ECONOMÍA ANTIECONÓMICA

Ausberto Rodríguez Jara

                                      Periodista

 


     Esta es una simple forma de definir la economía del país. Podríamos usar definiciones peores. Tampoco así estaríamos descubriendo la pólvora. Llevamos décadas enteras, señalando y sufriendo desmanejos administrativos gubernamentales. Denunciarlos hoy, como se ha venido haciendo siempre, no es un “ejercicio de masoquismo periodístico”. Es, sencillamente, el cumplimiento de un deber profesional elemental: exponer realidades, por duras que sean.

     Por supuesto: desde esferas oficiales, nos abruman con cifras y declaraciones rutilantes. Los índices macroeconómicos, según sus datos, son extraordinarios. La situación económica es más que auspiciosa. Largas filas estarían formando los empresarios  nacionales y extranjeros, interesados en invertir en el Paraguay. Altos funcionarios afirman que, en una reunión con el Presidente, se analizaron, extensamente, los logros económicos de la gestión gubernamental. No es extraño, entonces, que escuchemos decir a algún legislador oficialista que estamos en “un país de maravillas”.                     

     Quisiéramos que fuera así, como nos presenta la propaganda oficial. ¿Qué más podríamos ambicionar que vivir, trabajar y ser felices en un país feliz? ¿Qué más hubiéramos querido que todo funcione satisfactoriamente para unos y para otros, en una sociedad satisfecha? Pero, la realidad impone sus implacables pautas, y pretender transgredirlas significaría sumarnos al coro de la mentira y el engaño. O, mejor, de las mentiras y los engaños. Porque son muchos, y no seríamos dignos de elementales juramentos éticos, si ocultáramos o calláramos verdades. El país está mal. Lo está desde hace mucho tiempo, y nadie puede negarlo. La inseguridad es cada vez mayor, la vida se encarece día a día, los sueldos (de la mayoría) no alcanzan, el desempleo se incrementa, la fuga de recursos humanos hacia el exterior suma y sigue... día a día, mes a mes.

      El carnaval electorero está en su plenitud. El mal gasto público y los desmanejos administrativos también. Dos simples datos bastan y sobran: el Banco Central habría perdido, en un año, 125 mil millones de guaraníes para contener la inflación (uno de los índices macroeconómicos), y PETROPAR estaría perdiendo unos 500 mil millones de guaraníes por año, en su política de subsidios aplicada al gasoil. Con estos elementos sólo podemos concluir que la economía paraguaya no transita caminos económicos. Todo lo contrario. Y esto, más allá de quejas y lamentos, concita nuestra preocupación.

 Asunción, 01 de Octubre de 2007.

 


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