NADIE VIOLÓ LA CONSTITUCIÓN

Alcibíades González Delvalle
Periodista

Ex Presidente del Sindicato de Periodistas del Paraguay

                                                              


En la primera ocasión a nuestros demócratas se les disparan por todos los poros sus flecos autoritarios. El campamento de los jóvenes socialistas en el Comando de Ingeniería sirvió para dejar al desnudo una realidad preocupante: nuestra democracia nunca será tal sin ciudadanos que crean en ella. Asumir la democracia como modelo político que mejore nuestra convivencia significa asumir, también, las consecuencias de la libertad según las cuales tenemos que aguantar lo que nos disgusta, escuchar lo que nos fastidia. He aquí el problema: Todo está bien cuando se hace lo que nos parece que deba hacerse. Todo está mal cuando se hace otra cosa que contradiga nuestras ideas.


Por ningún camino del país podemos hoy caminar sin tropezarnos con descomunales ruidos, gigantescos ruidos que salen a raudales de cualquier sitio. Si esos ruidos fuesen agua el Paraguay ya estaría flotando.


Lo preocupante es ignorar si esas estridencias son solamente tales, y como tales van a morir mansamente, o son el anuncio de una catástrofe. Pienso en el Marzo Paraguayo cuando en el sector oviedista, a un costado de la plaza del Congreso, se hicieron estallar bombas para silenciar el ruido de las armas de fuego. Fue el inicio de la masacre.


Los ruidos que hoy nos aturden ¿esconden un proyecto contra la democracia, o terminarán en aguas de borraja?


Con el asunto del campamento de los jóvenes latinoamericanos se busca afanosamente, en nombre de la Constitución, distorsionar lo sucedido. ¿Qué artículo constitucional se ha violado, exactamente? Veamos: el 173 “De las Fuerzas Armadas” expresa: “…Los militares en servicio activo ajustarán su desempeño a las leyes y reglamentos, y no podrán afiliarse a partido o a movimiento político alguno, ni realizar ningún tipo de actividad política”.


¿Qué pasó en el campamento? Nada. En un predio militar los jóvenes discutieron, debatieron, enarbolaron sus banderas. Que se sepa, ni un solo militar, ni uno solo, participó de esas reuniones ni plantó símbolos socialistas, que tan asustados les tienen a nuestros demócratas.


Con el pretexto de defender la Constitución y a las Fuerzas Armadas se da paso a la intolerancia. Eso es todo. A esos que tanto vociferan ¿se les escuchó defender la Constitución cuando Senadores, por caso, contaba con un miembro menos? ¿Gritaron cuando por todos los medios de prensa se daban a conocer los frecuentes y escandalosos robos en varias instituciones militares?


La hipocresía en estos y otros asuntos es la que finalmente resplandece. Lino Oviedo, por ejemplo, expresó su indignación porque supuestamente se había atropellado la Constitución y humillado a las Fuerzas Armadas. Es el mismo que, uniformado de pies a cabeza, hacía campaña proselitista en cuyo transcurso dijo, en latín, que el Partido Colorado gobernará “por los siglos de los siglos”. Y ahora se escandaliza, en castellano, como muchos otros de su misma índole, que un millar de jóvenes, llegados de muchos países, debatieran en un predio militar sus problemas, expresaran su ideología política, pidieran un mundo mejor para crecer como ciudadanos.


¿Dónde está el delito? ¿Salieron acaso en patotas a crear violencia, a intranquilizar al barrio o a la ciudad? Al contrario, fueron de mucha utilidad –mucho más que algunos de sus críticos– a la hora de acercarse a la gente marginada y pasarle una mano.


Nos parecía escuchar “La voz del coloradismo” o leer el diario “Patria” –dos de los que han sido voceros de la dictadura– cuando nuestros demócratas se referían a los jóvenes del campamento. Solo faltaron dos palabras que seguramente no lo dijeron por olvido: “bolches” y “apátridas”. Por lo demás, estuvo completo el rosario de expresiones cotidianas de los stronistas cuando se referían a socialistas y comunistas, inventados o no.


Mientras no salgan a matar, o a incendiar el país, o a cometer cualquier otro delito, dejemos a los jóvenes que se expresen, que empuñen sus banderas, que canten sus canciones. Sepultemos para siempre el marxismo como vocablo descalificador, pecaminoso, satánico.


No se violó la Constitución. Se violó la tolerancia. Cuidado, puede engendrarse otra dictadura.



ALCIBIADES GONZÁLEZ DEL VALLE

Asunción,  17 de mayo de 2009  

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