PRESTAME UN LÍDER

Ana María Rivas 
Periodista

                                                              

El liderazgo puede tener muchas definiciones, pero pocos dudan que en esencia es un sentimiento. Uno "siente" al líder, queda subyugado por su carisma, o por su inteligencia, o por su voluntad, o por su capacidad de trabajo. Son aquellos seres que inspiran confianza o simpatía o mantienen una importante dosis de ambas cosas. Los líderes surgen naturalmente en un grupo, en una sociedad y pueden ser positivos o negativos, llevando a su grupo al éxito o a la destrucción, según sea el caso. Generalmente, el líder no es siquiera el que aporta el sustento, sino aquél que, a pesar de no poder ofrecer una compensación económica, en muchos casos encamina a sus seguidores en la senda del sacrificio hasta alcanzar sus reivindicaciones. Y lo siguen por convicción; no por hambre, sino a pesar de ella. Porque en la guerra entre las necesidades del estómago y la de los ideales, se han librado batallas legendarias que a la larga, siempre han ganado los segundos. Para ser escuetos y no extendernos, solo dos ejemplos que grafican esta situación: Gandhi y Jesús.

 

Este pequeño prólogo sólo para recalar en la pregunta: ¿Será que Nicanor Duarte Frutos y quienes digitaron a Blanca en el Partido Colorado nunca leyeron al genial escritor danés Hans Christian Andersen? Porque ya él, dos siglos atrás, en un pequeño y sublime cuento, relata cómo un duende, subyugado por la sensibilidad e inteligencia de un pobrísimo estudiante, lo elige a este como líder y dueño, a pesar de los esfuerzos del rico propietario de la tienda en la que vivían por retenerlo, ofreciéndole sabrosos postres a modo de soborno.

 

Los liderazgos no se obligan. No se prestan y aunque muchos tratan, tampoco se alquilan. Y el presidente de la República, que sí es - o al menos lo era- un líder dentro del Partido Colorado, debió haber sabido que obligar a su gente a seguir a alguien que los colorados no "sienten" sería un riesgo de gran porte. Y el nerviosismo de una candidatura que no "prende" tiene que ver con la soberbia de no aceptar que los cargos, la prebenda, los chantajes, las presiones, no crean sentimientos y, en consecuencia, tampoco crean liderazgos. Los colorados no aprendieron de su propia historia: Juan Carlos Wasmosy fue un ejemplo de liderazgo impuesto. Luis Ángel González Macchi, lo mismo. Sus presidencias sirvieron exclusivamente para satisfacer los intereses de sus más cercanos colaboradores, pero no los del país, que permaneció desprotegido y huérfano, traicionado por quienes prometieron paz, progreso, trabajo y pan. A menos de 50 días de las elecciones, el Partido Colorado, el "grande y poderoso", como le gusta calificar al senador Calé a su partido, tiene urgentemente que pedir prestado un líder. Porque si no, le pasará lo que al dueño de la tienda del cuento de Andersen: se quedará sin duende, a pesar del postre.

 

 
Asunción, 6 de marzo de 2.008  

 

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