HOY ELEGIMOS LOS PARAGUAYOS

Adolfo Ferreiro 
Abogado

                                                              

Adolfo Ferreiro

 

         Si quisiéramos imaginar cómo serán los próximos años, en consideración al gobierno y representaciones que tendremos desde el 15 de Agosto, lo obvio es esperar serenamente los resultados electorales de hoy.

         Es claro, aunque poco se dijo de ello en las campañas electorales, que cualquiera sea quien gane, su gestión tendrá mucho de continuación de lo que hasta ahora se vino haciendo. Podríamos imaginarnos cuáles serían algunas orientaciones previsibles o ineludibles del próximo gobierno, porque los gobiernos actúan y se ven limitados en sus actuaciones por condicionamientos sobre los que tienen poco o ningún control. Sería ingenuo pensar que el próximo gobierno podrá prescindir en sus políticas de los impactos, favorables o no, que causarán en ellas los precios del mercado internacional, las incidencias del clima, la tozudez o apertura de nuestros grandes vecinos, las limitaciones culturales que nos aquejan, la mediterraneidad del país, la disposición o no de recursos apropiados a nuevos condicionamientos globales, el desarrollo de los conflictos latentes o activos en el continente y así hasta el infinito. Menos aún de las condiciones buenas o malas que hereda de las gestiones anteriores.

 

         No obstante, algunas ideas podemos esbozar.

         Entre todos los problemas que tenemos para responder a los desafíos del futuro inmediato, hay dos que no podrán dejar de ser considerados como cuestiones políticas de ineludible tratamiento: la decadencia de la política y el retroceso en el proceso de construcción de las instituciones esenciales del Estado y la sociedad. Estos dos temas se ven estrechamente ligados, aunque sea por aquello de que en la política se diseñan, instalan y fortalecen o debilitan las instituciones.

         El precario tratamiento de estos problemas, de los cuales sólo hubo menciones superficiales y frívolas en las campañas de los candidatos, nos permite temer su consideración vacilante al principio y con el riesgo de imprimirse un rumbo que lleve a nuevos fracasos. Eso porque en el ámbito de la política no hay nada que permita esperar contribuciones suficientes al debate y propuestas que deben preceder y acompañar el desarrollo de las  soluciones que, a su vez, serán principalmente en el campo político.

 

         Tal vez el escollo más difícil que habrá de sortearse antes de comenzar a encarar la profunda reforma que lleve a recuperar niveles mínimos de calidad en la política y al reinicio del proceso de construcción de instituciones republicanas y democráticas, es que las dirigencias y liderazgos partidarios e intelectuales asuman responsablemente sus errores, comunes a todos los sectores y personas relevantes, lo que condujo a los resultados que hoy perciben pero que pretenden producidos sin su intervención decisiva, como realmente ocurrió.

 

         Si el nuevo gobierno promueve un ámbito de estudio y entendimiento en torno a los grandes temas, que tendrían que concluir en un proyecto consensuado de reforma constitucional y la formulación de políticas de estado de largo plazo, pasará a la historia como el promotor de la mejor iniciativa para que podamos salir de la frustrante situación a la que nos condujo la pérdida de la calidad de la política y al freno del proceso de construcción de las instituciones imprescindibles para un Paraguay moderno, republicano y democrático con sólidos cimientos.

         Hoy debemos ir a elegir en paz y aceptar los resultados tan serena y maduramente como sea posible.        

            

Asunción, 20 de abril de 2.008 

 

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