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GRITARLE A NICANOR |
Ana María Rivas
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Debo confesar que nunca pensé que hubiera tanta gente con ganas de gritarle al presidente de la República. A través de la invitación del periodista Luis Bareiro para formar parte de un panel en el programa de televisión que conduce, me tocó en suerte compartir pantalla con el presidente Nicanor Duarte Frutos, precisamente en momentos en que este sostiene la peculiar teoría de que tanto Telefuturo como Última Hora son sus adversarios políticos. Estela Ruiz Díaz y yo fuimos. Y tratamos de comportarnos como personas educadas y respetuosas de los anfitriones y de la audiencia. Y nos escracharon por ser tan damas. En mi caso, al menos, no hubo una sola persona que no me haya reclamado no haberle gritado a Nicanor algunas certezas.
Lo primero: la falta de transparencia en los gastos sociales de Itaipú, tan claramente expuesta por el diputado brasileño Florisbaldo Fers, Dr. Rosinha, en Montevideo, cuando sostuvo que del lado brasileño, Itaipú contesta todos los pedidos de informe y cuestionamientos que pueden haber por parte de los parlamentarios de ese país. De hecho, ningún legislador se plantea siquiera la posibilidad de que el director brasileño se rehúse a informar de la utilización de los gastos sociales de la entidad, según confesó Rosinha. Nicanor sólo atinó a decir que dudaba de todo lo que se le afirmaba.
Lo segundo: Nicanor es un extraterrestre que nunca jamás, en todos los años que fue ministro de los gobiernos colorados anteriores -7 años en total, según él- participó en ninguna decisión. Esto -según me decían mis escrachadores- ante la soberbia afirmación presidencial de que su gobierno es el que está creando todas las bases del Estado. El nunca fue ministro de Educación, él nunca participó de la pauperización educativa, que nos tiene ubicados en el lugar 131 entre 131 países, según el Foro Económico Mundial y según el feeling de una mamá de tres hijos sobre los cuales tiene el justo pánico de verlos cada vez menos exigidos académicamente y con cada vez menos oportunidades de acceder a mejores sistemas educativos.
Lo tercero: Gloria Penayo de Duarte, su señora, es embajadora de la FAO. Y el presidente se hizo el desentendido con las cifras de la pobreza dadas a conocer por la misma organización internacional en un informe oficial: 42% de pobres en el país. Cuando iban a seguir, tuve que decirle a mis escrachadores que yo soy una señora con clase, que no puedo gritarle al presidente en público por más que parezca dopado o repita el mismo discurso mentiroso una y otra vez. Y les pedí que ellos mismos le griten a Nicanor, en las urnas, que es la forma en que se grita en democracia.
Asunción, 29 de noviembre de 2.007
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