DESQUICIO LOCO

Ana María Rivas 
Periodista

                                                              

El título del artículo puede tomarse, a simple vista, como una absoluta redundancia. Y lo es. Es una redundancia al propósito, porque viene al caso. En efecto, desquicio es desorden, trastorno, barullo. También, según el diccionario de la Real Academia Española, es exasperar, hacer perder el tino, la cordura. Entonces, el término se aplica perfectamente a la actuación judicial respecto a la situación del Partido Colorado. La justicia ya actuó desquiciadamente cuando, violando el espíritu de la Constituyente del 92, hizo el hueco necesario para que el presidente Nicanor pueda tomarse un atajo y postularse sin poder hacerlo para mandamás partidario. Hizo toda la campaña violando la norma constitucional y de paso, olvidándose del resto del país y de que era presidente de todos los paraguayos. Todo, con ayuda judicial.

Luego, dio un nuevo zarpazo inconstitucional con guiño cómplice judicial al asumir la presidencia partidaria “por tres horas” y pedir permiso después. Todo esto tiene ahora su consecuencia, agravada con la llanura que no se esperaba: es muy fácil violentar las normas en el poder, esperando que el mismo lo proteja con su manto de impunidad de las posibles consecuencias. Pero la llanura es diferente: tiene una llavecita inesperada que puede abrir la puerta detrás de la cual se pagan las consecuencias. Sin embargo, eso no parece detener la avalancha de violaciones políticas y jurídicas de los miembros del partido que se despide del gobierno. Y es con esta situación patética, mediocre y lamentable, que le ponen el broche de oro (es un decir) a sus años de olvidables gobiernos. Los colorados están desquiciados, ayudados por una justicia manipulada hasta el hartazgo. Y en precisamente en el hartazgo en que estamos todos los demás, ciudadanos comunes y corrientes, que tenemos que sufrir las consecuencias de los actos de aquellos que se suponía, tenían que liderarnos. Enmierdan el derecho, banalizan la justicia, se burlan del sentido común y todavía, cara duramente, esperan algún respeto.

Por el lado de la Alianza, las cosas también van tomando un rumbo alarmante. En una sociedad que orilla la anarquía y el desquicio, un ex guerrillero da voces sobre sabotajes y boicots, asegura que tiene pruebas a la mañana y se desdice a la tarde. En el ex Multibanco,hablan de transparencia y cambio, pero eligen como colaboradores personas con atendibles cuestionamientos en su haber (curiosamente, ninguno de los ministros político-partidarios). En medio de un secuestro, desabastecimiento, amenazas de funcionarios públicos, el Obispo desechado y Presidente electo sube a una Harley y… busca casa. Dice que vivirá en el Palacio de Gobierno- que debe ser una oficina- y en la casa de los Presidentes vivirá una Primera Dama -que no es tal y que debería seguir así (es decir, sin ser tal)-todo, en un cóctel cambalachero que sorprendería al mismísimo Santos Discépolo.

Líderes: lidérennos. Ordénennos. Restaurennos la cordura. No nos desquicien más.

Asunción, 7 de agosto de 2.008  

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