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La Alianza
Patriótica para el Cambio (APC) con Fernando Lugo a la cabeza
desarrolló la campaña electoral sobre la base de una idea fuerza: “la
alternancia”. La gente compró la idea, inclusive vastos sectores del
propio Partido Colorado reconocieron la necesidad de un cambio como
condición necesaria para sacar al país de entre los más atrasados del
planeta, pero sobre todo querían infligir una derrota electoral a
Nicanor Duarte. La oposición gana las elecciones, el Gobierno reconoce
la victoria del adversario y se procede al traspaso democrático del
poder sin ningún tipo de inconvenientes. Hecho histórico, había mucho
margen para la esperanza.
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El
traspaso del Gobierno a una fuerza opositora puede y debe clausurar la
etapa de la dictadura con elecciones periódicas. Por fin los paraguayos
formalmente podríamos afirmar que la declaración constitucional “La
República del Paraguay adopta para su Gobierno la democracia
representativa, participativa y pluralista…” (Art. 1) y “El pueblo
ejerce el Poder Público por medio del sufragio..” (Art. 3) era una
realidad.
La gente sin lugar a dudas quería un cambio de Gobierno en el marco de
la democracia típica, la que establece nuestra Constitución. Pero,
asumido el nuevo Gobierno, muy pronto la idea de cambio asociada a la
alternancia como punto central es abandonada y empieza a instalarse una
nueva idea de cambio. Desde ese momento la certeza de la consolidación
de la democracia mediante la alternancia se convierte en una
inquietante incertidumbre sobre el contenido, nunca explicado
oficialmente, de la idea del cambio.
LA
DEMOCRACIA PARTICIPATIVA en América Latina.
El presidente Lugo, como ya lo vimos, es un ferviente partidario de la
“democracia participativa” o de la “real democracia” como él lo
describiera: “Estamos llegando a construir el socialismo del siglo XXI,
un socialismo fresco y nuevo, impulsando la democracia participativa, o
sea la real democracia…”.
Leonardo Boff, uno de los ideólogos de la Teología de la Liberación y
referente importante en la formación del ex obispo Fernando Lugo, dijo:
“Yo creo que la democracia burguesa es la DICTADURA de la clase
burguesa. Tiene muchos partidos, cambia de manos el poder, pero la
estructura del poder no cambia nunca”.
Si observamos el comportamiento de los países que lideran el proceso de
construcción de la democracia participativa como Ecuador, Bolivia y
Venezuela, podemos establecer fácilmente las principales
características del modelo y su diferencia con la que adopta nuestro
sistema constitucional, que es la Democracia Representativa.
1). En la Democracia Representativa (DR), el pueblo elige a las
personas que en su representación ejercerán el Poder Político mediante
las elecciones que periódicamente se realizan; en este sistema los
partidos políticos son la base organizacional. En la Democracia
Participativa (DP) se pretende que esa representación la ejerzan las
organizaciones sociales en un sistema más “directo” de participación,
pero que hace muy difícil identificar la veracidad –no hay elecciones
fiscalizadas– de la invocación permanente “en nombre del pueblo” o en
nombre de “las grandes mayorías populares” que hacen sus dirigentes.
2). En la DR la representación se ejerce en el marco de un diseño
institucional establecido en las leyes. La institución de
representación por excelencia es el Parlamento, el Congreso Nacional, y
en los niveles subnacionales las Juntas Departamentales y Municipales.
La DP, en cambio, apuesta a las asambleas populares, las audiencias
públicas, etc., como el ámbito de las decisiones comunitarias de
observancia obligatoria.
3). En consecuencia, en la DR los ciudadanos reconocemos a nuestros
representantes la facultad de imponernos normas de conductas a través
de la ley. Si el Congreso sanciona una ley y el Presidente la promulga,
debemos cumplirla desde el momento que entra en vigencia y mientras no
sea derogada. Es decir, podemos saber qué podemos y qué no podemos
hacer. En la DP las cosas son menos predecibles porque la ley tiene un
valor relativo, depende si es conveniente observarla. El presidente
Lugo había dicho que “no se debe morir por la ley, hay que observarla
si conviene”. Es decir, qué podemos o no hacer depende de lo que decida
“la asamblea” o “la audiencia pública”, etc. De esta manera las
organizaciones sociales comparten el rol “legislativo”, por llamarlo
así, con el Congreso.
En nuestra incipiente experiencia de democracia participativa, el rally
del Chaco y el intento de impedir el cultivo de la soja en Vaquería son
buenos ejemplos para entender la diferencia. La realización o no del
rally se pretendió que dependa de la resolución de las “audiencias
públicas”.
En Vaquería se preguntó si había una ley que prohíbe plantar soja, la
respuesta fue “no, pero la comunidad no lo va a permitir porque
envenena el ambiente, a la gente y sus animales”.
4). En la DR tenemos un claro régimen de división de poderes. En la DP
hay una mayor concentración del poder en el Presidente permitiéndole
ciertas funciones legislativas e inclusive judiciales. Por eso la
reforma constitucional es imprescindible.
Al votar a Lugo no se votó por el cambio de sistema ni del régimen
constitucional. Ejercer el poder al margen del modelo constitucional
actual convierte la legitimidad de origen del Presidente en ejercicio
ilegítimo del poder en las actuales circunstancias.
PROXIMA
ENTREGA: Economía social de mercado vs. Socialismo Siglo XXI.
Gonzalo
Quintana
Asunción,
21 de noviembre de 2.008
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