"VEJA", LUGO Y OVIEDO

Alcibíades González Delvalle 
Periodista

Ex Presidente del Sindicato de Periodistas del Paraguay

                                                              

En su edición del pasado lunes la revista brasileña Veja puso de resalto el patriotismo de Fernando Lugo. Lo presentó como un candidato presidencial serio, preocupado por la suerte del país. ¿Qué más ha de pedir, publicitariamente, un aspirante a regir los destinos nacionales?

 Para quien dude todavía de los propósitos de Lugo, Veja se ocupó de las intenciones que animan al ex obispo de San Pedro para hacer del Paraguay un país independiente, dueño de sus recursos naturales.

Ninguna publicación, como Veja, ha resaltado la cualidad que debe acompañar a un candidato presidencial: su interés por el bienestar del país en el marco del respeto y la igualdad entre naciones. Si no hay respeto no hay igualdad. Y sin igualdad, un país se eleva por encima del otro para su propio e injusto provecho. Son los países imperialistas. Por considerarse grandes, pisan a los chicos. A los chicos cuyos gobernantes permiten que se los humillen.

Lugo quiere que el Paraguay reciba el precio que le corresponde por la energía de Itaipú. Energía de la que descaradamente se beneficia el Brasil. Dice que es nuestro socio. En rigor, es el patrón, el famoso patrón negrero que engorda con el hambre de su empleado.

Por su defensa de los derechos paraguayos, la revista brasileña considera a Lugo “un vecino alboratador, buscapleitos”. Alborotar, según el diccionario de la Real Academia Española, significa, en su tercera acepción: “causar inquietud o alteración (en alguien o algo)”. Es natural que el reclamo por enderezar la justicia en un trato desigual cause inquietud en la parte beneficiada. Nadie –ni personas ni países– acepta que el más débil acceda a sus derechos toda vez que vaya a perjudicar al más fuerte.

Acerca de los datos que publica Veja, acudí a un experto, Ramón Casco, para que dilucide la cuestión. Afirma la revista que Lugo quiere cobrar siete veces más por la energía de Itaipú que el Paraguay no utiliza. “Brasil paga hoy a Paraguay -dice Casco- US$ 2,72 por Mwh (1 Mwh = 1000 Kwh), luego siete veces más sería US$ 18,9 por Mwh. En el mercado mayorista brasileño, por ejemplo, esa unidad de energía se vende por más de US$ 60, mientras que el consumidor brasileño, en promedio, paga hasta US$ 150”.

Veja insiste en el gastado argumento de que el Paraguay nada puso para la construcción de Itaipú. Casco apunta: “Con esto se reflota la vieja discusión, que se planteaba en épocas de Stroessner: Brasil puso el dinero y Paraguay sólo el agua. Cambiemos el modelo: Brasil puso el dinero para instalar la torre de extracción y Paraguay sólo el petróleo. Además, está demostrado hoy que el único factor que convence a un inversionista es que el negocio en el cual invertirá le garantice el retorno de su capital. La potencia hidráulica del río Paraná convence a cualquiera porque es insustituible y Paraguay es propietario condómino de ese río”.

Hay otros puntos anotados por Veja que Ramón Casco desmorona uno por uno. Resumiendo, el dinero que consiguió para la construcción de Itaipú, el Brasil cobra escandalosamente caro al Paraguay.

Como en otras ocasiones, la revista habla del entusiasmo de Lino Oviedo por el Brasil. Se entiende. El ex militar ya había expresado que, de llegar a la presidencia de la República, “no molestará al Brasil por el tema de Itaipú” Y seguramente por ningún otro. Esta vez el candidato de Unace dijo a la revista, refiriéndose a Lugo, “que se aprovecha del momento electoral para hablar mal de Brasil. Los brasileños han ayudado mucho al Paraguay”. ¿En qué exactamente han ayudado? ¿Y qué tiene “hablar mal” del Brasil? ¿Es un delito? ¿Hay que cerrar la boca –como lo hace Lino Oviedo– ante tantas injusticias o, peor aún, justificarlas?

Pero bien está que el electorado tenga estas propuestas: Una que pretende seguir atando al Paraguay a los intereses brasileños, y otra que aspira sacarnos de tan pesado yugo.

Con una publicación más de Veja, Fernando Lugo ya no tendrá necesidad de mayores esfuerzos proselitistas para sentarse en la silla presidencial.


Asunción, 09 de marzo de 2.008  

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