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IMPRUDENCIA SUICIDA |
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Comencemos por el Presidente. Lugo no está en el cargo para ser “formidable” en el estilo en que “los perros” entienden: campechano, que maneja su propio auto y que no “se hace” por muy Primer Magistrado que sea. Error. Lugo ejerce un cargo que tiene el más alto nivel de exposición al peligro. Por lo tanto, tiene que ser cuidado según las normas desarrolladas para este tipo de situaciones. Su lugar está en el asiento de atrás del vehículo presidencial y del lado derecho para no tapar la retro visión del conductor. Nadie más debe ir con él, salvo que vaya en el asiento delantero si es un vehículo estándar o en el del centro si es una limo. A mi modesto entender y sin desearle mal a nadie, el chofer afectado para ese día y toda la guardia personal de Lugo deben ir de patitas a la calle, con jefe y todo. Cuando Lugo anunció –si es que lo hizo- que él manejaría esa mañana, la respuesta del chofer y del jefe de seguridad debió ser unánime. “Negativo, señor Presidente. Usted se sienta donde siempre. Del resto nos encargamos nosotros”. Lugo no está preparado –no debe estarlo, por Dios- para reaccionar frente a emergencias como una persecución, encerronas, emboscadas, etc. Es de suponer que sus choferes tienen la capacidad para realizar maniobras bruscas, trompos, derrapes controlados y marcha atrás a velocidades altas, movimientos en los que se entrena a fondo a los choferes encargados de conducir presidentes y otras personas de alta exposición al peligro. De manera que si tanto el chofer como el jefe de seguridad de Lugo no tienen personalidad suficiente como para negar cualquier caprichito presidencial (“Déjenme manejar hoy, muchachos”), deberían dejar su lugar a otros que sí sepan hacerlo. Dicen que Marcial Congo es el que maneja esta área. Pues bien, debe tomar las medidas apropiadas entonces. En cuanto a Petta, pudo haber resistido la tentación de anotar en su currículo el haber multado a un presidente de la República y urgir al Jefe de Estado a que se marchara inmediatamente. Cualquiera con sesos lo hubiera entendido. Al caer en la cuenta de que estaba demorando al Presidente de la República debió liberar de inmediato la caravana, advertir a Lugo que dejara el volante a profesionales y que se largara de allí lo más rápido posible. ¿A quién cuernos le importa si Lugo tiene el carnet de conductor vencido o si simplemente no lo tiene? Su cargo no incluye el manejo de vehículos. Está liberado prácticamente de por vida de ese trabajo porque van a tener que manejarle otros por razones de seguridad, incluso cuando pase a ser ex. Pero no. Petta tenía que dar la nota y contentar a la perrada en su concepción rasca de aquello de “a todos por igual”. La liviandad con la que todo el mundo parece haber tomado el asunto, asusta. ¿Y qué de las amenazas de bombas, disparos contra vehículos de políticos, intentos de secuestro, ola de invasiones y demás? ¿O Lugo se considera inmune y al margen de estos peligros? Presumo que su origen clerical lo impulsará a confiar a diario su seguridad, luego de las abluciones mañaneras, a la Divina Providencia. Pero no debería exagerar. Oliver Cromwell era un tipo extremadamente religioso. Pero el lema para sus “ironsides”, sus soldados, era: “Pongan su fe en Dios… y mantengan seca la pólvora”. Que Lugo rece y confíe el volante a su equipo de seguridad. Si no lo tiene, está en apuros. Cristian
Nielsen
Asunción, 21 de mayo de 2009 |
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