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SERÁ LA HORA DE LA REBELIÓN |
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Adolfo
Ferreiro
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La banda criminal que controla para el saqueo inmisericorde la Municipalidad de Asunción proyecta un nuevo engendro. Anuncia que cobrará peaje a micros, automovilistas, motoqueiros, taxistas y camioneros que entren a Asunción, todo con el pretexto de recaudar más dinero para arreglar la ciudad que hicieron pedazos, se destartala en el caos y sufre la violencia de las gavillas de funcionarios y agentes del municipio que esquilman sin contención a vecinos y visitantes. Lo que roba la banda, integrada por altos funcionarios y concejales de variados colores partidarios, se estima en cifras multimillonarias: la extorsión, con secuestros exprés denunciados hasta por turistas, que practica la Policía Municipal de Tránsito, se calcula produce dos mil quinientos millones de guaraníes anuales. Dejar ingresar a la ciudad a camiones, buses y automovilistas, la suma diaria de sesenta millones de guaraníes. El diezmo no registrado que se impone a los trabajadores de los mercados fue calculado en cuatro mil millones de guaraníes al año. Las coimas al comercio, para liberarlo de inspecciones por todo lo imaginable, brindan otros mil millones. Eso sin contar la enorme cantidad de coimas y sobreprecios grotescos como los millones que se gastan en pintar los letreros en las calles cada tanto, agregando el nombre a los apellidos de las celebridades que memoran, o hacer la vista gorda a la ocupación de las veredas céntricas para estacionamiento privado, como la que privilegia a los propietarios del edificio Sudamérica en Iturbe y Manuel Domínguez, a media cuadra de la sede del P.L.R.A., cuyos dirigentes “no ven”, al igual que todos los de los demás partidos. Ni qué decir de la “inspección vehicular” que cuesta sus buenos pesos y que obliga a los que tienen que renovar la patente a repararlos para que apenas pasada la inspección sus automóviles vuelvan a deteriorarse por el estado calamitoso de calles con pavimentos destrozados y baches monumentales. Y si la burla fuera poca, inspectores facinerosos labran actas fraudulentas en las que consignan infracciones verificadas con la presencia de propietarios fallecidos dos décadas antes. Ahora la banda quiere establecer un peaje para los que entran a Asunción. Lo que en realidad está montando es un nuevo negociado para comprar algún aparato electrónico de control por el que cobrarán coima de bulto y crear las condiciones para esquilmar a los que dejen pasar. Como todo, será para que una parte del dinero vaya al barril sin fondo del presupuesto atiborrado de salarios y gastos de la burocracia parasitaria, sobredimensionada e incompetente, producto del clientelismo, el prebendarismo y el financiamiento de la operación política. La otra porción irá a engordar “la caja negra” desde donde diariamente se distribuye la renta de los negocios mafiosos. La impunidad que gozan los delincuentes que gobiernan la Municipalidad de Asunción tiene explicación: dada su magnitud y escala, solamente es posible porque existe un pacto hermético entre los políticos para que se pueda robar sin contención en el ámbito municipal, porque todos participan del botín. El torrente de plata robada en Asunción y en casi todos los municipios, alimenta de dinero sucio los niveles más hediondos de la política corrompida: sostiene el multimillonario costo de la legión de operadores de todos los partidos y casi todos los dirigentes. Paga el prebendarismo y el clientelismo. Si la investigación sociológica se ocupara de este fenómeno, quienes lo hicieran y publicaran podrían ganar algún premio internacional. Es notorio que en temporada de propuestas espectaculares de cambio y moralización en la gestión pública, no hay partido, diputado, senador, candidato a lo que sea, que hable del tema, aunque el tema es harto grave. Es la putrefacción de lo que en algún momento se quiso la base del sistema democrático, es decir, la democracia municipal. Tal vez por su voracidad e inmoralidad los políticos seguirán fieles al pacto de robar todo lo que se pueda en los municipios, por lo que no resta sino esperar que en algún momento la ciudadanía no soporte más y termine en una descomunal rebelión contra las bandas de ladrones e ineptos que gobiernan Asunción y casi todos los municipios del país. Asunción, 3 de agosto de 2.008
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