EDITORIAL

Antonio Palazón Ibieta   

Antonio Palazón Ibieta

EDITORIAL 16/05/08

Hace unos meses al iniciar los artículos sobre la guerra de la Triple Alianza hemos dicho que el objetivo de La Rueda no era juzgar al mariscal Lopez, tema importante por ser un motivo más de divergencia entre paraguayos, que debe ser tratado por separado para no mezclar conceptos, sino llegar a entender las implicancias históricas de aquel acontecimiento, que marcó a nuestra nación, su conocimiento en profundidad nos impulsará a un nuevo devenir histórico y no perder de vista el importante motivo de esta propuesta que desde entonces estamos intentando instalar en la opinión pública, como iniciadores y único medio hasta el presente. Su consideración y puesta en practica tiene solvencia suficiente para cambiar el destino de nuestra nación.


Desde que se definió con claridad que los Crímenes de Lesa Humanidad y los Crímenes de Guerra son imprescriptible (Estatuto de Roma, promulgado el 17 de julio de 1998 y entró en vigencia el 1 de julio de 2002) y los países signatarios a través de la Naciones Unidas incluyen a los protagonistas (víctima y victimarios), de la Guerra de la Triple Alianza y aunque haya transcurrido casi 150 años, la imprescriptibilidad los hace actuales y vigentes, por lo tanto sus hechos quedan encuadrados en él.

Surge desde entonces el legitimo derecho que como, pueblo, Estado y Nación las victimas tenemos derecho a reclamar, en especial la reparación o indemnización moral y material por el perjuicio y el daño ocasionado.

Son acreedores, ¿quien puede negarlo?, los que somo herederos directos de las víctimas humanas de entonces, por la pérdidas de sus vidas, de ese modo explicito e irrefutable de exterminio calculado y programado (lesa humanidad) y por los daños materiales a nuestros recursos y el saqueo (crímenes de guerra). Los crímenes mencionados son solamente uno de los tres principales argumentos que juntamente, con la nulidad de los acuerdos posteriores por la ilegitimidad de sus firmantes y el abuso indebido de la apropiación de los territorios desmembrados fundarían los reclamos que deben ser dirimidos en la jurisdicción internacional correspondiente, y cuyo fallo es de obligatorio acatamiento.

Los principios que sustentarán nuestro derecho tienen más fuerza y contundencia que los que la Argentina proclama para reclamar a Inglaterra las Malvinas o al Uruguay por las Papeleras Bosnia.

Por eso sentadas estas bases al amparo de las actuales disposiciones jurídicas internacionales, nace pues, a casi 150 años, la primera posibilidad real de encarar una reivindicación que esperó tanto tiempo.

Disponemos por tanto, de argumentos sólidos e irrefutables a la lógica más elemental que deben ser adecuado a la Ley en vigencia.

Todo esta preparado para la ultima batalla de esa guerra que no ha concluido. El escenario montado para el desarrollo de la acción que pondrá fin a tanta injusticia lo componen: Las Naciones Unidas como aval y referente, las leyes de acatamiento obligatorio por los países signatarios en los que están incluidos todos los involucrados, la jurisdicción definida en donde realizar el trámite, el momento oportuno de nuestra realidad actual, el nuevo gobierno, legítimo, democrático, como nunca tan claro en nuestra historia, nuestras esperanzas puestas en él, la posibilidad cierta de un resultado favorable (de ser admitido nuestro reclamo) y el apoyo del mundo que con seguridad será, como en aquella oportunidad cuando se conoció por medio de la prensa inglesa el tratado secreto de la infame confabulación traidora según la expresión de la misma presidente de los argentina Sra. Cristina Fernandez de Kischner

Nos restaría solamente tomar conciencia, disponer las formas y asumir con valor la decisión de llevarlo a cabo.

Creemos que esta idea que hoy sorprende por su inusitada perspectiva, mañana se puede convertir en la primera plana de los diarios del mundo y esto que proclamamos y que nuestra prensa escrita pareciera despreciarlo, se constituirá seguramente en el motivo principal de todos sus denuedos, cuando se instale en la conciencia de nuestro pueblo y en el conocimiento de todos los demás países del mundo, como ejemplo y precedente de justicia universal. Logrado estos objetivos, muy diferente será la posición paraguaya sobre Itaipú y Yacyreta.

Antonio Palazón Ibieta

Asunción, 16 de mayo de 2008

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