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Líder
carismático es aquel que posee descollantes cualidades personales,
“un conjunto genérico de rasgos de carácter que le dan una
especial capacidad de convicción y dirección de gentes”. Para el
cristianismo, carisma es un don otorgado por el Espíritu Santo por
el que se adquieren poderes extraordinarios. Las cualidades que lo
distinguen son la iniciativa, la inteligencia emocional –o
lateral-, se le atribuyen dones de anticipación y de profetizar,
siempre “sabe lo que pasa o lo que se debe hacer”, demuestra
valor y entusiasmo, ambición sana, sagacidad, oportunidad, autoridad
natural y gran vitalidad física, capaz de grandes sacrificios y
esfuerzos y equilibro emocional. Transmite serenidad y tranquilidad a
su alrededor, propia de la majestad sencilla del dueño de sí.
Es
el líder nato, pues nace y desarrolla estas cualidades en forma
espontánea. Suele destacarse precozmente, ya en su grupo de
infancia, en la escuela, su grupo de jóvenes, jugando al fútbol, el
gremio, el sindicato o lo que sea que integre, lo cual va templando y
otorgando experiencia a su pensamiento y a su accionar. El propio
grupo lo elige para dirigirlo, pero también le pone límites que el
líder carismático aprende a respetar. Ejerce un poder paternalista
pero sabe ser comprensivo para los demás. Su liderazgo despierta
adhesiones emocionales intensas, y sabe interpretar y sintonizar los
deseos irracionales de la gente. Es amado, respetado y admirado, por
lo general. Aunque también es algo temido y su gente se mantiene a
una distancia admirativa hacia él. Sus seguidores suelen tejer
leyendas sobre sus cualidades y despiertan lealtades muy acusadas. Es
”el mejor” del grupo.
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Muy
esporádicamente, los Partidos cuentan con un líder carismático.
Depende de los rasgos de carácter psicológicos que posea el mismo,
para transformarse en un auténtico conductor o en un ególatra
autoritario. Su trato adecuado –o no- con el poder, determinará si
su liderazgo será útil para su partido y el país, o sólo lo
pondrá a su servicio personal, aunque proteste su desinterés
personal o su carencia de ambición.
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