PARASITOS SOCIALES


Cristian Nielsen
Periodista y editorialista

 

 
¿Quiénes quieren trabajar realmente la tierra?

Los “sin tierras” definitivamente no. La falacia de estas “organizaciones” va quedando cada día más al descubierto. Esta pálida y triste copia del movimiento brasileño no ha servido hasta ahora más que para fogonear algunas candidaturas políticas, casi todas fallidas, y servir de señuelo para las generosas organizaciones europeas que drenan sus fondos hacia oenegés inscriptas en la “lucha social”. Tonterías que hasta el momento no han servido para nada, aunque sí contribuyen a crear la impresión de que el estallido social está a la vuelta de la esquina.


¿Quiénes quieren trabajar realmente la tierra?

¿Quiénes quieren trabajar realmente la tierra en el Paraguay?

A estar por los pronósticos apocalípticos que se leen a diario, San Pedro –sin ir más lejos- sería una especie de bomba atómica a punto de estallar. La causa: la demanda de tierras.

¿Hay razones objetivas que avalen esta percepción? Veamos.

Un estudio encargado por la Asociación Rural del Paraguay a la consultora Geo indica que los asentamientos campesinos en San Pedro ocupaban en 2008 un total de 511.143 hectáreas. Impresionante. A un promedio de 20 hectáreas por colono, eso daría unas 25.500 fincas que deberían estar en plena producción. Si cada colono explotara apenas la mitad de su propiedad, es decir, 10 hectáreas que le dieran una renta de 500.000 guaraníes por hectárea por ciclo de seis meses de producción, en medio año deberían llover sobre estos asentamientos unos 127.000 millones de guaraníes. Casi 26 millones de dólares.

Sin embargo se habla de pobreza extrema, hambre, inquietud social.

Veamos una “razón objetiva”. Actualmente, los sensores remotos permiten saber cuándo se ara, cuándo se siembra y se cosecha, cuánta tierra está en producción y cuánta en barbecho. Estudios realizados con fotografías satelitales diferenciadas establecen que de esas 511.143 hectáreas, apenas un 25% estaría siendo trabajado. Es decir, 127.000 hectáreas. Las restantes 384.000 están abandonadas.

No hacen falta estudios adicionales, mensuras ni otras mediciones para constatar esta observación. La reciente intervención del asentamiento Tava Guaraní –en el corazón “pobre” sampedrano- realizada por el Indert fue esclarecedora. De las 7.475 hectáreas por las cuales el Estado paraguayo pagó 7.000 millones de guaraníes en 1994, sólo 441, el 6%, tienen uso agrícola… quince años después de que los demandantes de tierras tomaran posesión. ¿Qué han hecho durante todo ese tiempo con semejante patrimonio en tierras? Obviamente, nada.

Otro caso. Ubiquémonos un poco más al norte, en Concepción, en donde el Estado procedió a expropiar 267.836 hectáreas en nombre de la reforma agraria y a favor de los esforzados luchadores sociales sin tierras. Corría el año 1995. Diez años después, un grupo de diputados liberales –encabezado por el actual ministro de Obras Públicas Efraín Alegre- radicó un proyecto de ley planteando la derogación de la ley de expropiación a fin de evitar al Estado paraguayo el pago inútil de más de 30 millones de dólares. ¿La razón?. Esta: “Los campesinos sin tierra ni remotamente piensan vivir y trabajar por allí y efectuar pagos al titular de las tierras. En esas condiciones es un verdadero despropósito...". Este argumento está sacado de la presentación de Alegre, Nelson Chavez, Luis Neumann y otros, entre ellos, el colorado Cándido Aguilera. Los campesinos no tenían la menor intención de ocupar esas tierras. ¿Para qué demonios entonces incordiaron al país durante meses con marchas, manifestaciones y amenazas al Congreso si no se “expropiaba el latifundio Antebi”?.

En cambio, algunos inversionistas brasileños sí saben qué hacer. Y allí están, aprovechándose de esa tierra.

Una vez más: ¿Quiénes quieren trabajar la tierra en el Paraguay?

Hay mucha gente que quiere tierra, sabe trabajarla y lo está haciendo. Es la que activa en silencio, luchando contra la sequía, los bajos precios y obteniendo, de vez en vez, alguna racha buena. Esa gente no tiene tiempo para llenar los camiones rentados por los “sin tierras”. Rehúsan convertirse en extorsionadores profesionales y ser mantenidos por fundaciones europeas para ensuciar el horizonte y merodear fincas rurales en plena explotación. Convertirse, en suma, en parásitos sociales.

Esa gente desprecia el “sin” y prefiere anotarse en el “con”.

Con trabajo, con resultados, con dignidad.

Cristian Nielsen

Asunción, 24 de mayo de 2009

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