LA DERROTA Y SUS CONSECUENCIAS


Juan G. Granada

Abogado
 

No hemos de remontarnos a casos muy celebres de guerras Internacionales en las que los Ejércitos derrotados soportan prisiones y después de vuelta a sus tierras son postergados como que no alcanzaron los éxitos esperados. Alemania de la última guerra, Los Balcanes en sus guerras en sus guerras intestinas y la Revolución de 1947 son los casos que tenemos a la vista.

Los efectos de aquel enfrentamiento del año 1947 produjeron nefastas consciencias en los dos frentes. La Dictadura se impuso militarmente a los Revolucionarios de Concepción y Morinigo infecto a sus aliados de su aliento totalitario y destruyo la nervadura democrática del coloradismo. Le responsabilizo de todos los actos de crueldad innecesarios cometidos por las fuerzas gubernistas. Los derrotados fueron al destierro recorriendo los países vecinos donde muchos quedaron a contribuir con la prosperidad de los acogedores de compatriotas expulsados por la intolerancia reinante en el territorio de los vencedores.

Sin detenernos sobre las guerras digamos que la derrota electoral del Coloradismo tendrá sus consecuencias ineludibles. El que condujo la campaña cívica adopto una estrategia equivocada y debe responsabilizarse de las consecuencias de su deliberada actitud divisionista y su empeño en ofender al periodismo, Zaherir a sus colaboradores, burlarse de sus correligionarios, restar protagonismo a sus adversarios. Si las internas eran para elegir candidatos y después reunirse entre todos para mantener la unidad del partido, ¿Cómo puede admitirse la burla a Castiglioni, el desprecio a Zacarías, anunciar que ni agua pasaría a un sediento y que a otros mataría de hambre, como decía el que ejercicio abusivamente el poder? Esto tiene su precio y se expresa con la exigencia de que se aparte el desatinado, del poder político partidario, porque mañana puede hacer peores cosas. Los que desean reunir al Coloradismo sobre la misma jefatura están hipnotizados y desorientados. Con un conductor que se aparta de lo que el sentido común aconseja, se busca unir lo que intencionalmente se ha desconocido sea por pedantería, o por altanería, pero no puede insistirse en el error de buscar la rehabilitación de un jefe de derrotado que era ganador seguro en la contienda electoral. Con una mínima tolerancia de otras opiniones para la codirección de la campaña contra adversarios dispersos, la victoria era segura.

Lo que se debe hacer es separarlo de la conducción. Si fabricamos pan y el personal quema la masa en el horno tenemos que apartarlo. Si se levanta un muro y sin tormenta cae la pared, se reemplaza al albañil y si con el partido más poderoso de América se pierde elecciones se debe alejar de la dirección al que no vale.

Y, ¿que hacer con el Ejército cívico derrotado? Enseñarle a vivir en Democracia que es lo mismo que convivir con las demás opiniones buscando la participación libre de nuestros compatriotas en las grandes y pequeñas decisiones que hacen relación al destino nacional.

Durante mucho tiempo, el porvenir de los jóvenes estaba encadenado a la afiliación al Partido Colorado. Solo así accedían a un puesto de la administración pública. Los Militares estaban obligados a afiliarse para ascensos y tener el comando de unidades militares y a lo largo del tiempo se convirtieron en guardia pretoriana, todo eso debe terminar. Para un partido político pareciera ser conveniente un crecimiento mediante afiliaciones arrancadas compulsivamente sin consultar con el neófito si comparte o no los objetivos o doctrinas del núcleo político al que se incorpora. Toda esa apariencia formada por un mundo hipertrofiado ahora llega a su fin. Los integrantes del partido desnaturalizado ya no se interesaban por la conducción del país sino de operar como Directores de una sociedad comercial teniendo los bienes del Estado sus manos mediante el sostén de grandes masas ciudadanas que concurrían periódicamente a renovar la confianza en los hombres de gobierno que no daban participación al pueblo en las cuestiones fundamentales del país.

Y, de un desencanto a otro, de una decepción a otra, el pueblo recibía información periodística, radial, televisiva del comportamiento egoísta de los empresarios de la política que simulaban interesarse del pueblo y solo buscaban un acelerado crecimiento patrimonial. La repuesta fue la abrumadora votación contra la conducta de Nicanor en la contienda electoral. La ciudadanía colorada consciente del derrumbe político con serena decisión se aparto de su dirigencia oficial y apoyo el cambio de gobierno, iniciándose así la alternancia de partidos en la conducción nacional. De paso ratifico su confianza en Castiglioni y Zacarías que son los intérpretes de la voluntad colorada actual. Quedan para la historia los sueños Virreinales de Nicanor, sus desafíos inoportunos y sus altaneros insultos a quienes no podrían alcanzarle. Ira a rumiar las amarguras en sus extensas tierras y mirando con envidia a los que llegan al sillón Presidencial donde abuso del cargo y olvido a su pueblo.

Dios salve al Paraguay de este cuervo que es replica del que tenía Allan Poc su biblioteca.

Juan G. Granada. 

Asunción, 18 de mayo de 2.008

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