|
DEBATES DEBATIBLES |
Ana Marнa Rivas
|
|
|
Hace unas semanas, el CIRD, junto con otras organizaciones, presentу una encuesta en la que se consultaba quй es lo que la gente realmente quiere, con miras a las prуximas elecciones. La muestra pretendнa averiguar cuбles son las verdaderas preocupaciones de la ciudadanнa, sin "mediaciуn mediбtica", es decir, sin el sesgo que los medios de comunicaciуn puedan eventualmente dar al mensaje entre ciudadanos y candidatos. Y una de las conclusiones fue particularmente reveladora: segъn esta muestra, las personas votan, principalmente, por intuiciуn. Como la gente no tiene mayor nivel de informaciуn ni de las propuestas, ni de las trayectorias de los candidatos y muchas veces en verdad no importa si los que se postulan son o no el Pato Donald, entonces la decisiуn de votar por tal o cual se basa en la simple y sencilla impresiуn; si te gusta su sonrisa, su cara, su mirada, su ropa o su maquillaje, le votбs. Si te cae bien, le votбs.
Si sale en los diarios, aunque nunca hayas leнdo realmente lo que propone, le votбs. Si la gente en este paнs vota por intuiciуn, entonces, їcuбl es la importancia de un debate presidencial? їSerб que alguien decide el sentido de su voto despuйs de ver un debate presidencial por televisiуn, por ejemplo? Un espacio de tiempo, normalmente restringidнsimo, en el cual a mayor nъmero de candidatos menor es la posibilidad de explayarse sobre las propuestas. Esto, їhace cambiar el sentido del voto a alguien en Paraguay? Dudoso. Por supuesto, esta situaciуn no es culpa de los debates ni de los que los organizan y emiten; es culpa de la forma de hacer polнtica en esta sociedad. El voto duro va a las urnas porque forma parte de una estructura, esencialmente prebendaria y clientelista, que obliga a sus miembros a mantener intacto el sistema que se alimenta y se reproduce en sн mismo.
Un operador polнtico, habitualmente funcionario pъblico (de cualquier color, por cierto) mantiene un grupo clientelista que es el que llevarб a las urnas el dнa D. El grupo votarб por quien su operador le manda, le exige o le paga para apoyar. El operador, a su vez, responderб a su protector partidario, quien lo utilizarб para mantenerse en el cнrculo de poder. A este circuito de gente, que en los ъltimos comicios ha sido la que ha decidido las elecciones, їle interesa un debate? Para nada, ellos ya tienen mбs que clara la pelнcula. їY el ciudadano comъn?
Desglosemos: el analfabeto polнtico (como lo define tan acertadamente Paн Oliva) no sуlo no quiere saber de polнtica sino que la concibe como una groserнa, renegando de ella, aunque la sufra en carne propia en los pйsimos servicios de salud o en el cada vez mбs patйtico sistema educativo. No va a ver, ni a escuchar, un debate entre candidatos. Tambiйn estб el ciudadano informado, aquel al que le interesa la polнtica como una anйcdota, pero que cree que su vida no estб vinculada a ella. Esta franja, quizбs la mбs importante para cualquier proceso democrбtico, es tambiйn la misma que en los ъltimos procesos electorales no votу por dejadez, desencanto, desinterйs o desilusiуn.
Es la que se quedу en la casa y decidiу, sin saberlo, el triunfo del voto duro. Un debate no cambia mayormente nada y la intuiciуn no siempre es buena consejera. Las trayectorias de vida, los equipos de trabajo, las personas que rodean a los candidatos son las que nos dan las claves sobre si cumplirб o no cumplirб con sus promesas electorales. Y es en base a estos datos que debemos elegir, para no equivocarnos mбs.
|
|
Contбcte con la escritora Correo electrуnico / E-mail address:
Nombre y Apellido / Your name:
Comentarios / Do you have a comment?:
|
|