LOS LIBERALES EN EL GOBIERNO

Artículo número 100 y su estrella

Adolfo Ferreiro 
Abogado

                                                              

Adolfo Ferreiro


Es de suponer que el gobierno seguirá a los tumbos, porque hasta hoy no puedo explicar lo que son sus “filosofías” centrales y estratégicas, salvo generalizaciones pastorales de poca relevancia. Apenas se las puede imaginar del análisis de ciertas exteriorizaciones, de suyas contradictorias.

Lo que se ve es la lucha por controlar porciones del poder gubernamental, para fortalecer orientaciones “ideológicas” dispares que pululan en la Alianza y para aplicar recursos públicos al proselitismo de cada carpa. Es la prioridad de todos y todas, como se dice en el mal castellano en boga. Eso es porque las organizaciones políticas, por sus decadencias y bajas calidades, no tienen posibilidad de desarrollarse en genuinos procesos cívicos y deben sustentar su fortaleza en la captura de los recursos públicos, para la propaganda, la prebenda y el clientelismo. No se perciben políticas dirigidas al fortalecimiento institucional y no es razonable esperar que las haya. No las hay entre tirios o troyanos; menos en todos juntos, para que se produzca una iniciativa transformadora de perspectivas históricas. Se habla de “cambio” pero en lo que es básico, ni se murmura.

Es de entender que los grupos políticos pequeños, los colgados del poder circunstancial del presidente Lugo, que empujan la mano que tiene la lapicera, apremiados por los plazos fatales de los ciclos constitucionales, concentren su accionar en construir sus respectivas fuerzas a toda velocidad. Saben que “desde el gobierno” se pueden crear partidos que permitan pesar electoralmente a las horas señaladas, aunque para ello tengan que sortear o modificar las reglas del juego democrático, que son más favorables a los grandes partidos tradicionales. Para peor, la figura carismática, mesiánica, aglutinadora con cualquier populismo, del Obispo presidente, difícilmente servirá para futuras “alternancias” o salvaciones.

Lo que resulta difícil de entender, en el tembladeral de intenso canibalismo, es qué pasa con el Partido Liberal. No se percibe que pueda orientar políticas de largo plazo, de interés común para todos sus sectores, que se desarrollen en beneficio de las ideas y principios rectores del liberalismo. Lo que se ve y preocupa es que los liberales actúan en la política general y dentro del gobierno en particular, más que como liberales que piensan la sociedad, el Estado y la República, como grupos y personas que subordinan todo a sus apetencias referidas al acceso y la permanencia en la función pública.

Es cierto que muchos liberales, al igual que quienes no lo son, proponen algunas cuestiones y desarrollan gestiones puntuales buenas y hasta importantes. La administración más honesta en ciertas reparticiones, la contención de exabruptos autocráticos y la exigencia de rendición de cuentas políticas, son en sí mismas meritorias. Pero la obstinación en no contribuir con nada consistente en relación a las causas estructurales de los males de fondo, es la deficiencia que puede llegar a descalificarlos o hacerlos irrelevantes a la hora de opciones electorales que erróneamente se piensan aseguradas por fidelidades populares inconmovibles.

Tal vez sea la hora que los altos dirigentes liberales comiencen a discutir, diseñar y proponer políticas que permitan orientar las profundas reformas que se requieren, algo más que las pequeñeces de la cantinela del cambio. Tienen que encarar con rigor las causas de nuestra dramática deserción de viabilidad en el mundo moderno. De no hacerlo, no podrán quejarse si “el modelo paraguayo” del siglo XXI se concreta prescindiendo de las contribuciones que a la humanidad aportó el bagaje filosófico, doctrinario e ideológico que representan en este valle de lágrimas.

Asunción, 3 de mayo de 2009 

 

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