LA IGLESIA HACE JUSTICIA A FERNANDO LUGO


Jorge Darío Cristaldo

Abogado

 

                                                              

 

Jorge Dario Cristaldo

 
Demostrando ser una madre comprensiva, amorosa y sabia - como lo es naturalmente toda auténtica madre – la Iglesia Católica, mediante un decreto de la Congregación para los Obispos, expresa la decisión del Sumo Pontífice, Benedicto XVI, de reconsiderar la sanción a divinis que le impuso a Fernando Lugo en enero del 2007, y, finalmente, decidió otorgarle la pérdida del estado clerical, con la consiguiente dispensa de los derechos y obligaciones inherentes a ese estado, previstos en el Código de Derecho Canónico vigente.    

La medida, - sin precedentes en la historia de la Iglesia, según el Nuncio Orlando Antonini - pone final y definitivamente las cosas en su lugar, haciendo justicia a Fernando Lugo y al pueblo paraguayo que lo eligió Presidente de la República en las elecciones del 20 de abril.

Al recuperar su estado laical por decisión papal, se cierra el círculo de la habilitación plena de Fernando Lugo, obtenido conforme con el artículo 24 y concordantes de la Constitución, cuando renunció públicamente a su condición de ministro de la Iglesia Católica en diciembre de 2006.

 
Para ser candidato habilitado a la presidencia, le bastó a Fernando Lugo aquel acto unilateral de voluntad libremente emitido; pero para  el Derecho Canónico Fernando Lugo seguía siendo obispo católico; ahora el Presidente electo también dejó de ser ministro de la Iglesia Católica, mediante el decreto  del 30 de junio del 2008.

Como ocurre con cualquier decreto dictado por autoridad legítima, el de la Congregación para los Obispos contiene dos partes: una situación de hecho que le sirve de precedente fáctico y una consecuencia de derecho que la justifica.                  

Los hechos son evidentes: la renuncia pública de FL, su candidatura presentada por el PDC a la APC, su incuestionable y arrollador triunfo electoral. Pero también otros no tan evidentes: la necesidad de separar la gestión política de FL de toda contaminación religiosa; la conveniencia de reconocer a FL la mas amplia libertad en el ejercicio del poder; y garantizar el derecho de la jerarquía eclesiástica y a los católicos a criticar libremente a FL por las acciones de gobierno que pudieran ser consideradas contrarias a la doctrina social de la iglesia.

 La reconsideración de la sanción con concesión de más de lo pedido, reconoce y valora con comprensiva ecuanimidad los hechos consumados, juzgados desde el prisma del bien común del Paraguay, y no solo en razones económicas y pastorales.

 Esa consecuencia jurídica supera dogmatismos hermenéuticos conservadores,  pues el caso no está expresamente previsto en el Código de Derecho Canónico; “se aceptó (su renuncia) porque el pueblo lo ha elegido, y se ha reconsiderado su petición porque no es compatible su estado clerical con la Presidencia de la República”, explicó Orlando Antonini, en un preciso lenguaje jurídico y diplomático que enaltece al Nuncio Apostólico.

 
Benedicto XVI actuó en el caso como debe hacerlo siempre un autentico juez de la Iglesia, analizando con detenimiento los elementos fácticos, y juzgarlos en función de valores y principios que están mas allá y por encima de los mismos cánones.

El Papa justifica a Fernando Lugo “por el bien del país”,  “porque el pueblo lo eligió”, demostrando así su respeto y aprecio por la democracia, porque “la voz del pueblo es la voz de Dios”. El decreto que excusa y exculpa a Fernando Lugo denota un sentimiento de admiración y amor hacia el hombre que sufrió sudor y lagrimas cuando decidió renunciar a los privilegios del estado clerical, para lanzarse a las arenas movedizas de la política, donde muchos sucumben y pocos se salvan.

 

Benedicto XVI demostró sabiduría, iluminado por el Espíritu Santo, cuando exhorta a Fernando Lugo “a ser fiel a la fe católica en la que fue bautizado y a llevar una vida coherente con el evangelio”, pues conoce que toda acción política es siempre polémica, criticable y susceptible de error; pero que una fe profunda y sólida en Dios, revelado en el evangelio de Jesucristo, puede ayudar a Fernando Lugo a conducir la nave del estado y a orientar al pueblo paraguayo, hacia nuevos horizontes de progreso, de justicia y de paz.

Jorge Darío Cristaldo


Asunción, 11 de agosto de 2008

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