EL FACTOR HAMED

Ana María Rivas 
Periodista

                                                              

Ya hay uno más al que nadie lo quiere en los pasillos legislativos: El futuro canciller del gobierno de Fernando Lugo, Alejandro Hamed. Y es que desde el momento mismo en que se confirmó la designación del embajador paraguayo en el Líbano, los cuestionamientos surgieron como hongos después de una lluvia. Una semiclandestina invitación del senador Miguel Abdón Saguier no hizo más que agravar la situación del futuro ministro de RREE, ya que Carlos José Fleitas, director de Asuntos Legales del Ministerio de Relaciones Exteriores, exhibió sendas carpetas con todos los detalles sobre la venta irregular de visas que Hamed realizó -según el sumario- tanto antes, como durante y después del conflicto armado en la zona. A ello se sumaron otras perlas más: Unos 12 mil dólares utilizados y no rendidos en tiempo y forma y la supuesta falsificación de firmas para la concesión de pasaportes. Y si bien toda esta situación no ayudaba en nada al perfil del futuro canciller, hubo algo que terminó por perderlo en la consideración de los legisladores: La sincericida confesión sobre su ignorancia del Mercosur y de la situación regional que incluye las relaciones bilaterales, como por ejemplo, con el Brasil.

¿Cómo es posible que Fernando Lugo, que montó gran parte de su estrategia de campaña en la necesidad de renegociar el Tratado de Itaipú con el Brasil -por cierto, poseedor de una de las diplomacias más profesionalizadas y exigentes del continente- designe a un canciller que no tiene la menor idea del Tratado, de las exigencias paraguayas de renegociación y de los procesos de integración de esta región del mundo? ¿Cómo es posible que después de que países como Colombia, Ecuador y Venezuela hayan casi llegado a las armas a causa de las FARC, y luego de la liberación de Íngrid Betancourt, que fue noticia en todos los rincones del mundo, Lugo designe un canciller que asegure no saber de la famosa guerrilla colombiana?

Hay varias posibilidades: La improvisación, que parece una constante en la Alianza desde el triunfo del 20 de abril, puede ser una de las respuestas. Lugo necesitaba superar la minicrisis creada a partir de la designación de Carlos Mateo Balmelli en Itaipú y la posterior renuncia de Milda Rivarola. Escuchó la propuesta de Camilo Soares, que se acordó de su antiguo profesor y sin más trámite, lo sondeó para la Cancillería, sin verificar la situación de Hamed o confiando en que el sumario no se trató más de una de las habituales persecusiones internas entre funcionarios de carrera y funcionarios puestos "a dedo" por el canciller de turno.

Otra posibilidad es la necesidad de encontrar un canciller ideológicamente afín al presidente y al ala izquierda del gobierno, como contrapeso a los ministros ideológicamente liberales del gabinete y al también liberal director de Itaipú. En este caso, estaremos ante el mismo vicio que ha generado las más intensas críticas al partido del gobierno que se va: Valorar más la afinidad ideológica o de cualquier otro tipo, que la transparencia en la gestión. "Es chancho de mi chiquero y por eso lo defiendo", dirían algunos.

Una posibilidad más es que Hamed sea un personaje clave para estructurar la política exterior paraguaya y en el ejercicio de su gestión los paraguayos vayamos reconociendo su talento y competencia, por lo que Lugo, fiel a la idea de colocar a los mejores en el gabinete, lo haya escogido con total confianza y porque las irregularidades de las que habla el sumario no son tales. Esta última posibilidad, más que un hecho, es para muchos una expresión de deseos, para poder mantener la ilusión del cambio, al menos, por un tiempo más.

Asunción, 31 de julio de 2.008  

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