SOBERANÍA VS. DEMOCRACIA (V) FINAL
Volvamos a la arena, los gladiadores no se jubilan


Artículo número 100 y su estrella

Gonzalo Quintana
Ex-senador nacional
Miembro del directorio de C.E.N.D.A.
   


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La democracia que los paraguayos adoptamos y establecemos en nuestra Constitución es una forma de gobierno que responde a las ideas centrales de que el hombre es libre, que la soberanía radica en el pueblo y que por medio del sufragio eligen un gobierno para administrar los valores tangibles e intangibles de una nación ejerciendo el poder en el marco estricto e infranqueable establecido por la Constitución y las leyes.

Cualquier funcionario que ejerce una función pública, electo o no, pierde autoridad cuando ejerce el poder fuera de esos límites y los ciudadanos tenemos derecho a no respetar sus decisiones porque la autoridad de los funcionarios no deviene de su voluntad sino que de la ley. Esta simple formulación define lo que es el Estado de Derecho establecido en el PRIMER ARTÍCULO de la Constitución, el artículo de apertura desde el cual se desarrolla todo el resto.

El preámbulo expresa claramente el propósito con el que el pueblo paraguayo establece la Constitución. “Con el fin de asegurar la libertad, la igualdad y la justicia, reafirmando los principios de la DEMOCRACIA REPRESENTATIVA (…) ratificando LA SOBERANÍA E INDEPENDENCIA NACIONALES (…) sanciona y promulga esta Constitución”.

Esta democracia tiene plena protección y garantía internacional con los instrumentos internacionales de la OEA y de Ushuaia I que entiende la democracia tal cual entendemos los paraguayos y nuestra Constitución.   

El acuerdo de la OEA refiere y describe íntegramente la democracia representativa al que se comprometen los Estados Americanos.   

Pero, nuestra democracia, por la que tantos héroes anónimos lucharon –perdieron bienes y salud, muchos perdieron la vida– fue distorsionada por una camarilla policromática, que aprovechándose de la ignorancia y la falta de tradición democrática de nuestro pueblo, logró desfigurarla al punto que hoy hay más confusión que convicción, más cálculo que causa o compromiso.

Los partidos están cada vez más lejos de sus principios y más sometidos a los apetitos y ambiciones desmedidas de los que controlan sus estructuras.  

Los gremios, las asociaciones y los ciudadanos en general se desenvuelven casi de manera idéntica, construyendo una comunidad nacional que está inmovilizada por la confusión y la desorientación (planeadas), la indiferencia, la picardía o la comodidad.

Como consecuencia, un pequeñísimo grupo, insignificante por su número y valores intelectuales, éticos y morales de la izquierda radical liderada por un ser sin moral como Fernando Lugo, desarrolla en el campo político y desde la más alta magistratura de la República todas las acciones para violar nuestra Constitución con éxito y sin consecuencias (desde su preámbulo hasta las disposiciones claves para nuestro proceso de consolidación democrática).   

Fernando Lugo no representa el cambio y lo venimos advirtiendo desde el 2007, sino el quiebre más dramático de nuestro proceso iniciado en 1989, que tuvo dos hitos posteriores fundamentales. La Constituyente de 1992  establece la democracia representativa como sistema político y la economía social de mercado. Luego, las elecciones de 2008 en las que un gobierno electo por el pueblo transfiere el poder, pacíficamente, a otro de signo contrario, a un adversario. Sin heridos, sin muertos con una enorme satisfacción íntima de que podemos convivir en paz y democracia.

Fernando Lugo reconoció las debilidades institucionales e individuales del Estado, los partidos y las organizaciones intermedias y hasta se dio el lujo de anunciar lo que quería y solo disimular, de tanto en tanto, sus objetivos cuando empezaba a mostrarse muy evidente. Los disimulos los tiene que asumir porque sabe que en el Paraguay no aceptaremos la forma de vida que ofrece la tiranía marxista, llamada Socialismo Siglo XXI que él representa en el Paraguay.   

La historia de la humanidad está a favor de estos simuladores. Si los alemanes no se dieron cuenta quién y qué representaba Hitler, si los ingleses le creyeron a Chamberlain y no a Churchill, y si los demócratas de Venezuela nunca creyeron las advertencias sobre Chávez, en Paraguay no debe sorprendernos que nada se haga para preservar nuestra libertad.  

Fernando Lugo y Jorge Lara Castro expresaron con su firma su ideología. Ushuaia II es el protocolo para la democracia participativa chavista y para volver al absolutismo en el que la soberanía no está en el pueblo, sino que en el (príncipe) Presidente. Por eso no les sirve ni OEA ni Ushuaia I.   

Entonces, como ellos PREFIEREN la democracia chavista, la tiranía del Socialismo Siglo XXI, entregan nuestra soberanía. Solamente con el marxismo la democracia es incompatible con la independencia y la soberanía de las naciones.   

Los que juraron velar por la vigencia de la Constitución, como los congresistas, de no aplicar las sanciones serán igualmente responsables y cómplices del peor delito político: la traición a la patria.   

En estas condiciones debemos estar listos, y lo estamos, para volver a recuperar la democracia de las garras de la tiranía. Así es que, a los compañeros que nos guiaron en la lucha: VOLVAMOS A LA ARENA, LOS GLADIADORES NO SE JUBILAN.

Y como siempre, en esta tarea estaremos de todos los partidos porque esto está mucho más allá de los colores.


Anterior entrega.


 

Gonzalo Quintana

 Asunción,  26 de Enero de 2012


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