MISERABLES


Edwin Britez

                                   Periodista

            



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Discrepo con la línea editorial de este diario (abc.com.py) con respecto a que el único propósito de las transferencias monetarias condicionadas (TMC) es crear zánganos, que solo sirven para hacer que los pobres extremos sean dependientes del presupuesto nacional, en vez de crear fuentes de trabajo para ellos.

Debemos partir de la base de que el pobre extremo es un miserable cuya caracterización más representativa es que no gana lo suficiente para comer todos los días, o sea que su ingreso diario es inferior a un dólar. En estas condiciones está el 19% de la población, alrededor de 1.200.000 personas, entre niños, adultos y ancianos.   

Un miserable no solo carece del acceso a la alimentación básica diaria sino además carece de medios para acceder a la educación y a la salud elementales, por tanto carece de los conocimientos y habilidades básicas para trabajar. La precaria salud y la baja escolaridad les restan oportunidades para competir, para tener iniciativa propia, discernir y más aún para asumir los riesgos y desafíos propios del progreso personal.   

¡Quién daría trabajo serio y seguro a una persona desnutrida, desconcentrada, sin fuerzas ni ganas siquiera de prestar atención a su propio aspecto personal, sin disciplina laboral y menos aún experiencia, ya que el día a día le obliga a realizar diversas cosas, de acuerdo con las “oportunidades” que vayan surgiendo¡   

Hay ciertamente algunas cosas que un miserable puede hacer, pero sus tendencias naturales son la vagancia y la delincuencia. Y como no se puede pedir y menos exigir a las empresas privadas que les tengan paciencia, corresponde al Estado intervenir directamente para tratar de sacarlos de ese estado y colocarlos por lo menos en un estadio de pobreza, ya que a cambio del dinerito que reciben deben buscar trabajo, enviar regularmente a sus hijos a la escuela y a hospitales.   

Las TMC fueron creadas para tratar de resolver el problema del puente, de pasar de la extrema pobreza a la pobreza y como metodología de trabajo cuenta inclusive con el aval de los bancos multilaterales y se tienen además experiencias exitosas en países de la región,

Desde mi punto de vista, el problema no son las TMC sino quienes las aplican. Ya sabemos que deben ser temporales y no eternas, pero en Paraguay nadie sabe a ciencia cierta hasta cuándo se otorgarán estos subsidios y las respuestas que se dan al respecto carecen de credibilidad, casi siempre son discursos y no resultados de una planificación articulada entre instituciones.   

Coincido, por otra parte, con la línea editorial de ABC cuando señala que las TMC forman parte de un esquema de proselitismo, y no lo hago por una simple presunción sino por los resultados concretos del programa. Durante el actual gobierno aumentó la cantidad de subsidiados de 15 mil a 95 mil familias, sin embargo en ese mismo lapso, la pobreza extrema subió 0,5%.   

Lo lógico es que al inyectar dinero en el terreno de la extrema pobreza, en tres años haya menos miserables en Paraguay, pero en cambio aumentaron, lo que significa que la institución que aplica el programa es ineficiente, ha fracasado.   

Se busca atribuir la causa del fracaso a la resistencia del Congreso a otorgar los fondos necesarios, pero este elemento monetario no puede ser el eje sino un componente secundario en la historia. Finalmente la plata siempre llegó, tarde, pero llegó, como creo que llegarán los 55 mil millones que aún faltan para el 2011.   

El problema de fondo radica en el tinte político, que comienza con la designación al frente de la entidad de un activista político, pasa por la existencia de asistidos que no reúnen las condiciones y el destino que los beneficiarios dan al dinero, más la falta de un control eficiente. 



 

Asunción, 09 de enero de 2012

 

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