los dirigentes del país, decir que mediante un golpe mágico pueden instalar industrias, construir casas, cultivar marihuana, promover la Reforma Agraria total, jubilar a amas de casa, hacer funcionar los transways, y cruzar el espacio nacional con ferrocarriles movidos a electricidad, todo, sin costo alguno a los sectores empobrecidos pienso que estamos soñando. La realidad es que el progreso tiene el costo de grandes sacrificios, inversiones de capital, suspensión de ciertos hábitos, y adaptaciones a las condiciones de modernidad etc., etc. El Gobierno que viene no ha mostrado aun sus uñas. Los futuros Mandatarios se están destiñendo en combinaciones intrascendentes. Falta la presentación de un gran personaje que sorprenda al país por una gran propuesta o un gran disparate que desate la risa, pero a lo grande. El país y la ciudadanía esperan de este prestidigitador que ha hipnotizado al pueblo, que de su manga no salga un ratoncito en vez del elefante que todos esperamos. Señores futuros mandatarios; cada día que nos aproxima al 15 de Agosto comprendemos mejor, que Nicanor y su séquito podíamos eliminar con el soplo del viento sur algo frío, y no sea que ahora los reemplazantes sean dimensionados con la misma vara mentirosa que no llega al metro entero. Es la medida de nuestra capacidad y no de las ambiciones la que debemos considerar. Juan G. Granada. Asunción, 14 de juLio de 2.008 |
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