VANIDAD DE VANIDADES |
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Enrique V. Cáceres Rojas |
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Derramamos toda la tinta de la corrupción sobre el último de los gobernantes olvidando que éste es apenas el hijo del derrocado Bruto, mas nunca nadie se ha preocupado por deshacerse de todos los hijos de Bruto... Quien
trate de descifrar la caída inminente de las fichas de dominó y sus
efectos, es mantenido bajo estricta reserva porque quienes detentan
el poder temen hacer conocer la cruda realidad de los hechos. El
drama del gasoil es apenas un ejemplo de las consecuencias de
considerar, desde tiempos inmemoriales, a la empresa estatal PETROPAR
y a su antecesora REPSA, como la "caja chica" de los
gobernantes de turno. Entonces,
la percepción de la ciudadanía hoy acerca de que el actual gobierno
es el más corrupto y el de la dictadura el de menor exposición al
flagelo tiene su respuesta simplemente en la ignorancia de un pueblo
al que la clase política le conviene mantenerlo en el olvido y
desconocimiento de los hechos. Ningún
gobierno, que se recuerde desde 1954, puede tildarse de impoluto. Entonces, ¿cual ha sido el factor motivador del cambio en la percepción de la gente sobre la corrupción y sus gobernantes? Simplemente que antes del 2 y 3 de febrero de 1989 los paraguayos vivíamos rodeados de hampones con padrinos disciplinados que tenían como misión distribuir ordenadamente las joyas recogidas por medio del uso y abuso de bienes malhabidos, tanto públicos como privados. Pero
llegó la primavera democrática y con ella también se democratizó
la corrupción a tal punto que del pulcro estilo propio de Vito
Corleone se pasó rápidamente al desaliñado pistolazo más
consustanciado con el bandidaje del viejo oeste americano. Estamos
inmersos en la vanidad y olvidamos el pasado, vivimos el presente y
no nos preocupamos por el futuro. Y es
así como se derrama toda la tinta de la corrupción sobre el último
de los gobernantes olvidando que éste es apenas el hijo del
derrocado Bruto, mas nunca nadie se ha preocupado por deshacerse de
todos los hijos de Bruto. Cuanta
falta hace guardar bajo la almohada al "Príncipe" de
Maquiavelo y noche a noche disfrutarlo, cuanto menos, con una breve
lectura. Acápite: Derramamos toda la tinta de la corrupción sobre el último de los gobernantes olvidando que éste es apenas el hijo del derrocado Bruto mas nadie se ha preocupado por deshacerse de todos los hijos de Bruto. Asunción, 16 de julio de 2.008
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