EL COLAPSO MUNICIPAL

Artículo número 100 y su estrella

Adolfo Ferreiro 
Abogado

                                                              

Adolfo Ferreiro

No parece haber otras cosas de las que hablar que no sean corrupción, ineficiencia, mediocridad, cinismo y grotesco cuando se menciona a la actual administración municipal asunceña.

Sus altos funcionarios, de una u otra forma, están denunciados por quedarse impúdicamente con el dinero ajeno. Sus órganos, ya sean estos cuerpos de inspectores, técnicos edilicios, policías de tránsito o juzgados de faltas, operan como gavillas criminales, todo al amparo de una Intendente que oscila entre la esquizofrenia política y la oligofrenia administrativa, con un deterioro de imagen que se le nota en la cara, y una Junta Municipal entre indolente y delincuente, según convenga en cada caso.

Considerando los negociados evidentes y las denuncias de los menos notorios, puede calcularse sin riesgo a error significativo, en centenas de millones lo que se está robando en el ámbito de la administración municipal asuncena. Lo grave no es tanto lo que se roba porque, como son las cosas en el submundo que maneja las políticas municipales de los partidos políticos, hace rato sabemos que no puede ser sino así. Lo que escandaliza es el hermético pacto delincuencial que opera “transversalmente” a los partidos políticos –en el sentido que participan todos- y hace que la impunidad funcione merced un pacto de sangre, de los que las mafias más recalcitrantes acostumbran.

Hasta hoy, pese que la descomposición del sistema municipal es reconocida desde hace más que una década, ningún partido político ha hecho de lo municipal una cuestión política importante. Han acordado, todos, participar en esta cómplice inoperancia lucrativa y fingir preocupación de vez en vez, cuando alguno que otro insignificante concejal denuncia tal o cual medialuna mal comida o chorrerías de poca monta.

Asunción es apenas uno, el más grande pero uno, de los alrededor de doscientos municipios donde el festival de robo, corrupción, incapacidad insolente y destrucción multipartidariamente perpetrados, se desarrolla sin contención. La tragedia nacional no puede envidiar a sunamis y terremotos lejanos, como si lo que aquí ocurre con las ciudades, pueblos y tolderías no fuese peor.

Los nuevos aires que se pretende soplarán, serán enrarecidos si los partidos políticos no encaran seriamente el fracaso del sistema municipal paraguayo, que se quiso base de la democracia.

Esa base, está totalmente podrida. Si el nuevo régimen no entiende que no hay causa retórica que excuse seguir desatendiendo lo que ocurre, como muy cínicamente lo han hecho opositores y oficialistas, oficialistas y opositores, en todos los municipios, según quienes presiden el reparto, la época de “cambios hacia una democracia más profunda” no será sino ilusoria, porque la democracia municipal, es decir su cimiento, seguirá siendo la misma cloaca de la peor especie que pueden generar gobiernos locales de ladrones, ignorantes, ineptos y obsecuentes.

La cuestión no es fácil. El escenario municipal es más variado y dinámico que el de la política nacional. En los municipios no se vive la fantasía de que la alternancia es un paso decisivo para inaugurar buenos tiempos: hace rato que en muchos de ellos los colorados se fueron hace veinte años y hasta volvieron. Todas son administraciones “nuevas” donde todos comparten todo, hasta la pertenencia a bandas de delincuentes y, ni que decir, la incompetencia uniforme a la hora de pensar y gestionar lo urbano.

Por eso no hay que ilusionarse con que ahora algunas cabezas rueden o se revise tal o cual abultada billetera. Lo más probable es que sean meros escarceos para lucimiento de unos y reacomodo de todos. Los mafiosos de las municipalidades saben de gatopardismo más que de higiene. Tanto es así que ya están pergeñando, con el pretexto de disparatados efectos de la eventual reforma constitucional, prorrogar sus mandatos hasta el dos mil trece. Si no se procede a una intervención global del sistema municipal, las mafias que hoy lo controlan se adaptarán para seguir robando, que es lo único que saben y quieren hacer, y corromperán pronto a quienes necesiten hacerlo, porque la psicología y la práctica real de los partidos políticos no tienen ningún antídoto contra ese cáncer.

   


 

Asunción, 18 de mayo de 2.008 

 

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