|
Se encuentra ya en el Congreso, un proyecto de ley que pretende
defender la libre competencia. Parte de las base, equivocada, que el
gobierno, o el estado pueden organizar el mercado a su gusto o con sus
criterios. Es un error que han sostenido los gobiernos socialistas
desde la mitad del siglo XIX, con el correspondiente fracaso.
Los gobiernos no son aptos, por diversas razones para establecer normas
que contribuyan al aumento de la libertad en ningún campo. La
intervención en la economía ha sido siempre funesta y ha tendido a
favorecer a sus partidarios y a perjudicar a sus opositores.
Intervenir en el mercado es un pecado mortal. La intervención causa
daños irreparables y pone a la economía al servicio del interventor.
Con el pretexto de defender un principio fundamental, como es el de la
competencia, se puede caer, y se cae, en la anulación de algo más
importante: El funcionamiento libre del mercado. Los autoritarios,
autócratas y tiranos siempre han estado contra el mercado porque su
funcionamiento libre es la base de la libertad.
Toda ley implica intervención de alguien sobre algo. Tratándose del
mercado esa intervención influye en su funcionamiento y le quita
libertad.
Las transacºciones económicas,
industriales o de comercio son tan numerosas y tienen tal envergadura
que suprimir alguna causa un efecto general. La economía es un
rompecabezas muy estilizado, que depende de cada una de las piezas.
Cuando un gobierno puede determinar el éxito o el fracaso de
emprendimientos económicos con intentos legales, la economía no puede
funcionar adecuadamente. Ese es un principio que no se quiere
comprender y que ha causado muchos problemas. La libertad política
implica también la libertad económica. Sin libertad, como he afirmado,
no hay economía sana.
Se pretende defender los
derechos del consumidor a elegir. Cuando se producen monopolios u
oligopolios el derecho a elegir desaparece. Desde ese punto de
vista aparece como razonable una ley de defensa del consumidor o de la
competencia. Muchos gobiernos, a lo largo del tiempo, han ensayado
leyes que han intentado establecer normas para la economía. Ninguno
funcionó. Pero los gobiernos no han aprendido, siguen ensayando y
siguen causando daños. No creen en la libertad.
El
proyecto de ley del gobierno paraguayo contempla muchas situaciones que
pueden afectar a la competencia, pero establece mecanismos erróneos.
Entregará el mercado a los funcionarios.
El carcater
En los Estados Unidos, la ley Sherman garantiza la libre competencia,
pero es aplicada por una Justicia que tiene un
funcionamiento secular. No depende de un organismo estatal con
facultades extraordinarias . Así y todo funciona deficientemente.
Desde el punto de vista económico.
Mi opinión es
que en el Paraguay, mientras no se solucione la Justicia, no se puede
establecer una ley de este carácter. Ninguna, no algún proyecto mejor
redactado.
Si no hay Justicia independiente, no
debe haber ninguna ley sobre la competencia. Aún cuando de pronto surja
un monopolio o se establezca un oligopolio. El daño económico será
menor que la alternativa.
Artículos
Anteriores
Asunción, 18 de Setiembre
de
2.010
|