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UNA AVENTURA GOLPISTA |
Alcibíades González Delvalle
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Parafraseando un célebre discurso, podemos también preguntarnos: ¿Hasta cuándo Lino y Nicanor abusarán de nuestra paciencia? ¿Hasta cuándo seguirán siendo los cabecillas del proyecto que busca la inestabilidad del país para su provecho personal? ¿No se resignan a la decisión de la mayoría del pueblo de empujar a la llanura al Partido Colorado y de llevar al oviedismo al penúltimo lugar en las pasadas elecciones? De cuatro candidatos, Oviedo salió tercero cuando esperaba alzarse con un triunfo arrollador. Oviedo –decía en mi columna del domingo– es capaz por sí solo de alborotar nuestra paz. Imagínese lo que podría hacer en alianza con Nicanor, de los brazos de Nicanor. Por de pronto, tenemos la denuncia del general Máximo Díaz Cáceres. Buen ciudadano, militar de la cabeza a los pies, hizo lo que tenía que hacer: deshizo el brote de la subversión. Como era de esperar, los implicados niegan su participación. Esto es humano, universal y de todos los tiempos. No hay subversivo que en la etapa inicial y fallida de sus planes delictivos los acepte como tales. Delictivos, sí. No padecemos una dictadura. Las instituciones funcionan normalmente de acuerdo con la Constitución y las leyes. Las libertades públicas están felizmente aseguradas. El 20 de abril el pueblo paraguayo eligió vivir un tiempo nuevo. Eligió deshacerse de un grupo que en nombre del Partido Colorado atracó los bienes públicos. Para hablar solamente de lo más nuevo, y de una sola institución, allí están los documentos de Itaipú que demuestran acabadamente la dimensión del saqueo. Es de sospechar que, entre otras razones, estos documentos, y otros que irán saliendo, son los que ponen muy nerviosos a los políticos involucrados en la corrupción. Con tal estado de ánimo dibujan con desesperación los proyectos que vayan a distraer la atención pública. Mientras tanto, se discute si la reunión denunciada por el general Díaz existió o no. La sola discusión es ya un triunfo de los supuestos subversivos. La duda significa una victoria de los desestabilizadores. Es lo que esperaban que sucediera al negar que estuvieran en la mentada reunión con intenciones de saber, de boca de un general, “cuál es el parecer de las Fuerzas Armadas ante la crisis parlamentaria”. Habrán querido escuchar que los militares están molestos. Hubo, sí, la molestia de un militar, pero con quienes le habían convocado. Acerca de “la crisis parlamentaria”, es de recordar que la misma existió, pero fue incubada precisamente por Oviedo y Nicanor. Previamente, se violó la Constitución cuando la Justicia Electoral y la Corte Suprema permitieron que Nicanor participara de las elecciones del 20 de abril como candidato a senador activo. El puesto que la Carta Magna le asigna es el de senador vitalicio, como ex presidente de la República. Los pocos senadores que responden a los supuestos golpistas salieron a reclamar la legitimidad del juramento de Nicanor, acto llevado a cabo en minoría y a la disparada, sin la mínima observancia de los reglamentos. La mayoría de los senadores –la única válida en un colegiado– se opuso a que Nicanor ocupe la banca de senador activo porque riñe con claros principios constitucionales. En cuanto al enojo de Oviedo –enojo que le impulsa a conocer, en su domicilio, “el parecer de las Fuerzas Armadas”–, se debe también a la frustración de alcanzar el sueño que le mantiene vivo: sentarse en el sillón presidencial. A esta dificultad se agrega otra: se dispuso a manejar la Cámara de Senadores a través de Enrique González Quintana, pero tampoco le ha sido posible. Quedó con una minoría que solo le servirá para el alboroto, el ruido, el escándalo. Hay más. Cuando asumió el cargo de gobernador en Paraguarí, el pasado 15 de agosto, Tomás Ever Rivas anunció que el Partido Colorado retomará el poder “más temprano que tarde” y que el Gobierno no irá lejos según “la estrategia que está en estudio”. En el mismo sentido, la intendenta de Ybycuí, María del Carmen Benítez, anunció que el coloradismo retomará el poder “mucho antes de que se cumplan cinco años”. ¿Estos dos políticos colorados hablaron del mismo proyecto ahora descubierto por el general Díaz, o se trata de uno paralelo? De todos modos, es bueno que sepan que la comunidad nacional e internacional no está dispuesta a tolerar una aventura golpista. ALCIBIADES
GONZÁLEZ DEL VALLE
Asunción, 7 de septiembre de 2.008
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