LA VERDAD POLÍTICA

Andrés Flores Colombino

Médico psiquiatra y geriatra gerontólogo

Residente en Montevideo, Uruguay 

                                                              


 
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Product Details
  • Unknown Binding: 204 pages
  • Publisher: A&M Ediciones (1999)
  • Language: Spanish
  • ISBN-10: 9974759404
  • ISBN-13: 978-9974759404

Extraído del libro "El Animal Político – Psiquiatría y Poder."[1] (1999) - Cap. 11b "LA VERDAD POLÍTICA"
con permiso del Autor


  Pero la búsqueda de la verdad no es el objetivo de muchos inescrupulosos, sino sembrar la duda y medrar en consecuencia. Por eso no se puede jugar con el rumor. Nos interesa señalar que rumor también se define como “murmullo continuo y confuso de voces” o “sonido vago y constante”, pues revela que lo ininteligible de los mensajes que pueden contener los sonidos o voces, los convierte en algo diferente a una fresca y veraz información. El ruido es como la ceniza que dejó el fuego, o el trueno que anuncia la lluvia. No hay fuego ni agua, pero sus prolegómenos o restos anuncian lo que habrá o hubo. Los rumores no son verdades, pero las anuncian como posibilidades, tratan de persuadir, de hacer compartir una creencia. De allí su fuerza.

 

  El chisme es también una información verdadera o falsa, que se difunde siempre para difamar a una persona o para malquistarla con otra. Los chismosos son, por eso, siempre maliciosos. Los chismes casi siempre utilizan la vía del rumor, pero el rumor no siempre es un chisme. Dado que la actividad política es conversada, se ejerce con la palabra, el discurso, el lenguaje. El rumor y el chisme son perversiones de esos instrumentos de comunicación. Más el chisme que el rumor, que puede ser anticipatorio de un hecho verdadero, por eso molesta o atrae, en forma ambivalente.

 

  Hay una cadena del rumor, en la que participan como eslabones muchas personas, por lo general. También hay personas especialistas en hacer correr un rumor con intenciones muy definidas, como decir que un político está enfermo de cáncer u otra enfermedad mortal, como el Sida, que tiene una amante o un amante, que es homosexual, que pertenece a grupos o logias secretas, que en su juventud militó en la extrema izquierda o en la extrema derecha, que fue agente de la CIA o de la KGB, o que trabajaba a sueldo de organizaciones extranjeras, que pronto será despedido de su cargo o que será trasladado en forma desdorosa. Todo ello para causar un perjuicio a la imagen del político. Pero también se puede correr el rumor de que fue el mejor de su promoción militar o profesional, que fue objeto de distinciones o condecoraciones, que cenó con el Presidente, que su esposa es prima del jefe, que tiene una novia o embarazó a alguien -si se sospecha sobre su homosexualidad-, que recibió llamadas de apoyo de personajes claves, que tiene en la manga un proyecto secreto, que está propuesto para un cargo jerárquico, etcétera. Y la intención de estos rumores es favorecer la imagen del protagonista.

 

  En la difusión del rumor se dan ciertas características que lo hacen peculiar. Primero, hay una dispersión de la información, lo que da lugar a que cada eslabón de la cadena interprete, haga comentarios, y agregue o censure y elimine partes de la versión, lo que hace del rumor una versión colectiva que trata de dar sentido a los hechos que no son del todo explicables. Por ejemplo, se esperaba una resolución que se posterga y se produjo otra diferente: el rumor que se genera en consecuencia, trata de entender y explicar porqué pasó esto y no lo otro. Es decir, es una respuesta a lo paradójico. Hace suponer intenciones aviesas, de doble vida, de algo oculto. La psiquiatría  considera al rumor como una enfermedad mental casi psicótica del cuerpo social. Si cunde la desconfianza, hay paranoia. Si cunde la credulidad, se es capaz de creer las fantasías más disparatadas, no se tiene juicio de realidad. Para el psicoanálisis el rumor se vincula con lo siniestro que a su ver permite liberar el instinto de muerte.

 

 ¿Cómo puede creerse lo que no  está confirmado? Porque hay confianza, buena fe depositada en la persona. Cuando recibimos una información de parte de un colega, amigo, compañero, correligionario, pariente, no necesitamos verificarlo: lo dijo alguien que nos merece confianza. Esas son las reglas de la vida social, no es común que se dude de todo.  En cambio, cuando desconfiamos de alguien o ya nos defraudó o mintió con anterioridad, no recibimos ni repetimos  el rumor, la cadena se corta.  En todo caso se comenta: “Si lo dijo Fulano, exageró en un 50 o 70 %, o en un 100%”. “Yo a éste no le creo nada”.

 

  A veces se crean las noticias, como vimos. Otras, se las manipula deliberadamente, deformándolas. “El rumor es el mercado negro de la información” dijo alguien. En el Paraguay se lo llama en español-guaraní “radio so-ó”, o radio trucha, falsa, que es un verdadero contrapoder. Los periódicos sensacionalistas tienen su sección muy leída, con nombres tales como “Hablando bajo”, “La trastienda”, “Lo que se dice”, “Los corrillos” y otros títulos sugestivos. Para esta sección, lo positivo no posee valor de intercambio. Lo paradójico y escandaloso sí, lo que da color y contraste a la vida política por ejemplo. Por eso se despiertan quejas amargas de parte de los políticos de gobierno, de que sus logros y obras sean poco consideradas y reconocidas, y más bien estén bajo sospecha de corrupción, malversación, abuso de influencias. Esas sí son noticias que venden, y lo son más si los acusados son famosos, “peces gordos”.

 

  El honor, la reputación y las posibilidades de éxito político, a veces dependen casi totalmente de la eficacia de los rumores en el mundo político y entre la población. Lo peor es que nadie es responsable de los rumores, pues si se pudiera seguir la cadena del rumor –improbable- la conclusión suele ser otro rumor sobre su origen. “Esto es obra de los bolches”. “Es una maniobra de los radicales”, “Es una manipulación de la mafia, de la rosca, de la multinacional”, o “Detrás está la mano del Presidente” quien en definitiva es el que paga los platos rotos, en cualquier institución o país.  Pero es aun peor desmentir un rumor por escrito o por una solicitada. Los que no estaban enterados, lo leen y dicen: “Mirá... quien diría”, y se reaviva el rumor. El remedio empeora la enfermedad. ¿La solución? Hacer que se transforme en noticia. Mientras no lo sea, el rumor sigue operando impune. Y como decimos los médicos: con la enfermedad crónica no hay más remedio que aprender a convivir.

 

 

   


[1] INTRODUCCIÓN DEL AUTOR.   Este trabajo pretende ser un estudio psicosocial de la política como ciencia, arte y ética, y de los políticos como los individuos que practican esta actividad de enorme trascendencia para las sociedades y cada uno de sus integrantes.

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