CUMBRE ... ¿PARA QUÉ?

Carlos J. Ardissone Valdés

  Carlos Ardissone Valdés
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Se reúne la Cumbre Iberoamericana. ¿No sabe Ud., estimado amigo, qué es la Cumbre Iberoamericana? No se preocupe: poca gente lo sabe y ninguna sabe para qué sirve. No tiene nada que ver con la vieja y decrépita OEA. No es la ALADI ni la UNASUR, ni MERCOSUR, ni CAN, ni TLCAN, ni CARICOM, ni…nada. Desde luego, las Naciones Unidas ni se nombran en las Cumbres Iberoamericanas; es otra cosa. La Cumbre iberoamericana es una mazamorra internacional donde se hermanan Andorra con el Brasil, Filipinas con la Argentina, Antigua y Barbuda con Bolivia, Grenada con Chile, y así por el estilo. La regla principal del juego (no sé si hay más) es que el país que quiera participar tenga como lengua oficial el español o el portugués o, para hacer mayor número, que mucha gente hable alguno de estos idiomas en el país candidato. Es increíble la cantidad y diversidad de países que ya están de pleno derecho o como observadores o como cualquier cosa: en la Cumbre hay lugar para todos. Reinan la paz, la amistad y la holgazanería. Los participantes y sus séquitos lo pasan deliciosamente. Los gastos, obviamente, pagan los pueblos que, como usted, no saben de qué se trata, de qué manera se derrocha su dinero.


Y ¿para qué sirven las Cumbres? ¿Qué producen? Producen declaraciones. No pregunte, lector amigo, para qué sirven esas declaraciones porque va a poner en aprietos a alguien. La verdad es que esas declaraciones no sirven para nada, como no sirven para nada las Cumbres, con todo y la vistosa asistencia del Rey de España y la encantadora Reina, el Presidente de Portugal, de Bolivia y una abigarrada colección de jefes de gobierno o de estado. Así se maneja la comunidad internacional, una gigantesca logia de charlatanes y, la mayoría de ellos, descarados vividores de presupuestos multinacionales. Pero no se preocupe demasiado, pobre lector; no se amargue, solo guárdese la información para el día que nos reunamos los indignados y, si podemos, derribemos estas estructuras de corrupción que nos explotan, no solo en el Paraguay.

Carlos J. Ardissone


 

Asunción, 29 de octubre de 2011

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