NECESITAMOS UN PRESIDENTE JUSTO


Juan G. Granada

Abogado
 

 

      El oficialismo esta asombrado por los datos suministrados por las encuestas que sistemáticamente mantienen a Fernando Lugo con las más altas probabilidades de ser votado por la ciudadanía. 

Y se nota el esfuerzo personal, económico y partidario para despertar el entusiasmo por la candidata del Coloradismo y la respuesta es un tibio apoyo a quien no representa al “pynandi” porque no salió de la entrañas de un Partido que ha abandonado sus principios para entregarse al deleite del poder. No se escucho una sola voz colorada de protesta contra el imperio de la deshonestidad en la conducta pública y privada. Se promete salud y educación gratuita y trabajo para todos los sectores, pero nadie se atreve a plantear la honestidad. Todos aplauden el reparto de medicamentos que se venden después en las farmacias de barrios periféricos. Siempre hay ladrones en una cuidad, aldea o barrio, pero en pocos lugares como en Paraguay se tiene un santuario de peregrinantes donde se rinde culto a la viveza y al pillaje.

 

      Hace mucho tiempo que los Partidos Políticos dejaron de ser centros de un intercambio de ideas relativos a doctrinas, conferencias, o divulgación de experiencias como lo hacía frecuentemente el P.R.F. Los ensayos sobre la participación de masas en Brasil con Getulio Vargas, y en Argentina con Perón, dejaron de interesar a los orientadores del Pensamiento político y se reemplazaron las inquietudes intelectuales por la participación en movimientos obreros, o militancia en sectores sociales, hasta abandonar totalmente la formación y capacitación de dirigentes que pudieran ser los sucesores de la conducción partidaria. Esto condujo a la mediocracia a todos los Partidos.

Esto es tan cierto que llegada la hora de elegir un candidato a la Presidencia de la Rca, no encontramos alguien que llene las condiciones requeridas para tan alta Magistratura. Los que ahora disputan las preferencias electorales tienen grandes dificultades en materia de comunicaciones y exposiciones de programas o proyectos. No solo en el rango Presidencial se observa el déficit de formación; en las Cámaras Legislativas se abrieron las compuestas para que la avalancha arrastre la mediania que pretende llegar a ser Legisladores de asuntos muy complejos no todas las veces al alcance de cerebros pocas veces exigidos por esfuerzo de pensar.

No se crea que nos oponemos al surgimiento de gentes modestas a los rangos directivos, sino que en general la conducción política debe estar en manos de quienes conocen las ciencias sociales para lograr el avance de los procesos de crecimiento económico y transformaciones institucionales en un país desquiciado moral y materialmente, como Paraguay

Aplaudimos a los que buscan el reemplazo de políticos que se han eclerosado en el Gobierno. Pero, si no llevamos el aporte de la honestidad como condición fundamental no iremos sino a repetir vergonzosas claudicaciones y daremos lugar a nuevas decepciones de un pueblo abandonado por su clase dirigente. De nada servirán los grandes planes ni las medidas temerarias contra supuestos o reales factores anti populares. La experiencia desastrosa de

 

intentos revolucionarios sin las dosis de moralidad, en el caso de Antebi y Puerto Casado mostró que en el saqueo y despojo somos superiores a Didi Amín pero no el remedo de Lenin o de Mao Tse Tung. Apenas sus caricaturas.

No pretendo que los políticos que asumirán las responsabilidades después de estas pruebas, sean virtuosos como San Roque o como un Arcángel, sino un hombre sometido a las normas legales y morales que exige el medio en que vivimos. Solo aspiramos que no sea un codicioso ni un ambicioso como resulto ser el Dr. Duarte Frutos, hijo de la universidad pero que no ha recibido las aguas del bautismo espiritual para limpiar su alma de morbosas tentaciones.

El Candidato que substituya al actual Presidente debe contar con condiciones creíbles de moralidad sin ser un profeta ni un iluminado. Solo que gane la preferencia del pueblo para gobernar con el apoyo de una mayoría que asegure tranquilidad para tomar decisiones.

 

      Necesitamos un gobierno que libere al P. Judicial de una influencia perniciosa orientada a liberar a traficantes de drogas, amparar a delincuentes comunes que desprestigia y rebaja la función jurisdiccional. No es posible seguir alternando con estafadores y asaltantes de rutas en todos los medios sociales, políticos, económicos, culturales y deportivos. La sociedad Paraguaya esta empobrecida, pero más que eso, esta sin el soporte de vigencia legal, y confianza en autoridades o protección de los Derechos proclamados en la Constitución.

Vivimos a la deriva, hasta que un atrevido nos atropelle, nos exija dinero como coima, o nos libere de una multa creada por arbitrariedad y a nadie sorprende que los Agentes de transito están al acecho con un “cepo” listo a desatar o que un funcionario actué a nombre del Estado pero en beneficio propio etc., etc.

 

      Todo esto debe terminar o bien nos espera una servidumbre política de la que no saldremos sino desgarrando nuestra humanidad. El nuevo Gobernante debe tener templanza para soportar reclamos plañideros, fortaleza para resistir tentaciones de dinero y de pasiones humanas, tener pocos amigos y buenos asesores, debe contar con funcionarios con quienes examinar la marcha del país, estar protegido en su aislamiento para consultar con su conciencia, y, rectitud para aplicar sanciones que no sean su propia voluntad sino de la Ley. El país espera un Presidente justo.

Juan G. Granada. 

Asunción, 23 de abril de 2.008

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