GASOIL A 6.000


Adolfo Ferreiro 
Abogado

                                                              

Adolfo Ferreiro

    La advertencia del futuro Ministro de Industria y Comercio de que el precio (no el costo como mal se dice) del gasoil sería de seis mil guaraníes por litro es alentadora. No porque un insumo básico será más caro, sino porque anuncia que la comercialización de combustibles derivados del petróleo se tratará con mayor racionalidad, sinceridad y honradez que hasta ahora. Especialmente en lo relacionado a los fuertes subsidios y perversos impuestos que son las herramientas que, so pretexto del “bien común”, causan tanto daño a la economía y a diversas cuestiones que son su efecto.
    A nadie escapa que los precios internacionales del petróleo condicionan, con las cargas tributarias y operativas, los de sus derivados. Eso hace que cuando se quiere que los precios al consumidor sean inferiores a los que normalmente tienen que ser, en el sistema de comercialización se produzcan pérdidas que alguien tiene que pagar.
    Más concretamente, el pago de los aumentos solamente pueden darse de dos maneras: por quienes compran el producto final o por el gobierno con el dinero que obtiene u obtendrá de los tributos, según pague al contado o contraiga deudas que cargará a los siguientes presupuestos.
    Por otra parte, están los impuestos al consumo de combustibles, que representan un componente significativo del precio final a los consumidores, al absurdo que a veces representan más que lo que aumentaría el precio que se quiere impedir que suba: una verdadera locura de la creatividad burocrática.
    Para alimentar la complejidad del problema, hay que sumarle a estas consideraciones la errónea pero persistente idea de que la nafta y el gasoil tienen usos diferentes, algo que si décadas atrás tuvo algún sentido, hoy la tecnología la ha superado. La idea de que el gasoil sirve para la agricultura, la producción y el transporte, es decir “el trabajo”, mientras que la nafta para el uso particular, el ocio y el lujo, sustenta la política actual de precios libres y altos impuestos para los ricos que usan nafta; subsidio y bajos impuestos para “los trabajadores, los agricultores y los pobres que andan en ómnibus”. Las consecuencias están a la vista: menos de la mitad del gasoil subsidiado y casi regalado se utiliza en la agricultura y el transporte público, el resto se obsequia generosamente a los millonarios con autos lujosos, a la falsa economía del parque de chatarra gasolera traída de Iquique, y los pobres y los pocos sensatos, consumen nafta cara. A más de eso, inmundicia e hediondez por el diesel artificialmente abaratado, que tuvo que concluir siendo de mala calidad para permitir otro de buena que se vende a mayor precio.
    Esta política de subsidios, impuestos privados de equidad y por lo tanto violatorios de la Constitución, trae el vicio de la corrupción, que consiste en que solamente el gobierno, a través de Petropar, pueda tener participación en el negocio del gasoil subsidiado, porque solamente el despilfarro del dinero público puede aguantar cuando se aniquilan las reglas elementales del mercado y el mercadeo. La destrucción estructural de nuestra economía, del parque automotor y del medio urbano, son un costo enorme que estamos pagando casi sin conciencia y es hora que desde las altas instancias de gobierno se den señales claras que se va a corregir tanta necedad. Por eso las palabras de Martín Heisecke son alentadoras.
    Sin duda soportaremos algunas consecuencias que disgustarán, pero los beneficios estructurales se percibirán muy pronto: recomposición del parque automotor privado, disminución de pérdidas descontroladas en los grandes números, reorientación de las tendencias habitacionales en función del costo del transporte público y privado, estímulo de utilización de energías alternativas disponibles, reducción de oportunidades de corrupción, potenciación de las actividades lícitas en la economía de mercado, etc. Entonces, si fuese conveniente subsidiar alguna actividad productiva o de servicio, podrá encontrarse mecanismos que objetivamente lo permitan y no el actual festival de irracionalidad, ilegalidad y despilfarro que caracteriza la política de combustibles derivados del petróleo.
    Bienvenido el uso de seso que se anuncia. Ojala cuente con apoyo político inteligente e indulgencia de los populistas de siempre.


Asunción, 06 de junio de 2.008 

 

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