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CARTA ABIERTA: ¿POR QUÉ LA POLÍTICA? |
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Catedrático de la Universidad Comunera de Asunción y del Instituto Interamericano de Ciencias Sociales Miembro del Comité Editorial de la Revista Takuapú Asesor del Comité de Educación de la Confederación Paraguaya de Cooperativas
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Queridos amigos, queridas amigas:
Como buena parte de ustedes sabe, tomé la decisión de participar activamente las elecciones internas del Partido Colorado, que se realizarán el próximo 16 de diciembre. Integro el Movimiento Frente Colorado, liderado por Luis Talavera Alegre, y me candidato a Diputado por Asunción, en el primer lugar de la Lista 15.
No fue, como imaginarán, una determinación sencilla: mi vida pública alternó entre cargos públicos y privados, y actividades independientes. El hilo común de tantas iniciativas fue participar activamente de procesos sociales y culturales para construir y fortalecer el sentido de ciudadanía en nuestro país.
Como resultado de todo ello, establecí un mundo muy rico de relaciones reflejado en los destinatarios y las destinatarias de estas líneas, todas personas que se destacan en la tarea de construir ciudadanía; o bien en sus respectivos campos profesionales y/o me han acompañado en momentos gratos y difíciles con su amistad, afecto y cariño familiar. De la mano y del saber de ustedes intenté e intento (y seguiré intentando) nutrirme no sólo de inteligencia, sino, muy especialmente, de integridad.
También recuerdo en este momento a personas que influyeron grandemente en mi vida y que ya no están con nosotros: mi madre, Lily, cuyo ejemplo conocí de boca de numerosos testimonios; mi tío Alfredo, la primera persona y la que más influyó en la preocupación por nuestro Paraguay "al que dedicó los mejores años de su vida"; mi abuelo Rafael, un hombre que vivió la vida con una humildad excepcional; y mentores intelectuales, especialmente Adriano Irala Burgos, Miguel Chase Sardi y Elixeno Ayala.
De modo que la determinación no ha sido sencilla. Sé que quien ingresa a la política ingresa a mundo complejo, complicado; y en el caso paraguayo, plagado de corrupción, viciado de "electoralismo" en el que el votar se volvió casi ritual y que por lo mismo aleja a los y las jóvenes de la tan noble actividad.
Pero lo hago con la convicción de que hoy en el Paraguay la renovación de la política consiste en la renovación de las ideas; y la renovación de éstas, depende, a su vez, de que nuevas personas se desafíen a sí mismas y superen sus temores, para intentar transformar la realidad desde la política. Por ello, no ingreso con el ánimo de cambiar mi vocación de trabajo que siempre tuvo el sello del diálogo con las personas, con las comunidades; sino con la idea de trasladar este estilo a la política.
Porque si algo aprendí a lo largo de este camino con jóvenes, estudiantes, docentes, pueblos indígenas, líderes campesinos, empresarios y empresarias, cooperativistas, referentes de la cultura, activistas de la política, fue el valor del diálogo como camino para la resolución de problemas; valor que se vuelve superlativo en nuestro querido Paraguay, pues nuestra historia está infestada del mal del desencuentro y de la violencia.
También aprendí que el diálogo sólo es eficaz cuando sus protagonistas tienen el mismo poder: los diálogos asimétricos casi siempre terminan con el más débil nuevamente derrotado; y por ello se hace necesario caminar prioritariamente con quienes carecen de esta fortaleza. Y, finalmente, --y esto se lo debo especialmente a ustedes-- aprendí que el diálogo es eficaz cuando sus protagonistas son creíbles, legítimos, y los objetivos que se persiguen son trascendentes.
Aprendí que la justicia institucional no alcanza, si en cada persona no se alojan el sentimiento de justicia y la rebeldía y la indignación contra la injusticia. Si la justicia no se vive en el relacionamiento cotidiano, difícilmente funcionarán las instituciones judiciales, y aun a riesgo de pecar de voluntarista, supongo que el problema de la desigualdad se aliviaría (que no se resolvería) si se reconstruyera el tejido de relacionamiento social en el Paraguay destruido por décadas de corrupción y de mala distribución de la riqueza.
No ignoro los errores históricos de mi partido, ni los de la política en general. Pero abrazo convicciones que se reflejan en su ideario y en buena parte de su gente, y que fueron enterradas por la corrupción, y que esperan una oportunidad de volverse realidad. Sería, por otra parte, inconsecuente el intentar otras opciones, igualmente valiosas para el país pues los adversarios políticos no son enemigos.
Quiero incorporar estas convicciones a la política. Por ello, les pido una vez más, el apoyo de siempre. No pido votos, sino que continúen alimentando mis convicciones con ideas que me mantengan con los pies en tierra, cerca de la gente y sus aspiraciones de un Paraguay mejor.
Les agradezco enormemente la paciencia de leer estas líneas,
Un cálido saludo,
David Rafael Velázquez Seiferheld
Asunción, 19 de noviembre de 2007
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