UN RUMOR EXPLOSIVO

Alcibíades González Delvalle
Periodista

Ex Presidente del Sindicato de Periodistas del Paraguay

                                                              


De acuerdo con el diccionario, rumor significa “noticia falsa o sin confirmar que circula entre la gente”. En rigor, es también un arma explosiva que revienta en el ánimo de la población para inquietarla; el augurio de una desgracia; un eficaz medio de expresión sin director responsable; una novela negra cuya autoría nadie reclama; instrumento de lucha política de la oposición contra el gobierno, y del gobierno contra la oposición. En fin -sin agotar su uso- suele ser la venganza de un subalterno contra el jefe.


En nuestro país el rumor tiene una larga y acreditada historia de premoniciones. No hay versión catastrófica que no se hubiera cumplido. Hasta mediados del siglo pasado era frecuente que la ciudad se quedara de pronto vacía ante la noticia de que se “levantó” la Caballería o la Artillería. La gente ganaba corriendo su hogar a la espera de un nuevo gobierno. Nada sucedía. Pero era tan fuerte el rumor que al poco tiempo terminaba realizándose. En la revolución del 47, por ejemplo, los chismes causaban más pánico que la contienda misma. ”Dicen que los revolucionarios...”, “Dicen que los pynandí...”, y en cada hogar se vivía un infierno porque se sabía que finalmente iban a cumplirse.


En cualquier país del mundo el rumor nace del anonimato. En el nuestro, tiene rostro, nombre, apellido. Es una particularidad nativa. Ahí está el presidente del Congreso, Enrique González Quintana, que convocó a otras altas autoridades nacionales y a la prensa para difundir un inquietante rumor: existen planes -tal vez muy avanzados, o tal vez no tanto, o quizás lo contrario- para rociar de bombas el edificio del Congreso y hacer saltar por los aires a diputados y senadores. ¿Quiénes son los conspiradores?, se le preguntó. No sé, respondió. Pero dio a entender que podrían ser las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o tal vez el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), o quien sabe si el Movimiento 14 de Mayo, aunque no se puede descartar a los terroristas que hicieron volar las Torres Gemelas. ¿Quiénes son los parlamentarios que van a dejar este mundo por un camino de fuego? No sé, volvió a decir con el mismo aplomo.


Como toda versión de esta naturaleza, originó otra del mismo tenor: que los oviedistas manejan informaciones obtenidas de los teléfonos pinchados por su Departamento de Inteligencia que dispone, agrega el rumor, de equipos y recursos humanos mejores que los de las fuerzas de seguridad del Estado.


Es de recordar, en este punto, que los rumores se refieren a hechos deplorables, salvo escasa excepción. Una de las pocas veces que en nuestra historia tuvo que ver con un acontecimiento grato fue cuando los conquistadores enloquecieron con el rumor de que por Asunción se podía llegar a las montañas de oro y plata. Como esta versión era optimista, terminó en la más dolorosa y larga desilusión.


Lo dicho. En nuestro país solo se cumple lo negativo. Podría ser porque lo llamamos con pasión y tenacidad. Tenemos el anuncio de las bombas. Hasta hoy no pasa de ser un susto y un fastidio. Pero en la lógica de la tradición pronto será -Dios no lo quiera- una trágica realidad. El Paraguay tiene una sangre dulce para la desgracia de la que solo se salvan quienes la causan, por lo menos hasta que la rueda de la fortuna los tira donde serán igualmente alcanzados por la desdicha.


Cuesta entender el rumor lanzado por el presidente del Senado. O, mejor, las intenciones que le alientan. ¿Qué exactamente quiere hacer? ¿Qué espera que suceda? ¿Agregar más preocupaciones al Gobierno y a la población? ¿Dar más tareas a las Fuerzas de Seguridad? Así como fue dicho, el rumor de González Quintana desafía a los investigadores a encontrar una aguja en el pajar, en el supuesto de que la aguja exista. De concretarse la versión de las bombas en el Congreso, sería trágico que González Quintana saliese a decirnos: yo les advertí luego.




ALCIBIADES GONZÁLEZ DEL VALLE

Asunción,   de mayo de 2009  

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