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COOPERATIVISMO Y POLÍTICA |
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Catedrático de la Universidad Comunera de Asunción y del Instituto Interamericano de Ciencias Sociales Miembro del Comité Editorial de la Revista Takuapú Asesor del Comité de Educación de la Confederación Paraguaya de Cooperativas
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Según el distinguido cooperativista Jose M. Fernandez y Duque, el Rector de la Universidad de Sherbrooke (Canadá) --uno de los principales centros de estudios de la economía social a nivel mundial--, señaló en el Foro Cooperativo del año 2006, que el cooperativismo puede manifestarse en cuatro niveles: (i) el cooperativista, esto es, la persona asociada a una empresa cooperativa; (ii) la cooperativa, que es la empresa socioeconómica democrática y autogestionaria de bienes y servicios; (iii) el movimiento cooperativo, que agrupa a las instituciones cooperativas, y, finalmente, (iv) la movilización de las fuerzas cooperativas en un proyecto de sociedad.
Este último nivel trasciende el cooperativismo como estrategia empresarial socioeconómica autogestionaria, y se manifiesta en la elección de la cooperación como valor central de la vida de una sociedad. De modo que convoca no sólo a cooperativistas, cooperativas y movimiento cooperativo, sino a las personas, organizaciones, empresas, movilizadas por el valor de la cooperación. Esta movilización social es, pues, amplia e incluyente.
El Paraguay cuenta con el segundo movimiento cooperativo a nivel mundial, si se considera el impacto del sector en relación en la economía, siendo sólo superado por Alemania. Los indicadores socioeconómicos hablan de la vitalidad de un sector que crece sostenidamente en un proceso no exento de dificultades internas y de presiones externas. Nacido como cooperativismo de producción agropecuaria, el cooperativismo paraguayo se consolidó cuando se desarrollaron las actividades de ahorro y crédito: hoy, se abre incipiente pero promisoriamente a nuevas áreas: vivienda, trabajo asociado, consumo, servicios, salud, comercio justo, etc. Un millón de personas asociadas confirman la aceptación de que goza la propuesta cooperativa. Las cooperativas de Chortitzer, Colonias Unidas, Universitaria, Sommerfeld, Medalla Milagrosa, COOMECIPAR y San Cristóbal se encuentran entre las 40 cooperativas más grandes del mundo en desarrollo (si se desea ratificar esta información puede visitarse el proyecto 300 Developing, en el sitio web de la Alianza Cooperativa Internacional).
En el mundo, empresas cooperativas de diversa naturaleza participan activamente de la provisión de servicios públicos, inclusión de personas con capacidades diferentes, comercio justo, protección y promoción del ambiente, certifican sus procesos de calidad de gestión, etc.
Por todo ello, sorprende la pobre visión de las relaciones entre cooperativismo y desarrollo que exponen las diferentes propuestas electorales que en nuestro país competirán en abril del corriente año. A la luz de nuestra premisa inicial, la Cooperación forma parte de un proyecto de sociedad; y ésto, con matices más o menos visibles, se reproduce también en el discurso político: una sociedad más incluyente, más solidaria, etc. Pero ello implica plantear la incidencia del cooperativismo en particular, y de la cooperación en general, como una estrategia transversal a todas las políticas públicas. Y es aquí donde las opciones políticas "muestran la hilacha".
En todas ellas, aparece el cooperativismo vinculado a la Reforma Agraria, pero no a la globalidad del proceso de Reforma agraria, sino sólo a un aspecto: el asociativismo empresarial. En este sentido, las propuestas de ANR, UNACE y la Alianza son ambiguas, carecen de concreción. El Partido Patria Querida es más profundo en este nivel de planteamiento. Explica más claramente cómo el proceso de cooperativización supone cambios en el capital social, en el cultural; así como la mejoría de los ingresos de las familias. Las demás (ANR, UNACE, Alianza) son propuestas básicas: cooperativismo para evitar la intermediación de los acopiadores o gestores, etc. que es el nivel más primario de cooperación.
Pero ninguna propuesta (ni la del PPQ) considera seriamente la participación del sector cooperativo en la provisión de servicios públicos (electricidad rural, mantenimiento de caminos rurales, telefonía rural, etc.) en un proceso de Reforma Agraria, aun cuando estén dadas las condiciones para hacerlo; o en el ataque al desempleo a través del estímulo a las cooperativas de trabajo asociado, que requieren de legislación específica, tal como existe para las cooperativas de vivienda. No se habla de transferencia o incorporación de tecnología a costos cooperativos. Ninguna propuesta, por ejemplo, piensa en que la cooperación como valor y estrategia de desarrollo puede servir para paliar el déficit de cobertura de salud.
Para las cooperativas de ahorro y crédito, vivienda, etc. la alusión es nula. ¿Acaso no podría el estado facilitar la creación de una banca cooperativa para canalizar los recursos del cooperativismo al desarrollo? Ya ni hablar de la ausencia del cooperativismo en propuestas relacionadas con la reducción de la pobreza urbana, o en la reducción de costos de servicios urgentes.
Todo esto resulta más sospechoso cuando todas las propuestas hablan de la generación de empleo mediante profundas reformas estructurales de la economía, o mediante megainversiones de infraestructura... en ninguna de las cuales se contempla la participación del sector cooperativo aun cuando éste, por sus características, podría generar un efecto redistributivo inmediato y un incremento de la confianza por el grado de control al que las cooperativas están sometidas. Por otra parte, el dinero cooperativo, nacional, no huye antes las crisis. Todas hablan de "tercerización", "concesión" o "capitalización", pero ninguna referencia a las cooperativas, aun cuando el activo de las cooperativas en el Paraguay representa entre el 18% y el 20% del PIB.
Las propuestas económicas de las candidaturas son, en general, conservadoras. Y en ellas, el cooperativismo presentado es sumamente limitado y conservador: representa al ambulancia que rescata a los heridos, en una acción voluntaria, pero esto es sólo parte de la verdad. Se ignora el potencial transformador del cooperativismo en particular y de la cooperación en general. Y puede hacerlo: recientemente, el Presidente del INCOOP, Ing. Antonio Ortiz Guanes, señaló que el desafío del movimiento paraguayo había sido exitosamente superado en tiempos de crisis (la crisis bancaria de los años '90), y que ahora, el nuevo desafío, es ser competitivos ya acabada la crisis financiera.
El cooperativismo en el Paraguay y en el mundo ha representado la inclusión social y económica, en democracia, para más de 800 millones de personas, y aunque no pueda solucionarlo todo, bien vale la pena apostar a la única estrategia asociativa que se ha sostenido en el tiempo, con recursos propios, provenientes de "gente común, haciendo cosas extraordinarias".
David Rafael Velázquez Seiferheld
Asunción, 13 de marzo de 2.008
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